Compartir

Juan Carlos Rodríguez

jcrodriguez@ejecentral.com.m

En Florida, la industria lechera es una tradición familiar. Las 130 plantas que hoy tienen al estado como el principal productor de lácteos en el sureste de Estados Unidos se originaron a principios del siglo XX con pequeñas granjas que manejaban los bisabuelos de quienes hoy son prósperos empresarios.

Los Austin, los Bennink, los Henderson, los McClellan y los Rucks son algunas de las familias que han construido su riqueza gracias al arduo trabajo de generaciones. Actualmente poseen unas 125 mil vacas y producen más de mil millones de litros de leche al año. Y la bonanza podría continuar, de no ser por los conflictos políticos.

›La industria lechera de Florida está asentada en los condados que más votos dieron a Donald Trump en las elecciones de 2016 y, al mismo tiempo, tienen a México como el tercer mejor cliente de sus productos a escala mundial.

Es decir, los granjeros de Florida son candidatos a represalias en caso de que Trump cumpla su promesa de elevar aranceles y México decida, en respuesta, cancelar compras o elevar tarifas a mercancías que se producen en los bastiones del republicano con el objetivo de erosionar su base electoral. Todo depende de lo que ocurra en los próximos 45 días, plazo que dio el gobierno de Trump para que México frene el flujo de migrantes centroamericanos que cruzan por México para llegar a suelo estadounidense. De no ser así, Estados Unidos impondrá tarifas y México, entonces, tendrá que armar la lista de productos que, a través de aranceles o suspensión de compras, golpeen a los productores y consumidores que simpatizan con el jefe de la Casa Blanca.

“Hay que pisarle los callos políticos a Trump”, afirmó el expresidente Felipe Calderón Hinojosa, quien durante su gobierno aplicó “medidas retaliatorias”, como le llama él al acto de tomar represalias cuando la contraparte, en este caso Estados Unidos, emprende medidas unilaterales, abusivas y contrarias al libre comercio.

“Cuando un país impone arbitrariamente aranceles contra alguno de sus socios, la parte afectada tiene todo el derecho de poner sus propios aranceles a productos del otro país, sin ser penalizado, pues se trata de medidas absolutamente legales. Los tratados de libre comercio establecen la manera de cómo resolver las controversias y determinar si un arancel es válido o no; sin embargo, mientras el caso se dirime, el país afectado puede responder con sus propias tarifas”, dijo Calderón.

El siguiente mapa muestra los condados donde Donald Trump obtuvo la mayor cantidad de votos en las elecciones de 2016 y, al mismo tiempo, señala las mercancías de las que México es uno de los principales consumidores, lo que los convierte en blanco de posibles represalias.

Coloca el curso en los puntos rojos y descubre información

»

“Las medidas retaliatorias son un instrumento que sirve para evitar los abusos de una parte sobre la otra. En este caso hay claramente un abuso por parte del gobierno de Trump sobre México que no está siendo respondido en términos comerciales, desgraciadamente”, explicó Calderón en entrevista con ejecentral.

En este escenario, Florida es el segundo estado que más votos dio al presidente republicano, después de Texas, con 4.6 millones de sufragios, con lo que obtuvo 29 de los 270 votos electorales que se necesitan para ser presidente de Estados Unidos.

Los condados de Florida donde Trump obtuvo sus mayores victorias son Pinellas (239 mil 201 votos), Duval (211mil 672) Sotavento (191 mil 551) Brevard (181 mil 848) y Polk (157mil 430). La mayor parte de las granjas lecheras se encuentran en los condados de Jackson y Okeechobee, donde el magnate ganó por amplia ventaja.

De acuerdo con el Departamento de Comercio de Estados Unidos, las exportaciones de Florida a México ascienden a tres mil 81 millones de dólares al año y 290 mil 200 empleos en el estado dependen del comercio con México. La leche y sus derivados son el séptimo renglón de productos que más se exportan a México, con ventas que en 2017 alcanzaron los 71 millones de dólares.

Las tres guerras de México

El economista Luis de la Calle precisó a ejecentral que las represalias comerciales son un instrumento legítimo que México ha utilizado en diversas ocasiones, siempre con buenos resultados, pues han obligado al gobierno de Estados Unidos a retirar tarifas injustas; aunque aclaró que su éxito depende de utilizarlas con precisión quirúrgica.

La primera vez que México aplicó aranceles retaliatorios contra Estados Unidos fue en diciembre 1996, durante la gestión de los presidentes Ernesto Zedillo y Bill Clinton, cuando Washington aplicó impuestos a las escobas mexicanas. En respuesta, México fijó aranceles a vidrio, muebles de madera, muebles de oficina, vinos, fructosa y cuadernos. 

›En menos de seis meses Estado Unidos retiró los impuestos debido a la afectación que estaban sufriendo los fabricantes norteamericanos.

La segunda vez que México contraatacó a su vecino del norte fue en 2011, a finales del sexenio de Felipe Calderón, cuando el gobierno de Barack Obama firmó una ley que dejó sin recursos el programa para el ingreso recíproco de camiones de carga.

Esa vez la ofensiva fue más amplia, pues el gobierno mexicano seleccionó 89 productos —53 industriales y 36 agrícolas— provenientes de 40 estados de la Unión Americana. La lista de represalias se elaboró con el objetivo de maximizar el impacto en los estados de donde eran originarios los legisladores o miembros de la administración que podrían tener influencia en el proceso de toma de decisión.

En la mitad de los productos seleccionados (43), las exportaciones de Estados Unidos a México representaban más de 10% de las ventas de esos productos al mundo. En otros casos, el mercado mexicano era aún más más importante, como era el caso de las peras (cuatro de cada 10 toneladas que exportaba Estados Unidos), hilados de fibras artificiales (nueve de cada 10 unidades) y árboles de Navidad (90% de las exportaciones de California y 70% de las exportaciones de Oregon, ambos con predominio demócrata).

El valor de las importaciones de los productos castigados fue de 2 mil 400 millones de dólares de aquel entonces. De acuerdo con los cálculos de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, como consecuencia de las medidas de represalia de México se perdieron 25 mil 600 empleos estadounidenses.

Y, finalmente, la tercera vez que México contestó a las agresiones de su vecino fue en junio de 2018, ya con Trump en la presidencia y con Peña Nieto en la recta final de su mandato. Ante la imposición de tarifas a la importación de acero y aluminio, el gobierno mexicano publicó una lista de productos sobre la cual impondría aranceles, entre los cuales destacaban láminas de acero y tubería, lámparas, embutidos, chuletas de cerdo y salchichas, bayas, uvas, manzanas y quesos, lo cual habría afectado la economía de los estados del medio oeste de Estados Unidos, donde Trump tiene su mayor arrastre electoral.

Lo que hace el presidente Trump es bullying. ¿Y qué mensaje está dando el gobierno mexicano ante el buleador que nos está agrediendo? Nos está diciendo: ‘no le voy a contestar, porque qué tal si me pega’.¡Oye, pues si ya te está pegando! ¡Contéstale!”:  Felipe Calderón, expresidente

Al final, las medidas no se aplicaron porque el propio republicano retiró los aranceles a México y Canadá, pues ya se le había abierto un frente de guerra comercial con China.

Asesor en el diseño, promoción e implementación del Tratado de Libre Comercio para América del Norte, Luis de la Calle señala que para “pisarle los callos” al gobierno de Trump es preciso tener en cuenta tres criterios:

“El más importante es que México debe tomar represalias siempre con el objetivo de que Estados Unidos quite sus aranceles, por lo que se requiere una precisión quirúrgica en el sentido de escoger bien el sector y la región del país que se quiere afectar. El segundo criterio consiste en no tomar represalias para proteger una industria en México, pues eso dificultaría el levantamiento de la acción. Y tercero: las represalias deben ser temporales para que puedas utilizar el llamado ‘sistema de carrusel’, que consiste en escoger ciertos productos y, si no funcionan en seis meses o un año, cambias y escoges otros, lo que te permite maximizar el cabildeo político en Estados Unidos”.

Trump, el buleador

Como capitán del equipo que en 2011 emprendió la mayor ofensiva comercial contra Estados Unidos, Felipe Calderón recordó que por aquellos días todo su gabinete se dedicó a buscar dónde afectar productos norteamericanos que tuvieran implicaciones políticas; es decir, si había congresistas o gobernadores republicanos que dependían fuertemente de un producto específico o de una zona en especial, pues la idea es no perjudicar todo el comercio.

“Hoy le compramos a Estados Unidos alrededor de 250 mil millones de dólares al año en mercancías, bueno pues las medidas retaliatorias afectaron unos tres mil millones de dólares actuales, no era mucho, pero fue puro tiro de precisión”, relató el expresidente.

“Por ejemplo: no gravábamos las manzanas en general —que pudimos haberlo hecho para todo el estado de Washington— pero nos dimos cuenta que había una fábrica que producía manzanas deshidratadas de la marca tal, que patrocinaba al congresista Fulano de Tal. La salsa cátsup era otra: había dos o tres marcas que estaban directamente vinculadas a las carreras de actores políticos. Y sobre esas nos fuimos”, recordó.

Al referirse a las negociaciones que el canciller Marcelo Ebrard encabezó la semana pasada en Washington para frenar los aranceles que Trump amagaba con imponer a todas las exportaciones mexicanas, Calderón consideró que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador debe ser más enérgico y hacer valer que el mercado nacional es fundamental para la economía estadounidense.

“Lo que hace el presidente Trump es bullying. ¿Y qué mensaje está dando el gobierno mexicano ante el buleador que nos está agrediendo y no le respondemos? Nos está diciendo: ‘no le voy a contestar, porque qué tal si me pega’. ¡Oye, pues sí ya te está pegando! ¡Contéstale! México tiene con qué pegar y ya vimos que funciona”, afirmó el exmandatario.

Además de las medidas retaliatorias (del inglés retaliation, que significa represalia, venganza o desquite), Calderón propuso desplegar una campaña masiva en Estados Unidos para informar a los consumidores que las decisiones de Trump en materia comercial están encareciendo su nivel de vida.

“Se debe invertir en una gran campaña para decirle a los consumidores: ‘Oiga, señora, este jitomate que tanto le gusta viene de México, que exporta 86% de los jitomates de Estados Unidos; y con las medidas que está tomando el señor Trump va a provocar que en lugar de costarle un dólar la pieza, pues le va a costar un dólar y medio. 

“Las exportaciones de verduras de México a Estados Unidos son abrumadoras, son una pieza fundamental en la alimentación de los americanos. El poder que tienen los productos mexicanos sobre los consumidores en Estados Unidos es un poder que no se usa, y que se tiene que usar estratégicamente”, enfatizó el expresidente. 

Beatriz Leycegui, experta en comercio internacional, dijo a ejecentral que la selección de productos estadunidenses para imponerles impuestos o cancelar compras no debe ser arbitraria.

Encargada las relaciones comerciales de México con el mundo, la negociación de acuerdos comerciales internacionales y los litigios comerciales durante el gobierno de Calderón, Leycegui apuntó que la lista debe regirse por tres principios: que los productos provengan de estados estratégicos de Estados Unidos, cuyas exportaciones a México representen un porcentaje importante respecto a lo que venden a México; en la medida de lo posible, que no sean insumos que afecten las cadenas productivas mexicanas, y que los productos no tengan efectos significativos en los precios de la canasta básica.

En este contexto, las regiones susceptibles de las represalias mexicanas son el norte de Texas (sobre todo la zona metropolitana de Dallas); el centro de Arizona (especialmente el condado de Maricopa); el norte de Georgia (en particular la zona metropolitana de Atlanta); el norte de Alabama (con énfasis en los alrededores de Birmingham), Tennessee, las Carolinas, Kentucky, Montana, Illinois, Ohio, Michigan y Pennsylvania. 

Compartir