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Homenaje libertario

Luciano Pascoe | Jueves 6 de octubre, 2016

CUARTO DE GUERRA | La columna de Luciano Pascoe

 

Por decisión propia, Luis González de Alba dejó de existir el pasado 2 de octubre. Esa misma fecha de hace 48 años, Luis fue apresado, llevado al campo militar y luego recluido por tres años en Lecumberri.

 

Él fue un preso político. Él fue un impulsor del reconocimiento de derechos de la comunidad LGBT. Él fue lo que quiso ser.

 

Aunque incansable divulgador de la ciencia, Luis será recordado por la coherencia en que vivió. En sus textos siempre habló de primera mano y, cuando había algo que él no hubiera visto, así lo hacía saber; por eso en su última editorial denunció el plagio de su historia.

 

Cuando muere alguien como Luis González de Alba hay reacciones de distintos tipos. Los hay quienes reconocen y lamentan el deceso; quienes deciden ignorarlo y pretender que nunca existió; y quienes analizan el vacío que deja el silencio de esa voz en la inteligencia colectiva; pocos dejan un hueco en el pensamiento mexicano como él.

 

Las luchas de González de Alba siempre fueron congruentes con los principios de la izquierda y, así, la suya fue de las primeras y más críticas voces que exhibieron a Andrés Manuel López Obrador como el conservador que siempre ha sido.

 

Habiendo sido el primero con autoridad moral en rechazar la prédica del dueño del partido Morena, sus críticas nunca fueron bien recibidas por los falsos progresistas que se anuncian como izquierda.

 

Ni en la muerte de sus críticos los mezquinos dejan de serlo. El silencio de López Obrador, de Morena y La Jornada muestran que no saben nutrirse de la pluralidad, no pueden convivir con opiniones distintas a su pensamiento y no permiten la diversidad de visiones que discrepan con la suya.

 

La discrepancia es fundamental en la izquierda crítica, la que tiene futuro. La izquierda moderna debe escuchar y apreciar la disidencia y las voces que contribuyen a hacerla mejor; el pensamiento crítico ha perdido a un gran hombre.

 

En honor a quien salvó la vida de decenas de personas a costa de la suya, la medalla Belisario Domínguez debiese ser entregada de forma póstuma a Gonzalo Rivas; hoy me uno a la carta abierta que escribió Luis González de Alba para pedirla el 25 de septiembre de este año.