Simón Vargas

Hago un llamado para que se busquen los modos para terminar con el narcotráfico que lo único que hace es sembrar muerte por doquier truncando tantas esperanzas y destruyendo tantas familias». Papa Francisco

Durante los 12 años más recientes de la historia de México, el país ha tenido que aprender a vivir con el dolor; poco a poco las noticias referentes a enfrentamientos, balaceras, desapariciones forzadas o simplemente el cierre de negocios a causa del cobro de derecho de piso por parte del crimen organizado, son hechos que se convirtieron en una crónica de la vida de los mexicanos.

A diario en los medios de comunicación, en las series de televisión o en el cine fuimos testigos de historias en las que la gente tuvo que abandonar su vida para ir en búsqueda de sus familiares desaparecidos, de periodistas que no aceptaron un soborno por parte del crimen organizado y fueron asesinados a quema ropa o de niños que quedaron huérfanos, siendo reclutados y utilizados como halcones para servir a los cárteles del narcotráfico.

En este contexto, los mexicanos fuimos testigos de cómo el 2018 se convirtió en el año más violento; de hecho, datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) registraron 34 mil 202 personas asesinadas (incluyendo víctimas de homicidio doloso y feminicidios); asimismo, los homicidios se incrementaron en 24 de las 32 entidades federativas, destacando Guanajuato, Quintana Roo y Jalisco.

Al respecto, la consultora Insight Crime destaca que México alberga las organizaciones criminales más grandes, sofisticadas y violentas del hemisferio occidental, añadiendo que la proximidad de nuestro país a Estados Unidos, las hace convertirse en una amenaza regional, ya que sus redes se extienden desde Argentina hasta Canadá.

Por su parte, en la Evaluación Nacional de Amenaza de Drogas 2018, la Administración para el Control de Drogas (DEA) coincide en que “los cárteles mexicanos son la más grande amenaza criminal para Estados Unidos” ya que ningún otro grupo está en posición de desafiarles el control del tráfico de drogas.

Y es que, mientras en nuestro país, la violencia cobra la vida de miles de connacionales; en Estados Unidos, desde 2011, las sobredosis por el consumo de drogas se convirtieron en la primera causa de muerte, incluso por encima de los fallecimientos relacionados con armas de fuego, accidentes automovilísticos, suicidios y homicidios, lo anterior derivado de que el tráfico de opioides, metanfetamina, cocaína y otras sustancias psicoactivas continúa siendo un reto para la seguridad y la salud pública; incluso la DEA destaca que en 2017, los decomisos de opiáceos sintéticos aumentaron en 135 por ciento. Además, entre 2016 y 2017, las organizaciones criminales mexicanas incrementaron la producción de heroína en 37 por ciento, convirtiendo a nuestro país en la principal fuente para Estados Unidos.

Por lo que, gracias a las ganancias generadas, estos grupos siguen teniendo el control de los diversos corredores de contrabando a lo largo de la frontera con Estados Unidos; de hecho, la DEA afirma que los cárteles continúan expandiendo su influencia criminal gracias a las alianzas que construyen y fortalecen con pandillas y con organizaciones asiáticas dedicadas al lavado de dinero.

Aunado a esto, el análisis de la DEA detalla que -actualmente- son seis cárteles los responsables del contrabando de droga hacia Estados Unidos: el Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación, el Cártel de Juárez, el Cártel del Golfo, Los Zetas y el Cártel de los Beltrán Leyva.

De éstos, el Cártel de Sinaloa, liderado por el Mayo Zambada luego de la recaptura de Joaquín “El Chapo” Guzmán, personaje que está siendo juzgado en una corte federal de Brooklyn, continúa siendo la organización más poderosa y que cuenta con mayor expansión a nivel internacional, traficando y distribuyendo metanfetamina, cocaína, marihuana, heroína y fentanilo, manteniendo sus principales centros de actividad en Phoenix, Los Ángeles, Denver y Chicago.

El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) es una de las organizaciones más jóvenes que ha logrado expandirse de manera exponencial tanto en México como en Estados Unidos, lo anterior derivado de su forma violenta de actuar frente a sus rivales o frente a las fuerzas de seguridad, de acuerdo con la DEA, el CJNG cuenta con centros de distribución en Los Ángeles, Nueva York, Chicago y Atlanta.

Por su parte, el Cártel de Juárez ha incrementado el cultivo de opio en Chihuahua, el Cártel del Golfo se ha enfocado en el tráfico de marihuana y cocaína, mientras que Los Zetas han visto disminuido su control y se han escindido en dos grupos, contando con distribución en Laredo, Dallas y Nueva Orleáns. Por último, la organización de los Beltrán Leyva se atomizó y trabaja de la mano de grupos como los Guerreros Unidos.

Hoy, el combate al narcotráfico continúa siendo un problema compartido entre México y Estados Unidos, es por ello que se debe trabajar en el fortalecimiento de la seguridad en la frontera; pero esta política no debe regirse por el aislacionismo o por la construcción de muros; más bien debemos ser corresponsables para construir una agenda conjunta enfocada en el mejoramiento de los mecanismos de cooperación, de inteligencia y de intercambio de información para combatir las redes del crimen transnacional que no sólo inciden en el riesgo de vulnerar la seguridad nacional, sino que tienen un impacto directo en la agenda de afectaciones a la salud pública y en la fractura del tejido social.

*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación.

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