Foto: Saul Loeb/Cuartoscuro

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Hannah Seligson

Ivanka Trump es el fantasma de la investigación sobre Rusia del asesor especial Robert Mueller: está conectada, directa o tangencialmente con eventos en el corazón de la indagatoria, pero casi invisible para el público.

A medida que la investigación de Mueller se amplía, la llamada Primera Hija se convierte en una parte incompleta de la historia más grande de supuesta corrupción en la organización Trump. La semana pasada nos enteramos de que el FBI investiga el financiamiento y negociaciones sobre su participación en el Trump International Hotel and Tower en Vancouver, que tiene un spa de la marca Ivanka Trump. Esa investigación puede no estar relacionada con la que involucra a Rusia, pero debería motivar el escrutinio de los negocios de Ivanka y cómo se relacionan con el ascenso político de su padre.

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La prensa frecuentemente describe a Ivanka, quien recientemente negó toda connivencia entre la campaña de Donald Trump y los rusos, como la cabeza de una compañía de moda. Sin embargo, ella también era una ejecutiva de alto nivel en la Organización Trump y una negociadora muy exigente —y a menudo bastante efectiva— de la empresa de desarrollo inmobiliario. A pesar de su papel en la Casa Blanca y su estatus como una de las consejeras y emisarias más confiables de su padre en asuntos como el G-20 y las Olimpiadas de Invierno, su identidad cuidadosamente curada en redes sociales y la prensa, está ligada al emprendimiento femenino, la licencia por maternidad y su rol como madre de niños altamente instagrameables. Es una persona que hace que los medios tradicionales y el público sean en gran medida incapaces de considerarla un jugador clave en la narrativa Trump-Rusia.

La Primera Hija no sólo ha desarrollado algo de la calidad de teflón de su padre; el sexismo y los estereotipos de género también han funcionado a su favor. Después de todo, ¿quién sospecharía que una exmodelo, madre de tres hijos y defensora pública de las mujeres mueva las palancas del poder, tome decisiones y trabaje codo a codo con personas como Felix Sater, empresario ruso-estadounidense conocido por sus lazos con la mafia, preso por apuñalar a un hombre en una pelea en un bar?

La investigación de Mueller analiza las transacciones comerciales de Trump. Aunque no conocemos el alcance completo de la investigación, se informó que Ivanka estaba entre un puñado de personas con un rol en proyectos extranjeros en la Organización Trump.

Ivanka también parece haber estado presente, aunque brevemente, en una controvertida reunión a bordo del Air Force One en el vuelo de regreso de la cumbre del G-20 en julio, cuando el personal administrativo de Trump y el propio presidente redactaron una respuesta a las preguntas de los periodistas sobre una reunión con Natalia Veselnitskaya, una abogada vinculada al Kremlin, y el cabildero Rinat Akhmetshin. La declaración, ahora expuesta como un encubrimiento, dijo que la reunión se centró en la adopción rusa cuando realmente fue una conversación sobre información potencialmente dañina de Hillary Clinton. Ivanka, de acuerdo con el autor de Fire and Fury, Michael Wolff, asistió a la reunión en el Air Force One, un hecho que, según los informes, ahora es de interés para Mueller. El equipo de la Primera Hija le dijo a Wolff que abandonó rápidamente la reunión para “tomarse una pastilla e irse a dormir”, una línea de tiempo que funciona a favor de Ivanka, dándole lo que Wolff describe como un “pase para salir de la cárcel”.

En otros momentos, sin embargo, Ivanka ha estado indiscutiblemente más presente. Ella era una de las tres personas, junto con su esposo, Jared Kushner, y el asesor principal de Trump, Stephen Miller, a quien el presidente consultó antes de decidir despedir al entonces director del FBI, James Comey. Su motivo para alentar el derrocamiento de Comey, afirma Wolff, fue el miedo a su propia fortuna: Ivanka y Kushner fueron influenciados por el “pánico” del padre de Jared, Charlie Kushner, de que “las negociaciones de la familia Kushner fueran afectadas por la persecución de Trump”, a quien Wolff llama “Jarvanka” se convirtieron, según sus palabras, en “coconspiradores” en el despido de Comey, que está siendo investigado como una posible obstrucción a la justicia, una ofensa imputable.

Fue Ivanka quien abogó por Paul Manafort, el excabildero acusado por Mueller de 12 cargos de evasión de impuestos, cabildeo internacional y lavado de 75 millones de dólares en pagos como parte de una iniciativa prorrusa en Ucrania, así como nuevos cargos presentados el mes pasado.

›Según los informes, Ivanka imprimió la carta de presentación de Manafort y se la dio a su padre porque ella y Kushner pensaban que él “aportaría profesionalidad” a la campaña.

Ivanka también fue la defensora del exasesor de seguridad nacional de Trump, Michael Flynn. En una reunión del comité ejecutivo del equipo de transición de Trump en 2016, Ivanka le preguntó a Flynn: “General, ¿qué trabajo quiere?” “Fue como si la princesa Ivanka hubiera puesto la espada sobre los hombros de Flynn y le hubiera dicho: ‘Levántate y vete’”, escribió Jane Mayer en el New Yorker. (Flynn se declaró culpable en diciembre de mentir al FBI sobre sus conversaciones con funcionarios rusos y ahora está cooperando con Mueller).

También están los lazos de Ivanka con Felix Sater, quien ha presumido a los cuatro vientos sus conexiones con altos funcionarios rusos. Sater ahora se considera uno de los “mayores dolores de cabeza de la organización Trump en la investigación de Rusia” debido a una carta que escribió al abogado de Trump Michael Cohen en 2015, diciendo: “Nuestro muchacho puede ser presidente de Estados Unidos y podemos trabajarlo. Conseguiré que todo el equipo de Putin se involucre en esto, dirigiré este proceso”. Sater afirmó que había conseguido el financiamiento para construir la Trump Tower Moscow, un proyecto que nunca se consolidó y que supuestamente era clave para el apoyo del “equipo de Putin”. El rascacielos incluía planes para un spa de marca Ivanka.

ti2-WEBIvanka era tan cercana a Sater que viajó con él a Moscú en 2006. Sater afirma que hizo arreglos para que Ivanka se sentara en la silla de la oficina de Putin en el Kremlin. (Ivanka dijo al New York Times que pudo haberse sentado en la silla de Putin, pero “no lo recordaba”). Y Bayrock, la compañía donde Sater era director general, ayudó a financiar Trump SoHo, un proyecto de condominio y hotel en Manhattan que Ivanka supervisó. (Ella incluso estuvo a punto de ser acusada de fraude por inflar las cifras de ventas del edificio).

Esta serie de eventos y decisiones podrían ayudar a explicar por qué el exestratega jefe de la administración Trump, Steve Bannon, etiquetó a Ivanka y Kushner como “Tóxicos de Rusia”, según Wolff. El autor dice que esta fue la manera en que Bannon advirtió a sus colegas de la Casa Blanca que no hablaran con la pareja por temor a poner en peligro sus carreras al verse involucrados en la investigación de Mueller.

“¿Por qué él (Mueller) no ha entrevistado a Ivanka?”, preguntó el analista legal de CNN Michael Zeldin, un exfiscal que trabajó para Mueller en el Departamento de Justicia. “La respuesta es: ‘me supera’. O simplemente está esperando su momento o ha conseguido evidencia en otro lado y no la necesita, o anticipa la posibilidad de una gran erupción si lo hiciera”.

Ivanka puede tener una negación plausible cuando se trata de eventos como la infame reunión de Trump Tower en 2016 con Veselnitskaya, el abogado ruso, y Akhmetshin, el cabildero. La Primera Hija no asistió a la reunión, aunque podría haberse encontrado con los rusos cerca de los ascensores e intercambiar lo que se ha descrito como “bromas”. Pero una breve conversación con sombríos ciudadanos rusos es prueba insuficiente de confabulación con el Kremlin.

En los asuntos personales, la historia es diferente. Incluso una búsqueda superficial en Google habría revelado las conexiones de Paul Manafort con algunos de los cleptóptas más importantes del mundo y sus vínculos con Rusia, particularmente una relación comercial con el magnate del aluminio Oleg Deripaska, quien fue nombrado en un cable diplomático estadounidense como “entre los dos o tres oligarcas a los que Putin recurre regularmente”.

›En cuanto a Flynn, quien fungió como asesor de seguridad nacional de Trump por sólo 24 días, le dijo al equipo de transición antes de la inauguración que estaba bajo investigación federal por trabajar como cabildero  pagado para Turquía durante la campaña.

Defender a Manafort y Flynn no equivale a un crimen, pero sigue abierta la pregunta de por qué Ivanka ignoró las señales de alerta acerca de estos dos hombres. La respuesta infantilizante es que simplemente no sabe lo suficiente sobre el funcionamiento interno del gobierno y la responsabilidad penal para comprender que Flynn y Manafort planteaban amenazas inminentes a la campaña de su padre, su administración y la seguridad nacional. O podría ser que su juicio fuera desastrosamente pobre.

En su revisión del despido de Comey e intento a bordo del Air Force One de generar un recuento falso de la reunión en la Trump Tower, Wolff concluye que “todos en el lado de Jarvanka ahora estaban directamente conectados con las acciones involucradas en la investigación de Rusia o los esfuerzos para desviarlo, alterarlo o encubrirlo”. Sin embargo, reporteros de todo tipo le han dado a Ivanka un pase libre en asuntos relacionados con Rusia. Wolff es una minoría por enfocarse en el papel de Ivanka en el despido de Comey, que desencadenó el nombramiento de Mueller en primer lugar.

La ausencia de Ivanka de la cobertura ininterrumpida de la investigación de Rusia puede estar relacionada con su larga relación especial con la prensa dominante, sin mencionar a los sustitutos que se pasan horas hablando por teléfono con los reporteros que cuidan su imagen. Wolff afirma que Josh Raffel, vocero de Jared e Ivanka, “coordinó todas las filtraciones sustanciales sobre Kushner” y que la cultura filtrada en la Casa Blanca es tan “abierta” que “todos pudieron identificar las filtraciones de todos”. Es lógico que los reporteros, todos compitiendo por la próxima primicia, se resistan a poner en peligro su acceso a la intriga palaciega que hace que la Casa Blanca de Trump sea tan jugosa. Es por eso que, aunque los periodistas lo sugieren entre ellos, nadie dejará constancia de que Ivanka y su máquina de relaciones públicas son fuentes clave de chismes sobre la Casa Blanca y más. Como dijo un alto funcionario de la Casa Blanca a Wolff, Jared e Ivanka “son muy cuidadosos con su imagen y han creado esta personalidad, es como si alguien que intenta atravesarla o decir algo en contra de ella es un gran problema. Se molestan demasiado y te perseguirán”.

El resultado es que la prensa a menudo entrega un balance sobre distintos eventos a favor de Ivanka. Después del mitin de la supremacía blanca y la violencia subsiguiente en Charlottesville, el New York Times informó que Jared e Ivanka estaban instando a Donald Trump a “adoptar una postura más moderada”. Después de que Trump anunciara la prohibición militar transgénero, Ivanka dijo que acababa de enterarse a través de Twitter, distanciándose de la propuesta de política discriminatoria.

Cuando Drew Magary lo incluyó en un reportaje publicado en GQ titulado “Michael Wolff hizo lo que todos los demás periodistas de la Casa Blanca no pueden porque son demasiado cobardes”, Wolff quemó muchas de sus fuentes, mientras que el resto de los medios, escribe Magary, “se atienen a los acuerdos tradicionales que han existido durante mucho tiempo entre el gobierno y la prensa que lo cubre”. Mientras que Magary señala que Wolff “representa lo peor de la endogamia en el circuito de cócteles mediáticos de Nueva York”, los periodistas de principales por su trato preferencial a Ivanka. Eso le da un nuevo significado a “colusión”, uno que beneficia a la Primera Hija.

Traducción: Carlos Morales

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