Eduardo Penafiel

El pasado mes de noviembre se anunció un plan de movilidad para este sexenio centrado en el usuario, pero hasta ahora las dos notas más importantes han sido el eliminar las foto-multas para dar entrada a las “foto-cívicas” y el alza de impuestos para las aplicaciones de transporte, una acción poco justificada y mal manejada.

Además el estado de las calles, carreteras y de las vialidades en general es deplorable. Y con esto no me refiero solamente por donde transitan los automóviles, sino también lo referente a peatones, bicicletas y espacios designados al transporte público (estaciones, paradas, carriles). Es cierto que se han hecho esfuerzos importantes para aportar soluciones, pero estos se han concentrado en zonas o delegaciones que al volverse más populares con la llegada de nuevos negocios o inquilinos con buen poder adquisitivo, comienzan a arreglar las calles y espacios públicos para atraer clientes y mantener contentos a los inversionistas de la zona.

Este tipo de acciones impulsadas por gobiernos anteriores, descuidaron a un sector de la población que se concentra en zonas rurales y urbanas con un transporte público muy malo y deteriorado o que en muchos casos, ni siquiera cuentan con algún tipo de infraestructura o servicio de transporte para desplazarse. 

Es importante resaltar que en la Ciudad de México un 55% de la población se mueve en transporte público, mientras que solamente el 16% lo hace en automóvil. Esto significa que casi un 85% de la población no usa el automóvil para transportarse pero aun así, se sigue promoviendo o por lo menos beneficiando a quién sí lo utiliza.

El mes pasado la industria automotriz sufrió una caída en ventas por tercer mes consecutivo y se encuentra en su peor nivel de los últimos 4 años. Mientras en otros países se han tomado medidas drásticas por parte de las marcas para ofrecer mejores alternativas como automóviles híbridos y eléctricos más accesibles y con los gobiernos desarrollando o ejecutando planes para promover alternativas al automóvil, aquí la opción es ampliar la oferta de autos y ofrecer mejores planes de financiamiento para poner más vehículos de gasolina en las calles.

Esto es entendible cuando la industria automotriz es una de las principales fuentes de ingreso y de las que más aporta al crecimiento del PIB, pero el cambio es inevitable. No solamente es peligroso depender tanto de una industria tan cambiante sino que además las nuevas generaciones muestran poco interés en comprar un auto y han desequilibrado este mercado a nivel mundial por más de tres años, buscando constantemente alternativas más confiables, baratas, seguras y amigables con el medio ambiente.

No cabe duda que los patines eléctricos que están por toda la ciudad al igual que las nuevas compañías de bicicletas de pedal y eléctricas son buenas alternativas, pero hoy carecen de opciones seguras por donde circular y quienes las utilizan terminan optando por hacerlo arriba de las banquetas, poniendo en peligro a todos los que están a su alrededor.

Ahora, si vamos a culpar el uso del automóvil como uno de los factores principales que ocasionaron esta contingencia y además el hecho de limitar su uso como una de las principales soluciones, seamos mas coherentes. Mejor fomentemos de forma correcta las alternativas a través del uso responsable de las mismas utilizando un casco, presionando que se adecúen espacios y vías, exigiendo que se regulen y se cumplan las reglas y leyes de movilidad.

El esfuerzo colectivo es clave para fomentar un cambio, sobretodo cuando tenemos un gobierno que parece no tener una idea clara de hacia dónde se quiere mover para lograr un mejor futuro en temas de movilidad.

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