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Ryan Devereaux

Un nuevo informe afirma que los grupos humanitarios que trabajan a lo largo de la frontera con Estados Unidos han documentado la destrucción sistemática de miles de botellas de agua que dejan a los migrantes que viajan hacia el norte por el desierto, y que los agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos son los culpables.

Publicado hace unos días por los grupos No More Deaths y La Coalición de Derechos Humanos, ambos con sede en Tucson, Arizona, el informe afirma que de 2012 a 2015, en total tres mil 586 galones de agua fueron vandalizados. “Estas acciones condenan al sufrimiento, la muerte y la desaparición a los que cruzan la frontera”. Kate Morgan-Olsen, coordinadora de abogacía y documentación de abusos de No More Deaths, dijo que aunque el análisis sólo cubría hasta 2015, existen videos de 2017 de agentes de la Patrulla Fronteriza destruyendo y confiscando suministros de ayuda humanitaria.

Aunque No More Deaths y La Coalición de Derechos Humanos señalan que otros actores habitan algunas de las áreas donde se sabe que cruzan los migrantes —incluyendo cazadores y antinmigrantes armados— los grupos argumentan que su análisis de tres años de datos de mapeo, jurisdicciones de tierras y las temporadas de caza apoyan la conclusión de que buena parte del daño registrado fue perpetrado por agentes fronterizos.

“No afirmamos que la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos sea la única responsable por el vandalismo de los suministros de agua”, asegura el informe. “Sin embargo… dado el alcance de la destrucción, concluimos que los únicos actores con una presencia lo suficientemente grande y constante en un área tan amplia del desierto, durante los periodos en que la caza está autorizada y prohibida, son los agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos”.

Además del análisis de datos, los grupos humanitarios afirman haber recabado “abundantes pruebas anecdóticas de agentes de la Patrulla Fronteriza destruyendo y confiscando suministros humanitarios, incluyendo relatos de testigos presenciales de agentes derramando o destruyendo suministros de agua y cuatro ocasiones distintas cuando se grabó en video el vandalismo”. El informe agrega que las prácticas que documentó parecen estar muy extendidas. “La práctica de destrucción e interferencia con la ayuda no es un comportamiento atípico de unos pocos agentes de la patrulla fronteriza; es una característica sistémica de las prácticas de aplicación en las tierras fronterizas”, dijo.

Las prácticas de aplicación de leyes a lo largo de la frontera con Estados Unidos son un componente crítico del debate sobre la política migratoria que actualmente consume a Washington. Los defensores de una postura de inmigración de línea dura con frecuencia argumentan que la frontera es porosa e insegura, a pesar de que el Departamento de Seguridad Nacional dijo el año pasado que ahora es más difícil que nunca cruzar la frontera y entrar al país ilegalmente. Afirma que la disuasión, ya sea para dirigir los flujos de migrantes fuera de las áreas pobladas o exigir la detención y la deportación rápida tras su captura, es esencial para resolver el problema y salvar vidas.

Los críticos de este punto de vista, como No More Deaths y La Coalición de Derechos Humanos, argumentan que mientras existan motivaciones para migrar hacia el norte y no haya cambios significativos en el sistema de inmigración del país, las prácticas y políticas que giran abrumadoramente en torno a la disuasión y la aplicación de la ley elevarán los riesgos para aquellos que decidan hacer un viaje peligroso. Si esas prácticas incluyen la destrucción de los suministros de agua a lo largo de los senderos migratorios, agregan los grupos humanitarios, las consecuencias podrían ser mortales.

Según un informe de 2017, publicado en el New York Times, los más de seis mil cadáveres encontrados a lo largo de la frontera con México en los últimos 16 años exceden los porcentajes de muertes de los ataques del 11 de septiembre y el huracán Katrina combinados, y la cifra se considera una reflexión conservadora del número real de muertes que se han producido a lo largo de la división entre los dos países.

No More Deaths afirma haber dejado más de 31 mil galones de agua de 2012 a 2015, con más de 86% del agua consumida. “Este alto nivel de uso del agua subraya la necesidad urgente de acceso al agua en las zonas fronterizas”, señala el informe. “El objetivo de la ayuda humanitaria es salvar vidas, aliviar el sufrimiento y mantener la dignidad humana después o durante las crisis provocadas por el hombre y los desastres naturales. Se proporciona una respuesta a corto plazo destinada como medida provisional hasta que se brinde ayuda a largo plazo, la provisión de fuentes de agua de No More Deaths en
el desierto es una cuestión de soporte vital básico”.

Steve Passement, agente de la Patrulla Fronteriza, dijo que creía que los agentes presentados en los videos publicados por No More Deaths “ya han sido despedidos”. Si hay más evidencia de que existe un agente que destruye suministros humanitarios, agregó, a la Patrulla Fronteriza le gustaría verla. “Queremos ser capaces de identificar a ese agente y hacerlo responsables de esas acciones”, dijo. “La Patrulla Fronteriza no aprueba ni apoya esas acciones. ¿Te digo algo?, odiaría ser ese agente si lo atrapan haciendo esas cosas”.

Además de la destrucción de las botellas con agua para los migrantes, el informe también destaca lo que llama esfuerzos de la Patrulla Fronteriza para “intimidar, hostigar y vigilar rutinariamente a los voluntarios de ayuda humanitaria”. En junio, aproximadamente 30 agentes de la Patrulla Fronteriza bien armados rodearon e ingresaron un campamento No More Deaths cerca de Arivaca, Arizona, después de un tenso enfrentamiento de tres días, para arrestar a cuatro inmigrantes indocumentados que recibían tratamiento médico de voluntarios en el lugar. El grupo humanitario expresó su preocupación por las prácticas de vigilancia que la Patrulla Fronteriza empleaba para rastrear a los inmigrantes al campamento.

Estas “acciones crean una atmósfera de miedo y tensión en un lugar donde las personas heridas, enfermas y a menudo profundamente traumatizadas necesitan ayuda médica y respiro”, señaló el informe. “Los migrantes necesitados de atención médica pueden ser intimidados y disuadidos de buscar ayuda en el campo si creen que eso resultará en su arresto. Para ellos, esto significa continuar caminando en lugar de buscar ayuda, potencialmente en condiciones de deshidratación severa y lesiones o enfermedades no tratadas”.

Traducción: Carlos Morales

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