Jose Luis Camacho

Una Universidad cerrada representa una perdida irreparable para la nación. Desde el 1 de febrero pasado la Universidad Autónoma Metropolitana, que es la tercera institución universitaria más importante del país, ha mantenido cerradas sus puertas debido al emplazamiento a huelga que realizó el Sindicato Independiente de Trabajadores (SITUAM), que exige un aumento salarial de 20%, y la retabulación de personal de medio y parcial tiempo.

Sin embargo, las autoridades de la UAM no cuentan con el margen de maniobra para dar ese incremento, ya que sus recursos dependen de lo aprobado por la Cámara de Diputados en el Presupuesto de Egresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2019 y evidentemente, los diputados no contemplaban ese incremento en el salario de los trabajadores y académicos de la UAM.

Las negociaciones se encuentran en punto muerto, debido a que el Sindicato ha rechazado la propuesta límite de las autoridades universitarias, de aumentar 3.35% los sueldos y 4.28% las prestaciones.

Ante ello, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social no ha hecho un llamado para reanudar las pláticas conciliadoras.

Se trata, a todas luces, de una situación que no puede mantenerse. Resulta urgente que las partes lleguen a acuerdos y se reanude la labor académica de 60 mil alumnos y 3 mil profesores que se encuentran en sus casas, a la espera de que su Universidad sea reabierta.

Ello ha representado un tiempo perdido no sólo para quienes ya son alumnos universitarios, sino también para quienes aspiran a serlo, pues la convocatoria de nuevo ingreso ha tenido que ser pospuesta, dejando a miles de egresados del Bachillerato en el desamparo.

En repetidas ocasiones escuchamos al candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, declarar que “Vamos a serenar a México con trabajo, con educación, con justicia” y que “La política educativa le corresponde al Estado”. En ese sentido, resulta necesario que el Poder Ejecutivo Federal asuma el asunto de la UAM como una prioridad de Estado y no siga permitiendo que miles de jóvenes, específicamente los de menores ingresos, sigan sin clases y corran el riesgo de coartar su preparación profesional.

En un gobierno que abandera la educación como un área estratégica no se puede permitir que por un asunto que tiene solución, siga interrumpida la investigación, la docencia y la difusión.

La UAM, creada por el presidente Luis Echeverría Álvarez, es un baluarte de la educación superior para el área conurbada del Centro del país.

Como universitario, como profesor y como hijo de la escuela pública hago este respetuoso llamado.

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