Ricardo Antonio Sánchez Reyes Retana

“No soy ningún homofóbico ni intolerante. Simplemente expresé para que la gente conozca mi posición respecto del ‘yo no estoy de acuerdo con la legalización de la mariguana’, y también mi punto de vista personal respecto a que la familia es el eje, la familia tradicional, y que yo no estaría de acuerdo en todo caso con la adopción entre parejas del mismo sexo”, dijo Mikel Arriola, candidato del PRI al Gobierno de la Ciudad de México.

Si discriminar, violentar públicamente los derechos de la comunidad LGBTTTI y cierto derecho específico que le pertenece sólo a la mujer, no es intolerancia, la pregunta es: ¿qué es la intolerancia para el candidato Arriola?, quien pretende, en una tarea que se aprecia imposible, gobernar la CDMX.

Emitir un juicio de valor en este espacio respecto a lo que Mikel Arriola piensa sobre ciertos temas sí que es intolerancia, sin embargo, si cabe el análisis de sus conceptos cuando son vertidos en un cierre de campaña, dirigido a sus posibles electores y lo que podría parecer un objetivo de gobierno. 

Mikel Arriola, dueño de las célebres palabras que dan inicio a este artículo, propone que de ganar las elecciones, sometería a consulta pública el aborto, el matrimonio y la adopción entre parejas del mismo sexo.

Dichos temas son de gran controversia en nuestro país, pero de materializarse primero el triunfo en las urnas, posteriormente la consulta ciudadana, más allá de ir un paso adelante, sería retroceder cinco.

Dentro de la Constitución de la Ciudad de México, tanto las mujeres, como la comunidad LGBTTTI han adquirido derechos de los que Mikel Arriola no se ha enterado y que al “expresarse” con independencia de discriminarlos, vulnera una normatividad vigente, debido a que desde el 21 de diciembre de 2009, los matrimonios igualitarios fueron legalizados por la Asamblea Legislativa; normatividad que entró en vigor en marzo de 2010 y que en adición, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ya se pronunció en favor tanto del matrimonio, como de la adopción homoparental.

Aunado a todo lo anterior, me parece inaceptable que sólo por una aspiración política y con la finalidad de ganar más adeptos para obtener la gubernatura, un ser que dice que la familia será su prioridad, sea capaz de denigrar a ciertas comunidades con fundamentos realmente retrógradas que sólo serían entendibles cuando provienen de alguien que no está dispuesto al cambio, pero sobre todo, ignorante en relación a que el tema ya ha sido superado, constitucionalmente hablando.

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