Ricardo Antonio Sánchez Reyes Retana

Se utiliza el término “cortina de humo” para catalogar a ciertas acciones como distractores que ocultan un fin mayor. Chihuahua es “gobernada” por un operador mediático, quien habiendo sido evidenciado en múltiples ocasiones por su ineficaz gobierno, no tuvo otra salida que levantar una supuesta lucha mesiánica contra la corrupción, que atravesaría medio país, dejando de lado la deuda, los muertos, los secuestros y demás profundos problemas en su querida tierra.

De dotes histriónicos, Corral ha llenado sus discursos de morbo, de ataques contra la federación —y contra el que se le atraviese y no esté de acuerdo con su postura— satisfaciendo a una parte de la sociedad que parece vivir en los tiempos del circo romano. Armar escándalos es y será la mayor característica de este personaje que se ha autodenominado el líder anticorrupción en el país, el tiempo nos dirá si el hilo de sangre que lo siguió fue de la lengua que se mordió.

En Chihuahua una sociedad cada vez más lastimada, comienza a bajarse de este tren mediático en el que sin preguntarle la han subido. Entre quienes lo apoyan y quienes no, emerge una realidad que a Corral parece importarle muy poco, su calificación reprobatoria de 4.9 puntos como gobernador pareciera confirmar que mientras encabeza marchas, “su gente” como él la llama, se siente más y más abandonada.

En 2017, Chihuahua fue catalogada entre las entidades más afectadas por la inseguridad, costándole más de dos mil millones de pesos a empresas locales. ¿Dónde estaba el gobernador? Luchando contra molinos de viento en la Ciudad de México.  Mientras Javier Corral se coloca frente al cañón acusando a la Federación de un condicionamiento del recurso público a cambio de impunidad, los homicidios aumentaron 60% en su gestión, con masacres que implican más de 15 muertos y ni hablemos de los municipios de la Sierra Tarahumara, donde las autoridades estatales decretaron toques de queda por la aparición de células del crimen organizado.

En este punto, más de mil 500 homicidios colocan a Chihuahua en el tercer lugar a nivel nacional, obligando a gobiernos de otros países a poner en sus listas a ciudades como Chihuahua, Ciudad Juárez y Cuauhtémoc entre las más peligrosas, emitiendo alertas de viaje para sus ciudadanos. ¿Y Javier Corral? Sí, acertó, haciendo campaña en la Ciudad de México.

Mientras el caso de Mirsolava Breach lleva más de un año impune, Javier Corral busca atraer y agradar a los medios nacionales, siendo que en su propio estado no se garantizan los derechos a una libre expresión, catalogando de inverosímiles a quienes han acusado públicamente a los panistas involucrados en el caso.

Así de simple como también ignoró 65 homicidios cometidos en los primeros días del año y las fosas clandestinas de crímenes sin resolver por la inoperante Fiscalía General del estado.

No es en vano que la Federación le reclamara públicamente no haber transparentado el uso de cuatro mil mdp adicionales que le entregaron en 2017, mientras reclama los famosos 900 millones de pesos. Corral aprovecha, como siempre, la polvareda que levanta para ocultar debajo del tapete los rumores de corrupción que ya rodean a su gobierno.

Chihuahua se cae a pedazos. Nada es casualidad, ni las detenciones de funcionarios de la pasada administración, ni el servilismo del poder judicial y de las instituciones que deberían de buscar la justicia, mucho menos el escándalo y confrontación con la Federación. Todo ello responde al único interés del gobernador de Chihuahua, su venganza política y la preparación para lo que él piensa será su próximo objetivo: la Presidencia de la República.

@RSreyesretana

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