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Juan Carlos Rodríguez

›Diez horas tenía de ser Presidente y Andrés Manuel López Obrador comenzó a usar los símbolos como lenguaje distintivo del rompimiento con el pasado, las frases provocadoras que confrontan
a algunos y generan expectativas en otros, y también a pegar, cada día y en cada evento,
las piezas de su rompecabezas para tomar todas las riendas del poder

Andrés Manuel López Obrador venció a la mafia del poder, pero no ha conseguido derrotar a Guillermo del Toro ni a Hirving El Chucky Lozano.

Hasta ahora, los días más felices de 2018 para los mexicanos han sido el 4 de marzo, cuando el cineasta mexicano ganó el Oscar por mejor director y mejor película, y el 17 de junio, día en que México venció a Alemania en el Mundial de Rusia, con gol del delantero del PSV Eindhoven. En cambio, la Cuarta Transformación ha traído más pena que gloria.

Los cálculos del Inegi, que día a día mide el sentimiento de las conversaciones de los mexicanos en redes sociales, muestran que el día más amargo ha sido el 29 de octubre, cuando se dio a conocer la cancelación del aeropuerto de Texcoco, superando incluso la tristeza que causó la eliminación de México en la Copa del Mundo.

López Obrador recurrió a las señales, esos mensajes no verbales que se fijan en la mente y tienen el poder de ponerle sello al inicio de la era en que “la honestidad y la austeridad se conviertan en estilo de vida y en forma de gobierno”, según sus propias palabras.

La toma de posesión del tabasqueño, el 1 de diciembre, era la ocasión ideal para levantar el ánimo nacional.

Andrés Manuel López Obrador sabe que su retórica es penetrante y puede mover consciencias, pero tiene un defecto: no produce efectos instantáneos; no le iban a ser suficientes los discursos para declarar el fin de una época y el principio de una nueva. Algo debía cimbrar a la ciudadanía desde el día de su investidura como Presidente de la República, para que la abolición del neoliberalismo y el inicio de la Cuarta Transformación se sintiera en el ambiente y hasta se pudiera palpar.

Por eso, el nuevo mandatario recurrió a las señales, esos mensajes no verbales que se fijan en la mente y tienen el poder de ponerle sello al inicio de la era en que “la honestidad y la austeridad se conviertan en estilo de vida y en forma de gobierno”, según sus propias palabras.

Traspaso. AMLO se ciñe la banda en presencia de Muñoz Ledo y Peña Nieto. Foto: AFP

Traspaso. AMLO se ciñe la banda en presencia de Muñoz Ledo y Peña Nieto. Foto: AFP

Día 1

A las 10 de la mañana del 1 de diciembre, antes de que el tabasqueño llegara a la Cámara de Diputados para ceñirse la banda presidencial, los militares que resguardaban Los Pinos arrancaron las señalizaciones de “prohibido el paso” y abrieron las puertas a los ciudadanos.

“Bienvenido pueblo de México a Los Pinos”, se podía leer en los accesos del complejo que desde 1935 fue casa de la élite política.

Las imágenes compartidas a través de las redes sociales por los ciudadanos que ese día acudieron al recinto nos recordaron los videos transmitidos cuando fueron abiertas las casas de lujo del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte. La gente se admiraba, no sin rencor, de la sala de cine, la oficina presidencial, el búnker lleno de pantallas, las cortinas palaciegas, los enormes clósets y los cuadros del lugar que durante 84 años estuvo reservado para los mandatarios y sus familias.

Ese fue el primer golpe propagandístico del hombre de Macuspana.

Familias humildes llegadas incluso desde Acapulco, parejas de novios y hasta una que otra quinceañera caminaron por los pasillos del ahora llamado Conjunto Cultural de Los Pinos, cuando, a ocho kilómetros de distancia, a las 11:00 horas arribaba Enrique Peña Nieto, último inquilino de la residencia oficial, al recinto de San Lázaro para la ceremonia de traspaso del poder.

La comitiva de recepción del presidente saliente estuvo integrada, entre otros, por dos legisladores que meses antes fueron estrechos colaboradores: su compadre Luis Enrique Miranda y Alejandra Lagunes, exencargada de Estrategia Digital. También lo escoltó el diputado Gerardo Fernández Noroña, que en esta ocasión guardó la compostura.

Trece años y ocho meses habían pasado desde que AMLO estuvo por última vez en la Cámara de Diputados. Aquel 7 de abril de 2005 había acudido en calidad de procesado tras habérsele retirado el fuero como jefe de Gobierno del DF.

Hasta el final de su mandato, Peña Nieto soportó el desprecio de los ciudadanos. Los curiosos apostados tras la reja que divide los carriles de la avenida Congreso de la Unión le lanzaron mentadas de madre y gritos de “¡culeeero!”

Quince minutos después llegó al Palacio Legislativo López Obrador en su Jetta color blanco, emblema de la austeridad. En el trayecto de su casa en Tlalpan a San Lázaro se le emparejó el famoso ciclista que le habría dicho: “No tienes derecho a fallar”, aunque un video subido a Twitter por Beatriz Gutiérrez, esposa del mandatario, revela que también le dijo: “En ti confiamos”.

Entre saludos, abrazos y selfies con el grupo de legisladores que lo recibieron, Beatriz Gutiérrez solía quedarse a la retaguardia; sin embargo, cuando se hacían las fotos grupales, López Obrador siempre la buscaba para tomarla de la mano y que apareciera a su diestra en las instantáneas.

Los 50 pasos que hay entre la entrada al Salón de Plenos y la tribuna, el mandatario entrante los recorrió en cinco minutos, debido al enjambre de entusiastas legisladores morenistas que querían una selfie.

Josefina Vázquez Mota, rival de López Obrador en los comicios de 2012; Miguel Ángel Mancera, su antiguo correligionario y ahora aliado del PAN, y Miguel Ángel Osorio Chong, exsecretario de Gobernación, vieron con desdén al ovacionado a su paso hacia el estrado.

Trece años y ocho meses habían pasado desde que AMLO estuvo por última vez en la Cámara de Diputados. Aquel 7 de abril de 2005 había acudido en calidad de procesado tras habérsele retirado el fuero como jefe de Gobierno del Distrito Federal por presuntamente haber construido un camino en propiedad privada para dar acceso a un hospital en Santa Fe.

Foto: Cuartoscuro

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Una cuarta parte de su discurso de investidura López Obrador lo dedicó a enlistar las razones por las cuales la política neoliberal debía ser desterrada. Condenó a los gobiernos de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón por haber empobrecido al país, pero no mencionó los desequilibrios económicos de Luis Echeverría y José López Portillo.

A su salida del Palacio Legislativo, López Obrador se abrió paso entre la muchedumbre de morenistas, caras desconocidas la mayoría de ellos, para tener una deferencia con unas de las figuras más emblemáticas del PRI.

Saludó de beso a Beatriz Paredes, exdirigente del PRI, dio la mano a Claudia Ruiz Massieu, actual líder del tricolor y sobrina del expresidente Salinas, y se despidió  de Sylvana Beltrones, hija de Manlio Fabio, expresidente priista y acérrimo crítico del tabasqueño.

Asumido el poder político, venía ahora el acto diseñado para darle al nuevo presidente el poder moral.

Después de una breve estancia en Palacio Nacional, donde departió con los jefes de Estado y de Gobierno que atestiguaron el traspaso del poder, López Obrador acudió a una ceremonia indígena donde la expresión “por primera vez” fue inevitable en las crónicas periodísticas.

Por primera vez, un Presidente recibía el “bastón de mando” de los 68 pueblos indígenas. Por primera vez, un mandatario recibía una “purificación” para librarlo de malas energías. Por primera vez, un jefe de Estado mexicano era encomendado a la Virgen de Guadalupe para que lo cuide y le ayude a llevar con sabiduría las riendas del país.

Por primera vez, un jefe del Ejecutivo se arrodillaba públicamente para dar consuelo a un médico tradicional que rompió en llanto cuando le entregó un crucifijo. Por primera vez, 130 mil personas reunidas en el Zócalo participaban en un ritual llamado Xochitlali, en el que se invocaron a los “viejos abuelos” que cuidan los cuatro rumbos del universo para que protejan a “ya sabes quién”.

Con el “bastón de mando” en la mano, collares, dijes y un moral bordado —todos ellos bendecidos en un centro ceremonial de Ayutla Mixes, en la sierra norte de Oaxaca—, López Obrador lanzó un discurso de 97 minutos que inició por la tarde y acabó por la noche en el que enumeró sus 100 acciones de gobierno, 28 de las cuales tienen que ver con austeridad y eliminación de privilegios en el gobierno federal, 14 con combate a la pobreza, nueve con seguridad y justicia, y siete con obras.

Lo riesgoso de enumerar es que se corre el riesgo de dejar al descubierto donde están los rubros con menor prioridad: salud, derechos humanos, libertades y protección civil, todos ellos con una sola mención.

Día 2

Concluida la jornada del día uno de la Cuarta Transformación, era momento de medir el impacto del día histórico. Trendinalia, el sitio que mide los temas más comentados en todo el mundo a partir de contabilizar los mensajes de Twitter, reveló que el hashtag #4taTransformación quedó en segundo lugar de los trending topics de ese día en México.

Un programa de Televisión Azteca llamado Exatlón México tuvo mayor trascendencia en la red social con el hashtag #AdiósColosal. Las conversaciones asociadas a “Alejandro Gertz Manero” quedó en octavo lugar, #TomaDeProtesta en la posición 16 y #LosPinosParaTodos en el lugar 40.

Los medios internacionales tampoco fueron generosos con la ola lopezobradorista. Ninguno de los principales diarios de Estados Unidos hizo mención en su portada; The New York Times y The Washington Post dieron gran despliegue al fallecimiento del presidente George H. Bush, pero ni una línea a la sucesión presidencial que vivió su socio del sur.

Los únicos rotativos estadounidenses que publicaron un promo sobre AMLO en sus portadas fueron Los Angeles Times, con la leyenda “López Obrador ofrece transformación profunda y radical”, y El Nuevo Herald, de Miami, con el subtítulo “promete cambiar sociedad que ha padecido violencia y corrupción”.

El único periódico extranjero que le dio las ocho columnas a la llegada de la izquierda mexicana al poder fue uno de Ecuador llamado El Telégrafo, con el encabezado: “López Obrador fue posesionado como presidente de México”.

Los diarios brasileños y argentinos de plano relegaron la información a páginas interiores, mientras que en Venezuela la asunción de López Obrador sí mereció espacios en portadas, pero más por la manta que desplegaron los diputados del PAN para condenar la presencia del presidente Nicolás Maduro.

La Razón de Bolivia le dio su foto principal con el título “Revolución a la mexicana”. El Mercurio de Chile le concedió una fotonota, lo mismo que El Comercio, de Perú.

En el viejo continente, la Cuarta Transformación fue la segunda nota en importancia en la edición europea del diario español El País, con el titular: “López Obrador ofrece un cambio radical en México”. A su vez, El Mundo de España, le dedicó la tercera nota de su tapa con la frase: “López Obrador anuncia su guerra a la inmunda corrupción de México”.

Pero López Obrador aún tenía municiones para imponer su movimiento en el imaginario de los mexicanos.

El domingo 2 de diciembre se reunió con la comunidad militar para la ceremonia en la que las Fuerzas Armadas lo reconocen como comandante supremo. Además de agradecer su lealtad a los uniformados, López Obrador les pidió su ayuda para resolver el problema de la inseguridad y la violencia.

Ritual. La Virgen de Guadalupe fue invocada para purificar a López Obrador. Foto: Cuartoscuro

Ritual. La Virgen de Guadalupe fue invocada para purificar a López Obrador. Foto: Cuartoscuro

Esa mañana, el mandatario no leyó. Improvisó un discurso de 32 minutos en el que lamentó que la Presidencia de la República sólo cuente con 20 mil elementos de la Policía Federal para combatir al crimen organizado.

En varias ocasiones volteó a sus espaldas, donde fueron colocadas unas gradas, para ver a la cara a los oficiales y decirles que es necesario reformar la Constitución con el objetivo de que las policías militar y naval se sumen a la Guardia Nacional y combatir así a la delincuencia.

Durante la campaña electoral, un afamado publicista le recomendó a AMLO que si quería asegurar el triunfo dejara de comportarse como dirigente social y comenzara a hablar como “sabio”. Es decir, que además de lanzar arengas y explicar acciones de gobierno, también hablara del alma, la fe y las virtudes humanas.

Y eso hizo en el Campo Marte. Al final de su discurso, el tabasqueño exclamó: “Muchas gracias a las Fuerzas Armadas por su lealtad a México, por su lealtad a la Patria. Esa es la lealtad que más vale, la lealtad a los principios, a los ideales, más que la lealtad a los hombres”.

A mediodía del domingo, AMLO ya tenía en su manos el poder político, el moral y el militar.

Entonces aprovecharía la tarde para hacer una carambola de tres bandas: viajaría en línea comercial para hacer alarde de austeridad y demostrar que se puede moverse sin la protección del Estado Mayor Presidencial; dedicaría su primera gira a Veracruz, estado insignia de la corrupción priista en el sexenio de Enrique Peña Nieto, y mostraría todos los beneficios sociales que implica su llegada a Palacio Nacional.

AMLO fue el primer Presidente de la República que caminó por los pasillos del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México únicamente en compañía de dos integrantes de su ayudantía personal. Subió al camión que conecta a las dos terminales —donde incluso lanzó una porra para los jarochos—, ingresó a la aeronave e hizo fila como todo aquel que espera que los demás pasajeros acomoden sus pertenencias en las gavetas.

López Obrador lanzó un discurso de 97 minutos en el que enumeró sus 100 acciones de gobierno, 28 de las cuales tienen que ver con austeridad y eliminación de privilegios en el gobierno, 14 con combate a la pobreza, nueve con seguridad y justicia, y siete con obras.

“Para nosotros es algo histórico”, dijo el piloto de Aeromar, quien salió de la cabina a saludar al mandatario. “No nos equivocamos al tomar la decisión de trasladarnos por el país de esta manera. Además se ahorra mucho del presupuesto, que es dinero de todo el pueblo”, contestó López Obrador.

Mientras el Presidente se quitaba el saco y se acomodaba para volar a Xalapa, en el hangar presidencial se realizaba una conferencia de prensa en la que el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, y el director de Banobras, Jorge Mendoza, anunciaban la salida del país del avión presidencial TP-01 hacia California, Estados Unidos, donde sería resguardado mientras se concretaba su venta.

Los periodistas tuvieron oportunidad de ingresar a la aeronave y recoger evidencias de por qué López Obrador lo consideraba emblema de los privilegios que gozaba la clase política y por qué decía que un aparato así no lo tenía ni Obama.

Para hacer más evidente lo portentoso del avión, la rueda de medios se realizó con una diminuta mesa para tres personas, misma que contrastaba con el abrillantado y majestuoso fuselaje del Dreamliner 787, cuyo costo ronda los 7 mil 500 millones de dólares.

El pretexto del viaje de AMLO a Veracruz fue el arranque de la gestión del gobernador Cuitláhuac García, de extracción morenista. En la Plaza Lerdo de Xalapa, el Presidente se comportó más gritón que en los actos solemnes, con esa  voz chillante que era usual en campaña.

Se le vio eufórico al arrojar cifras: contratación de 160 mil jóvenes con sueldo de 3 mil 600 pesos mensuales, 28 mil becas a estudiantes de nivel superior de 2 mil 400 pesos mensuales; 305 mil becas a estudiantes de prepa de 800 pesos mensuales, 607 mil apoyos para adultos mayores de mil 724 pesos mensuales, 95 mil pensiones a niños discapacitados de mil 274 pesos mensuales…

Días 3 y 4

El menú para el tercer día incluía el regreso de las conferencias mañaneras y la firma de un decreto presidencial para crear una comisión de la verdad para esclarecer el paradero de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

O sea, el hecho trágico que descarriló el sexenio de Peña Nieto, López Obrador lo tomaba como estandarte de justicia y la protección de los derechos humanos. Desde el acomodo de la mesa envió su mensaje. En orden de los extremos hacia el centro de la mesa estaban los secretarios de Defensa y Marina, Luis Cresencio Sandoval y José Rafael Ojeda, seguidos por los titulares de Gobernación y Salud, Olga Sánchez Cordero y Jorge Alcocer Varela. Al centro estaba AMLO, flanqueado por dos papás de los normalistas.

Entre las primeras consideraciones del decreto, se encuentran que se podrá brindar protección a informantes que tengan datos sobre el destino de los estudiantes y garantizar el libre acceso a todas las instalaciones donde se haya sospechas de encontrar indicios.
Era lunes 3 de diciembre, primer día hábil del “nuevo régimen”. Ya era posible tomarle los signos vitales a la economía.

De acuerdo con el sitio www.investing.com, a las 13:00 horas del viernes 30 de noviembre, el último día del gobierno de Peña Nieto, el dólar estaba a 20.44 pesos. En cambio, para las 03:00 horas del lunes 3 de diciembre el billete verde había bajado a 20.01 pesos. Sin embargo, a las 14:00 de ese mismo día hubo un rebote que lo llevó a 20.34. Sin exabruptos.

Sin embargo, si se alejaba un poco la vista y se miraba el sexenio completo, se podía notar que, al menos durante la primera semana de Andrés Manuel en Palacio Nacional, la relación peso-dólar se mantuvo en los mismos niveles de los últimos tres meses, todavía por debajo del máximo histórico de 20.83 pesos que se alcanzó el 1 de enero de 2017, pero mucho muy lejos de los 12.85 pesos que costaba la moneda estadounidense en mayo de 2014.

Contacto. López Obrador voló en línea comercial, saludó a los curiosos en la calle y se mostró cercano a los padres de las víctimas de Ayotzinapa. Foto: Cuartoscuro

Contacto. López Obrador voló en línea comercial, saludó a los curiosos en la calle y se mostró cercano a los padres de las víctimas de Ayotzinapa. Foto: Cuartoscuro

“La suerte llega temprano”, se le escucha decir con frecuencia al presidente López Obrador. Por eso le gusta madrugar. Por eso decidió citar a su gabinete de seguridad todos los días a las 6 de la mañana y a los reporteros una hora más tarde.

Trece años después, volvieron las mañaneras, aquellas que entre 2001 y 2005 le permitieron al tabasqueño marcar el paso en la agenda política, posicionar su imagen como candidato presidencial, desafiar a la mafia del poder y fintar con lo que dijera su “dedito”.

Pero, en el nuevo contexto, López Obrador no está en busca de un cargo público. ¿Qué sentido tiene, entonces, aplicar la misma estrategia de comunicación que cuando era opositor? Garantizar el derecho a la información de los ciudadanos, argumenta él; acaparar la agenda mediática, monopolizar la narrativa sobre la marcha de la Cuarta Transformación y neutralizar a la disidencia, opinan sus críticos.

La dinámica es la misma que cuando López Obrador era jefe de Gobierno del Distrito Federal: el mandatario dedica 10 minutos a decir generalidades y el resto de la hora la destina a contestar preguntas de los reporteros, que sumaron más de 80 en los primeros días.

El tabasqueño les habla por su nombre a los periodistas, sobre todo a los que cubrieron sus giras durante la campaña. Es una muestra de humildad, dirían unos; es una manera velada de amortiguar la crítica, estiman otros.

Para el día cuatro, López Obrador reservó el anuncio de su primera iniciativa enviada al Congreso de la Unión. Se trata de la reforma al artículo 108 constitucional para eliminar el fuero presidencial, otro de sus promesas de campaña con la que busca poner el ejemplo de que el servicio público no debe tener mantos de impunidad.

Cinco discursos, dos conferencias de prensa, una gira al interior del país, un decreto, una iniciativa de reforma Constitucional, dos reuniones con el gabinete de seguridad y una cita con los gobernadores componen las 100 primeras horas de López Obrador.

También aprovechó para agradecer las felicitaciones que, vía Twitter, le había enviado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por el inicio de su mandato. Además adelantaba que su gobierno será respetuoso del federalismo y que no habrá confrontación con los gobernadores.

Foto: Cuartoscuro

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Por eso, la tarde del martes, en una reunión con los mandatarios —salvo Cuauhtémoc Blanco, gobernador de Morelos— les garantizó que los “superdelegados estatales” no tendrán injerencia en las acciones de seguridad ni opacarán la autoridad democráticamente constituida, además de prometerles un incremento a su presupuesto del 7 por ciento.

Cinco discursos, dos conferencias de prensa, una gira al interior de la República, un decreto, una iniciativa de reforma a la Constitución, dos reuniones con el gabinete de seguridad y una cita con los gobernadores componen las 100 primeras horas de López Obrador al frente del gobierno, el primer tramo de la Cuarta Transformación que no ha logrado permear en la opinión pública.

Entre el 1 de julio, fecha de las elecciones presidenciales, y el 4 de diciembre, el segundo día más triste ha sido el 1 de diciembre, sólo superado por la ola de inconformidad que causó la suspensión del aeropuerto, según las métricas del Inegi.

Eso vuelve más extraño el tuit de Porfirio Muñoz Ledo, posteado a las 17:11 del 2 de diciembre: “Desde la más intensa cercanía confirmé que Andrés Manuel @lopezobrador_ ha tenido una transfiguración: se mostró con una convicción profunda, más allá del poder y la gloria. Se reveló como un personaje místico, un cruzado, un iluminado”.

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