Oscar Moha

La Suprema Corte de Justicia de la Nación acaba de garantizar constitucionalmente el Derecho a la Reproducción Asistida. Basado en el Artículo 16 de la Declaración Universal de las Garantías Individuales, los mexicanos también podemos formar una familia, independientemente del sexo de quienes integren la pareja. Es decir, la ley no obliga a nadie a casarse, ni a tener hijos, ni a regular la maternidad, ni prohíbe embarazarse a las casadas o no casadas. Es sólo el derecho de todo mexicano o mexicana a reproducirse; o bien no tener descendencia, permanecer soltero y vivir con solos o con quien nos venga en gana, como los hay, y muchos, en este país.

El Artículo 4° Constitucional dice que hombres y mujeres tienen derecho a decidir, de manera libre y responsable sobre el número de hijos que desean tener, independientemente de su estado civil. Aunque en ocasiones el credo religioso que profesan algunos evangélicos y sectores conservadores del catolicismo constituye una afrenta moral a este Artículo, ya que piensan que la mujer, como un ser “sujeto” al varón dentro del matrimonio, sirve entre otras cosas para dar luz al número de hijos que “Dios quiera enviar”.

Iglesias principalmente de corte pentecostal y neopentecostal viven su fe de tal manera que el número de hijos está determinado por Dios y no precisamente por el deseo de los padres para procrear y formar una familia y mucho menos cuando existen alteraciones biológico reproductivas. Es decir, aseguran que los genetistas no deben intervenir en la procreación pues embarazo inducido constituye un franco desafío al Creador. Incluso, los matrimonios que han decidido no tener hijos, son estigmatizados en los templos. En México, 7.2 millones de mujeres sufren infertilidad y se calcula que aproximadamente el 7% de ellas son evangélicas, por los sondeos que varias denominaciones reporta en sus censos.

La presión familiar y religiosa hacia los matrimonios sin hijos orilla a las parejas a buscar métodos de fertilización que no precisamente están mencionados en La Biblia, omisión que sirve a muchos Ministros de Culto para sugerir o imponer una creencia de que el avance científico de la genética resultaría contraria a la voluntad de Dios. Aunado a esto, las limitaciones económicas del Sector Salud en el país hacen que la medicina privada sea un dique para el anhelo de una familia de clase media para concretar en un embarazo seguro.

Actualmente hay diferentes métodos de fertilización y cada caso requiere de una metodología específica, lo que determina el costo: desde vacunas y pastillas hasta la fecundación in vitro juntando a un esperma y un óvulo en un recipiente de vidrio para después ser incrustado en una matriz. El semen puede ser de una persona y no necesariamente de quien desea ser padre; el óvulo de otra que no precisamente sea quien va a criar al niño; la matriz de tercera, incluso ajena a la pareja y finalmente el producto tendría varios padres biológicos, aunque finalmente sea adoptado por matrimonio que sólo pagó los gastos de quienes pusieron cada una su parte para el embarazo. Este hecho es uno de los más desconocidos del mundo religioso, sobre todo en zonas indígenas y por ende más “condenable”. Ni imaginar cuando quien pagó todo el procedimiento sea un matrimonio igualitario.

Así que no podríamos tocar en esos nichos el tema de la inseminación artificial, los coitos programados, la donación de óvulos o esperma, la maternidad subrogada que consiste en el alquiler de un vientre y la novedosa vitrificación, o sea la conservación de óvulos o semen -en condiciones casi naturales durante años- y donarlos a quienes desean ser padres o madres, o mantenerlos en cautiverio mientras ambos deciden a lo largo de su vida marital ser padres.

La ciencia rebasa aceleradamente al Derecho y por ende las prácticas religiosas que ven en los avances médicos una especie de trituradora que pulveriza rápidamente los preceptos bíblicos. Sin embargo, esa tendencia a satanizar todo lo desconocido termina cuando esos avances se ven traducidos en “milagros científicos”, como ocurrió cuando se descubrieron las vacunas que erradicaban las pestes y diezmaron a poblaciones enteras en todas partes del mundo. Obvio, seguirá habiendo sectores religiosos radicales que prohíben a sus seguidores vacunarse, calificando a los medicamentos como de “origen diabólico”, igual que cada descubrimiento genético y reproductivo que ayuda a las parejas a disfrutar su paternidad y su vida sexual en tiempo y forma.

En donde sí parece haber una condena unánime es en el rechazo en cuanto a la eugenesia y la clonación. Manipular las características humanas para “crear” una raza superior es hasta el momento un tabú. Por cierto, existe en Noruega algo así como un “Arcade Noe de Semillas”, una especie de Banco Genético de todas las plantas existentes en el mundo donde se resguardan tanto granos como ADN de todo el reino vegetal, por si al hombre se le ocurre llevar a cabo una guerra nuclear. No sé si los religiosos vean esto como un pecado o un milagro… después del apocalipsis se verá.

PALABRA DE HONOR: Y siguiendo con temas médicos, el pasado 15 de octubre cuando apenas iba a tomar posesión de su cargo el Presidente de la República prometió que al concluir su gobierno (en el 2024) México contaría con un sistema de salud similar al de países de primer mundo, como en “Canadá, Inglaterra y otros países nórdicos”, con atención gratuita y de calidad. Ya renunció el Director del IMSS, Germán Martínez, porque no le dieron dinero para llevar a cabo un servicio digno, mientras los directores de los principales hospitales del Gobierno solicitaron a la Secretaría de Hacienda no siga con los recortes de personal y sobre todo presupuestales. Alguien miente…

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