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ejecentral

Ya está a la vista un cambio generacional en México. Hoy los muchachos están decididos a cambiar el futuro de México y será mejor que se les abran las puertas, que se les aligere el camino y que compartamos con ellos por la vía democrática ese cambio irremediable, a riesgo de que se salten las trancas y esto se convierta en ese infierno de todos tan temido que es el México bronco…

Y si esto no lo ve el gobierno mexicano –ya federal o estatales-, en su afán de todo verlo y todo ocultarlo en el discurso inverosímil o en las declaraciones que son mejorales o en spots de algarabía, entonces sus antenas políticas están mal, muy mal, y lo que es peor:

La lentitud de sus reacciones que tiene un tufo a estrategia para no dar a conocer la verdad de lo que se está viviendo en México, permite que los diablos que ya están sueltos tracen un panorama desolador y aun trágico.

Aun es tiempo de que el gobierno, todo, deje la retórica para transformarse en gobierno de Estado, con hombres de Estado. Esto puede ser la solución.

Una solución que tiene que ver con el replanteamiento de su política del utilitarismo para ser un gobierno de carácter social. Con soluciones prontas al origen del conflicto nacional: la pobreza, el desempleo, la desigualdad, la injusticia, la corrupción, la mala educación, la falta de salud y todo ese retablo de injurias nacionales que todos conocemos, que la mayoría vive y que ha sido el caldo de cultivo del crimen organizado y la violencia infrahumana y el enojo colectivo.

Por lo pronto las voces que reclaman solución al parteaguas mexicano: Tlatlaya el 30 de junio en el Estado de México e Iguala, Guerrero, el 26 y 27 de septiembre, ya están en las calles de todo el país y en el extranjero: organizaciones internacionales y aun la de las Naciones Unidas le exigen al gobierno de  México solución pronta y veraz, con justicia… ¿será?

Por lo pronto, con sus matices de escenario histórico, cada vez más, este 2014 mexicano se parece a aquel octubre de 1968. Por desgracia. La muerte tuvo permiso. Por entonces murieron estudiantes que exigían que su voz fuera escuchada en un país de dictadura imperfecta; esta vez también son muchachos que, a su manera, también exigen participación en la decisión de su futuro. Y entonces, como ahora,  son estudiantes los que alimentaron ya a Tezcatlipoca y se refrenda el ciclo fatal mexicano para transformarse.

Pero todavía hay camino por recorrer. Está en manos de cada uno de los actores que desde su sillón presidencial, desde su curul, desde su escaño, desde su silla gubernamental de entidad o municipal y los partidos políticos que se dicen que son, y los empresarios y comerciantes y terratenientes: todos; asumir que tienen enfrente a una sociedad que ya se está brincando las trancas y que exige, que reclama y que aun reconoce autoridad, y por lo mismo, aun es tiempo de dialogar y de encontrar soluciones y cambio de actitudes indispensables en toda transformación democrática, si se quiere que esas transformaciones sean eso: democráticas.

Está por terminar la etapa del México silencioso. Lo vemos cada día. La exigencia civil está a la vista, la toma de sedes de gobierno para exhibir a malos gobernantes en todo el país ocurre cada día con más frecuencia, el cierre de pasos y de vías tienen que ver con descontentos. La mayor parte de las manifestaciones callejeras tienen su razón de ser en malos gobiernos, ya incapaces o corruptos…

Hay efervescencia nacional. Hay enojo. Ya por las muertes de muchos, estudiantes y no estudiantes, inocentes o presuntos culpables. Pero también hay enojo por mal gobierno, por corrupción, por abuso, por ambición de poder, por la inexistencia de partidos políticos que sean correa transmisora de voluntades, por saqueo… Todo ahí.

De pronto también aparecen por ahí aves malignas que trasgreden la posibilidad democrática de la exigencia y el diálogo y utilizan la agresión física, su consigna es inocultable, el ímpetu violento y hasta de la intención malévola propia de quienes se niegan al cambio. Saber quién es quién, también es tarea democrática y de gobierno.

Por lo pronto, el presidente de México, Enrique Peña Neto, se muestra indignado, y declara como inaceptable que en el país “existan localidades con vacíos de autoridad y, peor aún, con vínculos de complicidad entre los gobernantes y los delincuentes…”. Extraña esta declaración en un presidente que se supone que tiene la mayor y mejor información del país…

Extraña que se extrañe de algo que estaba ahí, aun antes de su llegada a la presidencia. Estaba todo eso ahí durante su campaña para ser electo presidente y recorrió todo el país e, incluso, firmó ante notario los cambios prometidos…

Pero ya. Lo que importa ahora es que se entienda que es tiempo de cambios en el país; que los muchachos, como son los del Instituto Politécnico Nacional tienen en las manos un nuevo pliego petitorio: uno que no está escrito pero que ya se ve: la de su participación en la vida pública de México, en la toma de decisiones, y en la definición de su futuro…

Porque de entre ellos saldrán quienes habrán de gobernar a este país. Y será mejor que  se les escuche y que se les entienda: que ellos entiendan, también, y que, como hicieron en el primer momento, no se dejen llevar por intereses ajenos a sus propios intereses: credencial en mano: ni más, ni menos.

De ellos es el futuro del país. Desde hoy deben asumirlo con responsabilidad y con base en eso que todavía no consolidamos pero que ellos lo harán: la democracia. Ni más, ni menos.

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