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Jueves 25 de diciembre, 2014 | 4:04 pm

Nacho Vigalondo

Bendito internet: antes de que existiera, para ver películas dependíamos de que fueran comerciales y las exhibieran los cines de siempre, o de que llegaran al cineclub o festival de la ciudad donde vivíamos — si es que había alguno, y el jurado o el comité las elegía. La otra opción era esperar que llegaran al videoclub de la esquina, si teníamos suerte, o buscarlas en una tienda especializada, de las que había pocas.

 

Si eso era con las películas, mucho peor lo teníamos con los cortos, piezas a las que suele verse con desdén, y se otorga poco valor artístico. Pasábamos años escuchando de piezas legendarias, y sólo si teníamos suerte por fin coincidíamos en el espacio-tiempo con ellas.

 

¿Qué hacíamos antes de YouTube? La pregunta me viene a la mente estos días, en que se cumplen diez años del estreno de Código 7, del director español Nacho Vigalondo: una fantástica historia en la que todo ocurre en la mente del espectador, y la imagen que ve no corresponde con lo que en realidad sucede.

 

Medios mínimos, resultados máximos, con la imaginación y las expectativas del espectador en juego. El corto mezcla ciencia ficción, aventura y humor sin salir de un piso de Madrid en el año 2002, y en tan sólo tres minutos.

 

Se estrenó en un festival de Madrid, y probablemente se proyectó en un par de lugares más. En otros tiempos, de ahí habría pasado directamente a ser casi imposible de encontrar. Hoy en día podemos encender la computadora, abrir YouTube, buscar “Código 7 Vigalondo” y disfrutarlo.

 

Un año después Vigalondo estrenó un nuevo corto, 7.35 de la mañana, que fue nominado al Óscar de la categoría. Su fama fue instantánea en su país natal. Se le comenzó a entrevistar, se le invitó a escribir, y se le puso por las nubes y se le destrozó por motivos semejantes.

 

Lo extraño fue que el hombre no perdió la perspectiva; quería ser un director de cine, no celebridad. Siguió haciendo cortos y trabajando en su primera película, Los Cronocrímenes, que estrenó por fin en el 2007.

 

Durante un tiempo pareció una película maldita. Se estrenó y recibió elogios en varios festivales internacionales, pero no encontraba distribuidor en su país de origen; antes compró Tom Cruise sus derechos para hacer un remake, otra especie de maldición.

 

Finalmente se proyectó comercialmente en España, pero tras su paso por los cines era imposible encontrarla en DVD. La busqué en un par de viajes y nunca estaba disponible. No fue sino hasta hace poco, gracias de nuevo a internet, que pude conseguirla al fin.

 

Estos días Vigalondo ha estrenado su segunda película, Extraterrestre. Aunque ha sido estrenada casi de inmediato en España, me pregunto cuándo llegará a México y Holanda. Consolación: mientras tanto podemos ver en internet otros de sus cortos.

 

Choque”, “Una lección de cine”, “Domingo”, y “Marisa” son pequeñas joyas. Pero si debo mencionar alguna, eche un vistazo a “Volver al Futuro IV”, que rodó para un programa de televisión. Es costumbrismo, porque el bar donde ocurre, los parroquianos, y las calles retratan el Madrid profundo; ciencia ficción, porque ocurre en el futuro; parodia, porque no sólo está inspirada en la clásica película de ciencia ficción a la que alude el título, sino porque está llena de referencias a otro clásico. Y es también comedia y musical (!).

 

Meter todo eso en diez minutos, y hacerlo bien, es muestra de talento. Tanto como el inesperado giro que da la historia al comenzar.

 

En literatura hay una discusión frecuente: ¿es mejor el cuento o la novela? La polémica en el cine no existe, porque se da por descontado que los filmes largos son mucho mejores que los cortos. Vigalondo demuestra, sin embargo, que se pueden hacer piezas maestras con los dos. Y gracias a internet, un género al que se brinda poca atención puede ser apreciado sin necesidad de rogarle a las distribuidoras comerciales.

 

@luisalfredops / www.librosllamanlibros.com

Luis Alfredo Pérez | Miércoles 11 de abril, 2012