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Aileen Teague* / The Conversation

redaccion@ejecentral.com.mx

Apenas hace una semana, el presidente Donald Trump parecía estar decidido a tomar la medida drástica de cerrar la frontera al comercio y a los viajes entre Estados Unidos y México. Dijo que quería detener el flujo de migrantes centroamericanos, pero también quería castigar a México por no evitarlo.

Pero el 4 de abril, el presidente puso freno a la medida y le dio a México un año para detener el flujo de drogas en la frontera. Si eso no sucede, amenazó con imponer aranceles a los autos y dejó flotando la posibilidad de cerrar la frontera si eso no funcionaba.

›Si Trump alguna vez se decide a cumplir su amenaza y a poner un letrero de “Cerrado” en la frontera, no sería la primera vez que se recurriera a esta posibilidad. Dos veces, durante el último medio siglo, Estados Unidos ha tratado de utilizar la  frontera para hacer que México cumpla su voluntad. La artimaña falló las dos veces.

Yo estudié estos incidentes mientras realizaba la investigación para un libro sobre el origen de las políticas para el control de drogas en Estados Unidos y sobre las técnicas de la policía militarizada de México entre las décadas de 1960 y 1990. La historia sugiere que las amenazas del cierre fronterizo podrían ser políticamente útiles, pero nunca dan una verdadera solución a la tragedia humana.

Operación Intercept

En 1969, el presidente Richard Nixon lanzó la Operación Intercept con la esperanza de obligar a México a una mayor colaboración con las políticas de la administración para detener el flujo de drogas, una de sus promesas de campaña.

El 8 de septiembre de 1969, Gustavo Díaz Ordaz y Richard Nixon inaguraron la Presa de la Amistad. Días después, el gobierno de EU lanzaría la Operación Intercept. Foto: The National Security Archive – The George Washington University

Aunque técnicamente no fue un cierre fronterizo total, los agentes de aduanas realizaban revisiones de cada auto, camión y autobús que entraba a Estados Unidos. Esto provocó grandes demoras y una importante caída de la actividad económica en ambos países. Los empresarios y los políticos de la zona fronteriza rogaron a Nixon que diera fin a la operación.

La guerra contra las drogas también inspiró al presidente Ronald Reagan a cerrar parcialmente la frontera en 1985. Con el adecuado nombre de Operación Intercept II, el resultado fue similar, pues los linderos se abrieron a los pocos días.

Mientras tanto, según mis archivos, los políticos mexicanos cumplieron de palabra las demandas de Estados Unidos. Hicieron hincapié en su progreso y sus operaciones antidrogas y prometieron “continuar con mayor intensidad”.

México dijo incluso que estaba dispuesto a aceptar la ayuda antinarcóticos de Washington, como aviones y armamento más sofisticado, para cooperar con Nixon en su guerra contra las drogas.

Al final, sin embargo, nada cambió sustancialmente. La frontera se reabrió después de tres semanas.

Lo que se logró con este incidente fue que los políticos mexicanos aprendieran a calmar las demandas de Estados Unidos utilizando la retórica correcta de la “guerra contra las drogas”.

En la práctica, sin embargo, el control de las drogas nunca ha sido la prioridad del gobierno mexicano. Incluso, México ha utilizado las políticas antidrogas para sus intereses propios. Por ejemplo, en los años 70, México recibió ayuda financiera de la Casa Blanca para detener el flujo de droga. Pero, al menos una parte de ese dinero la utilizó para reprimir a la disidencia política del país.

Tráfico. La revisión de cada vehículo que pasaba a EU provocó en 1969 demoras en los pasos fronterizos. Fotos: theconversation.com/us

Se repite la historia

La guerra contra las drogas también inspiró al presidente Ronald Reagan a cerrar parcialmente la frontera en 1985. Con el adecuado nombre de Operación Intercept II, el resultado fue similar.

Las autoridades mexicanas no pudieron encontrar a un agente de la DEA que se encontraba bajo secuestro, y la Casa Blanca decidió una vez más utilizar la frontera para presionar a las autoridades para llevar a cabo medidas más decididas. Con ello se cerraron nueve accesos en la frontera.

Los mexicanos de a pie consideraron que ese cierre era una forma más de “imperialismo yanqui”. Se preguntaban por qué la desaparición de un agente provocaba tanto escándalo siendo que cientos de mexicanos habían perdido la vida como resultado de la guerra contra las drogas. El agente secuestrado apareció muerto más adelante.

Aunque la frontera se abrió en unos cuantos días, el cierre volvió a causar daños severos en la economía fronteriza, y afectó también las relaciones entre ambos países.

Los cierres fronterizos son una mala política

Ambas versiones de la Operación Intercept provocaron mucho desorden y no sirvieron para propiciar cambios significativos en las políticas de México para el control de las drogas, para la seguridad en la frontera o para cualquier cosa. 

Dicho de otra forma, demostraron que es imposible cerrar efectivamente la frontera de entre las dos naciones, o restringir en gran medida el tráfico, durante mucho tiempo. La interdependencia económica, social, y cultural de ambos países es muy profunda. La seguridad nacional de EU depende de una fuerte relación con México.

El 29 de marzo pasado, Donald J. Trump escribió el siguiente mensaje en Twitter: “…a través de su país y de nuestra frontera sur. México durante años ha sacado una fortuna de EU, mucho mayor que el costo de la frontera. Si México no detiene inmediatamente TODA la inmigración ilegal que llega a Estados Unidos a través de la frontera, la voy a CERRAR…”

Las amenazas de Trump sobre una “invasión” de inmigrantes latinos violadores y pandilleros podría tener lógica para sus seguidores, al igual que su amenaza de cerrar la frontera. Pero, al parecer sus consejeros le explicaron que los cierres fronterizos no hacen más que dañar las economías y crear resentimientos. La migración puede bajar, pero nunca detenerse.

México y Estados Unidos son aliados, no enemigos. Como yo lo veo, presionar a México y a otros países para que hagan el trabajo en problemas tan complejos como el control de drogas y la inmigración únicamente provoca mayor antagonismo y ninguno de los resultados que se buscan. 

5 minutos duraba en 1969 la inspección a cada vehículo que pasaba hacia EU, lo que generó problemas de tráfico en la frontera.

20 díasduró el cierre parcial de fronteras entre México y EU, pues las afectaciones económicas eran millonarias.

Este texto se publicó originalmente en The Conversation y Graciela González lo tradujo del inglés. 

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