Oscar Moha

En la primera mitad del Siglo XVIII en Inglaterra, cuando abundaban la pobreza extrema, los abusos de poder, la vida corrupta, violación de derechos, explotación de los trabajadores, inmigración desmedida, digamos como lo que actualmente padecemos en México, al iniciador de la Iglesia Metodista, Juan Wesley, se le ocurrió escribir sus postulados pero nunca imaginó llevar a cabo un movimiento de renovación moral y espiritual que trascendería siglos después, como lo imagina el actual Gobierno.

En aquella época, la labor wesleyana consistió en denostar al sistema que imperaba (lo que hoy sería el neoliberalismo), para ofrecer una alternativa nueva como remedio eficaz para salvar a toda una nación. En otras palabras, el predicador inglés proponía una “4-T” que diera fin a la corrupción, mediante una serie de escritos, sermones y la conformación de grupos de seguidores que “transformarían” a Inglaterra.

Según experto de la Iglesia Metodista, Juan Wesley tenía las siguientes características, y pongo entre paréntesis el paralelismo actual: Comunicación Intensa (las mañaneras); Difusión de Ideas (con la ayuda de las “benditas redes”, excluyendo la prensa fifí); Manifestaciones sobrenaturales (creación de grandes obras con pocos recursos, o la eliminación de la delincuencia con la Guardia Nacional); Incremento de seguidores (como quienes apoyan al Presidente cuando va a provincia y rechiflan al gobernador que no es morenista); Cambio social (el prometido en esta 4-T); involucramiento de la gente (beneficiando con programas asistenciales a los más pobres para que en época electoral sean redituables).

La familia Wesley tenían un grupo llamado “Las Sociedades”, pero como eran metódicos en todos sus trabajos socio religiosos, los ingleses los apodaron peyorativamente “metodistas” y por mera casualidad tenían 3 normas de vida: “no hacer daño alguno” (no mentir); “atender las órdenes divinas” (no robar) y “hacer todo el bien que se pueda” (no traicionar), muy similar a lo que se dice en casi todas las conferencias de prensa de las 7:00 am.

Además el reverendo Wesley escribió un libro muy popular, aunque criticado por los estudiosos de su época, llamado Primitive Physick, Pills for the Poors (Física Primitiva, Pastillas para los Pobres), un intento de “manual”, para quienes no tenían acceso a los servicios que los ricos ingleses disfrutaban. Con toda la proporción guardada, una especie de “Constitución Moral”, intentando mejorar la vida de los desposeídos, a través de un buen comportamiento y la sanidad del alma. El reverendo metodista decía que este volumen pretendía “hacer el bien a todos los hombres”.

También se pronunció en contra de comerciantes deshonestos, profesionistas corruptos, gobernantes abusivos, esclavistas extranjeros, es decir contra la “mafia del poder” de ese entonces. Y luchó por los derechos laborales, se pronunció a favor de las huelgas, por lo que sus seguidores años más tarde impulsaron el sindicalismo, similar a las tomas de refinerías y huelgas pacíficas que se desarrollaron en México luego de que los perdedores en los comicios electorales argumentaban un fraude.

Con esa misma visión, el Metodismo (que había llegado a México en 1815) adoptó en 1908 una serie de estatutos llamado “Credo Social” conformado por 16 artículos que confrontaron los problemas sociales y la corrupción de la época. En síntesis, este Credo se puede resumir en la igualdad de derechos, acceso a la justicia, protección de la familia, pureza moral, acceso general de los servicios básicos, prioridad a la educación, equidad de género, oportunidades para los pobres y los más desprotegidos, lucha contra las adicciones, atención preferencial para personas de la tercera edad y desempleados. Casual o intencionalmente muy parecido al famoso Plan Nacional de Desarrollo del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Cuando Juan Wesley murió en 1791, había 140 mil miembros de la Iglesia Metodista aproximadamente. Es decir, en menos de 40 años un número impresionante de seguidores, que hoy podrían formar un partido político imposible de vencer, adoptaron ese credo social-religioso encabezado por un pastor evangélico que no mintió, no robó y no traicionó…ni plagió.

Con toda proporción guardada, o mejor dicho “con todo respeto”.

PALABRA DE HONOR: El oficio periodístico se hace cada vez más peligroso en México y alcanza niveles de reprobación mundial el asesinato de comunicadores en este país. Ahora le tocó a Francisco Romero Díaz, en Quintana Roo. Nos se puede pedir al Estado garantías para el ejercicio de esta profesión en un país como México donde ni jueces, ni empresarios, ni artistas, ni amas de casa, ni desempleados, ni funcionarios, ni legisladores, ni policías estamos a salvo.

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