Maria Idalia Gomez

@Gosimai

El sábado, en San Luis Río Colorado, Sonora fue asesinado el cuarto periodista en los 106 días que entonces llevaba este sexenio. Su nombre era Santiago Barroso Alfaro, y muy probablemente lo mataron por informar.

El ataque ocurrió en su propia casa. Dos hombres llegaron a bordo de un automóvil, se estacionaron en las inmediaciones del domicilio, tocaron la puerta y cuando el comunicador abrió le dispararon a quemarropa en el tórax. Aún con vida, lo llevaron al hospital, donde murió poco después.

Santiago Barroso se formó en diario El Imparcial y La Crónica, dos de los más prestigiados periódicos de la región. Luego trabajó en La Prensa, un periódico que abrió con sus ahorros el periodista Benjamín Flores, quien era incisivo en los temas sobre el tráfico de drogas y quien fue asesinado a las afueras de las oficinas del medio, en julio de 1997. Aunque fueron detenidos los autores materiales, éstos fueron liberados por errores procesales y nunca se capturó al autor intelectual, por lo que su caso continúa impune.

Barroso después se convirtió en profesor de la Universidad Tecnológica, en editor del diario Noticias, además conducía un programa de radio y escribía su columna “Sin Compromisos” en el semanario Contraseña, uno de los más reconocidos de la frontera sonorense.

Todo eso hacía cada día desde hace varios años. Todas las personas de la región hablan muy bien de Santiago, en lo personal y en lo profesional. No saben por dónde llegó el ataque, sólo saben que ese mismo día fue amenazado y cumplieron.

Para comprender su crimen hay que revisar lo que escribió y habló en su programa de radio, y el contexto en el que esto apareció publicado. San Luis Río Colorado ha sido y es una de las fronteras más porosas para el tráfico de drogas y de migrantes hacia Estados Unidos, y de retorno de dinero ilegal a México.

Hay dos cambios que es necesario considerar en los entresijos de la violencia y el poder mafioso. En las últimas ocho semanas han sido asesinadas nueve personas, en lo que parecería una “limpieza” de grupos, que podría ser interna o una confrontación entre el Cártel de Sinaloa que domina esa frontera y el Cártel Jalisco Nueva Generación, que de acuerdo con las autoridades ha iniciado un despliegue para crecer en su capacidad.

El otro punto es la modificación de la droga que transita por el territorio y se envía a Estados Unidos. Por ahora dominan las drogas sintéticas y, con ellas, el fentanilo. Esto significa, sostienen los informes de México y Estados Unidos, que las fronteras están creciendo en riesgos, porque es allí o muy cerca donde se están instalando los laboratorios para procesarlas.

Estos aspectos altera naturalmente el entorno de seguridad con el que puede escribir un periodista, pues prácticamente queda en medio de una guerra y de cambios poco notorios. El problema es que después de este crimen ninguna autoridad se lo toma en serio.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos cree que con boletines es suficiente y no es así, aunque en ellos pida medidas cautelares. Es lamentable e inadmisible que el quinto visitador, Édgar Corzo, y el director del Programa de Agravios a Periodistas, Santiago Juárez, no hayan llamado a la viuda de Santiago ni a sus compañeros, y que ni siquiera hayan verificado las medidas cautelares que le dieron, que se reducen a una sola patrulla a las afueras del domicilio.

Es igual de lamentable y preocupante que la Secretaría de Gobernación, en coordinación con el gobierno de Sonora, hayan activado el Mecanismo de Protección para evaluar el riesgo que enfrentan la familia y los colegas de Barroso. Habrá que ver cómo avanzan las investigaciones.

Hasta ahora el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha sostenido un discurso de protección a los informadores y de libertad de expresión, pero las palabras y las buenas intenciones no protegen a los periodistas y garantizan su ejercicio pleno de informar en libertad. Sus colaboradores le están fallando. Nunca antes una administración había acumulado cuatro asesinatos en tan poco tiempo, y podría sumarse el quinto, pues este miércoles en Oaxaca fue víctima de un ataque Hiram Moreno, sin que al cierre de esta columna se conozcan los detalles. ¡Ya basta! 

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