Maria Idalia Gomez

Si se confirma el escenario que la Coparmex presentó el martes pasado, a partir de su encuesta, sobre cómo se integraría la próxima Legislatura, la número LXIV, entonces hay tres buenas noticias: no habrá parálisis, tampoco hay carro completo de algún partido y, si existe voluntad, se puede constituir como un contrapeso real y del que se construya una agenda que defina el nuevo rumbo del país.

La encuesta plantea que en la Cámara de Diputados Morena tendrá un estimado de 38.2% de las curules, le seguiría el PAN con 25%, luego el PRI con 18.8% y el PRD muy cerca del Partido del Trabajo con 4.8 y 4.4 por ciento, respectivamente. En cuanto al Senado, Morena sería la primera minoría al obtener, en este escenario, un aproximado de 46.8%, Acción Nacional alcanzaría 31.2% y el Revolucionario Institucional 17.1 por ciento.

Ante estos números, que forman parte del estimado que obtuvo la Coparmex en su encuesta —en la que participaron la revista Este País, Berumen e Ipsos—, también abre la posibilidad a uno de los peores escenarios, el que esta legislatura se convierta en el mercadeo de alianzas y de votos como no habíamos visto antes; es decir, la compra-venta al mejor postor de votos para lograr consensos, aunque lo políticamente correcto será llamarles alianzas estratégicas.

Por primera vez en los últimos 11 años, el PRI aparece en la Cámara alta como la tercera fuerza política, lo más bajo que había tenido ocurrió en 2006 y era el 25.4% de las curules; lejos de los 17.1 que alcanzaría en esta elección. En lo que toca a los diputados, en estos mismos 11 años, sólo en el año 2006 se había dado una composición de la Cámara similar a la que tendremos ahora, sólo que con partidos distintos. En ese momento el PAN era la primera fuerza con 39.6% de las curules, le seguían el PRI con 25.4% y en tercer lugar aparecía el PRD con 17.4 por ciento. Y fue justo en esa Legislatura que el entonces presidente Felipe Calderón no pudo sacar las reformas que entonces, aseguraba, eran indispensables. De hecho, un análisis elaborado por el investigador del CIDE, Álvaro López Lara, muestra que entre los gobiernos de Ernesto Zedillo y Enrique Peña Nieto (hasta 2015), se han presentado un total de 273 iniciativas en la Cámara de Diputados; de ellas, la administración de Calderón fue cuando menos número de propuestas se presentaron, apenas 32, lo que representa el 11.7% del total.

Si bien Morena y su aliado natural, el PT, podrían sacar por mayoría reformas muy importantes y modificar puntos sustanciales como la deuda pública, emitir leyes de amnistía, modificar el servicio profesional docente e implementar reformas en materia de seguridad nacional. Pero le será más difícil aprobar el Presupuesto de Egresos en el que se requieren las dos terceras partes, por ejemplo.

Aunque le podría ser más fácil a Morena operar el Senado de la República con el PT y algunos otros aliados escondidos entre el PRD y el PRI, para aprobar la Fiscalía General, cambiar la composición del Banco de México, ratificar a funcionarios públicos, nombrar las dos vacantes de la Suprema Corte de Justicia, los 16 magistrados del Tribunal Federal de Justicia Administrativa (parte sustancial del Sistema Anticorrupción) y hasta decidir sobre los órganos especializados en Telecomunicaciones, Derechos Humanos y Energía, por ejemplo.

La fuerza con la que llega Morena al Congreso, entre panistas y priistas arrepentidos, además de colocar a un estratega en la Secretaría de Gobernación, le permitirá establecer los puentes, que ya comenzaron a construir desde ahora, porque no se identifican con sus liderazgos actuales.

La primera prueba será el Presupuesto. De ganar Andrés Manuel López Obrador como lo plantea la encuesta, su equipo especializado en estos temas y que formará parte de la transición (que ya está definido y encabezará Carlos Manuel Urzúa), aunque ya ha hecho un diagnóstico sobre las finanzas, no confían en los números oficiales y quieren meterse a fondo para analizarlos y poder sacar el primer presupuesto que les dé posibilidades de implementar las primeras reformas al interior de la administración pública. Después tendrían que lograr consensos en el Congreso, entonces veríamos la estatura de los partidos o hasta dónde comienza el mercadeo de votos.

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