Maria Idalia Gomez

Cuando Los Zetas irrumpieron en 2011 en Allende, Coahuila, para cometer una de las mayores barbaries criminales, matando a unas 300 personas, todos los amigos y familiares de su delator, ni el Centro de Investigación en Seguridad Nacional (Cisen) ni el área de inteligencia de la Policía Federal reportaron a detalle el hecho, mucho menos de la extraña relación que tenía la Agencia Antinarcóticos (DEA, por sus siglas en inglés) en esa masacre.

En 2010, cuando cinco personas fueron secuestradas por error en el hotel Holiday Inn, en Monterrey, creyendo ese mismo cártel que eran integrantes de la Unidad de Investigaciones Sensibles (SIU, por sus siglas en inglés), tampoco se reportó la relación de la DEA en el caso.

Estos sucesos no han sido investigados por las autoridades mexicanas. Mucho menos han revisado la participación de la agencia estadounidense. Propública, sin embargo, en dos reportajes nos muestra cómo la falta de rigor en la operación de la DEA en México provocó una fuga de información, en ambos casos, que ocasionó la muerte de decenas de personas.

A diferencia de México, en Estados Unidos sí lo están investigando, no sólo el Congreso, sino la Agencia Central de Inteligenia (CIA, por sus siglas en inglés) investiga las operaciones de la DEA en México, y no por la rivalidad histórica que hay entre estos despachos, sino porque existen datos de que no cumplieron los protocolos de actuación o se extralimitaron algunos de sus agentes.

Ahora es Ayotzinapa. La DEA, a pesar de contar con información sustancial, porque sus investigaciones le permitieron conocer minuto a minuto lo que había ocurrido en la noche de Iguala, el 26 de septiembre de 2014, guardaron silencio. No sólo se tardaron tres años en atender las peticiones de asistencia internacional que la Procuraduría General de la República les hizo, sino que, algunas de sus agencias cuestionaron al Estado mexicano en sus actuaciones.

Prácticamente, la agencia antidrogas estadounidense entorpeció un caso. Pero lo más grave es que ninguna de las instituciones mexicanas contara con la confianza de esa oficina o de otras agencias de Estados Unidos para que le hubieran entregado, desde finales de 2014, toda la información.

Si bien la DEA responde a intereses políticios de su país, también es cierto que el tema de Guerreros Unidos es un asunto de alta prioridad para ellos, pues trafican con fentanilo, droga que está generando una crisis de salud.

El Cisen nació en 1989, con demasiada precariedad. El personaje que le dio el enfoque de órgano de inteligencia de Estado y formó generaciones fue el almirante Wilfrido Robledo, el mismo que acotó la presencia de las agencias internacionales  y estableció puentes de comunicación institucionales para intercambiar información.

La primera prueba de fuego para el Centro fue la aparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, del que sus agentes documentaron su presencia desde mayo de 1993, con un documento de analisis, escenarios y prospectiva que Carlos Salinas ignoró, aunque oficialmente echó la culpa al Cisen de su propia torpeza. Lo cierto es que había mostrado que estaba preparado, no así la política y los políticos.

En el gobierno de Ernesto Zedillo fue la etapa de consolidación y resultados. Para no contaminarlo, y ante la necesidad de hacer inteligencia para combatir criminales, como secuestradores y narcotraficantes se creó la Policia Federal, y una parte del Cisen se trasladó a las nuevas instalaciones.

El gobierno de Vicente Fox se encargó de darle el primer golpe a las dos instituciones, luego Calderón, no sólo porque colocaron a personas inexpertas o crearon muy pronto intereses personales, sino porque fracasaron en hacer inteligencia para un combate efectivo al crimen organizado y reforzar la seguridad en los estados.

El gobierno de Enrique Peña les dio el golpe final. Colocó a las personas menos adecuadas y lo usó como una oficina de intereses de grupo, no de Estado. El próximo año el Cisen cumple 30 años y la Policía Federal, 20. Ante su incapacidad, sólo hay dos opciones: o desaparecen y se crean nuevas instituciones o se refundan, porque como están son inservibles.

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