Luis M Cruz

1.

Lo que anima a una sociedad es indudablemente la convicción de que en la búsqueda de bienestar, el porvenir habrá de ofrecer oportunidades de mejoramiento individual y colectivo. En ese cálculo que todos hacemos, la confianza y la certeza son dos intangibles que determinan todo lo demás, pues de ellas depende qué tan dispuestos estemos a comprometer esfuerzos, recursos y tiempo para contribuir a renovados propósitos.

De no existir confianza, los costos se elevan proporcionalmente a la anticipación de los riesgos. De no haber certeza, los proyectos se detienen e inclusive se reducen al prevalecer la prevención y la cautela en las operaciones cotidianas. No obstante, el arranque de un nuevo gobierno suele estar pleno de propósitos de cambio, renovación y disposición para hacer mejor las cosas, añadiendo el plus de hacer más con bastante menos.

2.

De ahí que los desafíos sean significativos, pues a aquellos que impone la realidad se suman los que resultan del cambio de políticas. El gobierno del presidente López Obrador rediseñó el presupuesto y la administración pública, buscando liberar recursos que aplicar a los programas de la plataforma política; es así que la compactación de las estructuras y la reducción de puestos y salarios en la alta burocracia  y el personal de confianza, nutren la posibilidad de fondos para los programas de apoyos laborales o becas a jóvenes, pensiones a adultos mayores y otras reasignaciones presupuestales cuyo propósito es fortalecer el tejido social.

Lo mismo sucede con la liberación de recursos para invertir en infraestructura básica y operativa desde el finiquito al aeropuerto en Texcoco y el consecuente rediseño del sistema aeroportuario de la Ciudad de México hasta la nueva refinería en Dos Bocas, Tabasco, el Tren Maya en el sureste, el Transístmico y el sacrificio fiscal para la zona fronteriza. De lo que se trata, al final de cuentas, es generar crecimiento y empleos.

3.

Empero, hay riesgos globales que considerar porque generan incertidumbre y costos adicionales, perceptibles en la elevación de las tasas de interés y, por ende, en el costo del dinero. Tales son, en el exterior, la eventual aprobación del Acuerdo Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC o USMCA, según sean sus siglas en español o inglés). Dada la nueva estructura demócrata del Congreso estadounidense, la ratificación no es un paso sencillo, sobre todo si se toma en cuenta el impasse gubernamental provocado por la administración Trump en busca de recursos para la construcción del muro fronterizo, como no lo es tampoco la guerra comercial con China que tiene a los mercados empavorecidos por una posible recesión mundial en los próximos meses.

4.

Internamente existen también retos que afrontar con buena praxis y mejores políticas dada la prevalencia de altas tasas de interés, el repunte inflacionario y la situación del abasto de gasolinas en lo inmediato, como también el combate a la inseguridad pública y la violencia prevalecientes, que se pretende enfrentar y reducir con la creación de la Guardia Nacional y muy próximamente la amnistía y la legalización de la marihuana y la amapola, ésta última con fines medicinales.

5.

De ahí que las proyecciones de crecimiento e inversión para 2019 sean realmente cautelosas. Se espera crecer en torno al 2%, con un tipo de cambio alrededor de los 20 pesos por dólar y un precio del petróleo entre 45 y 60 dólares el barril. Lo que urge, entonces, es contener el traspaso de las incertidumbres hacia la inflación, que suele afectar desmesuradamente a quienes menos tienen. De cómo se logre generar confianza y certeza habrá de depender un mejor futuro, algo que esperemos ver en la visión sexenal del nuevo Plan Nacional de Desarrollo.

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