Luis M Cruz

1. Tras el encumbramiento del ciudadano Meade, en el PRI los demás callaron al grado que en círculos de opinión se preguntan cómo es posible el terso desarrollo del proceso interno, en donde Meade está teniendo una respuesta, si bien sin demasiado entusiasmo en las masas, también sin la oposición de nadie. No hay un Tucom, los sectores le han arropado, las estructuras estatales le abren las puertas, los voceros le han dado respaldo y le otorgan el beneficio de la duda que bien pudiera plantearle un reto al desafío mayor de Andrés Manuel López Obrador, por ahora todavía puntero en las encuestas.

2. El silencio en el PRI nunca es una buena señal. Ya en las elecciones de 2015 y 2016 se percibió que el voto duro se ha erosionado, que era del 30% y ahora se sitúa entre 15 y 20%, por lo que la aquiescencia actual no necesariamente habría de trasladarse al nivel de las urnas. Para el ciudadano Meade tan importante como hacer campaña afuera y enfrentar a López Obrador será el realizar proselitismo interno para evitar el desánimo, el éxodo o el voto oculto.

De cómo logre integrar a los demás, sobre todo al priísmo, en su equipo de campaña, en el diseño del Congreso y de las nueve gubernaturas en disputa, dependerá en buena medida la consolidación del ciudadano Meade como la mejor alternativa para achicar y vencer a López Obrador y alcanzar la Presidencia de la República.

3. Sobre la perspectiva por venir resaltan los pendientes relativos al débil crecimiento de la economía, el impacto de la inseguridad, la corrupción y la impunidad que han lacerado al gobierno y al PRI, la renegociación del TLCAN, puesto en duda tras cinco rounds de discusión en donde sigue siendo perceptible el desdén norteamericano y la necesidad de valorar una vida sin el Tratado para el país y la economía mexicana; el desafío que plantea el agresivo recorte fiscal de Trump y por supuesto, el planteamiento estratégico en la campaña presidencial de 2018, en un contexto en el que se advierte la polarización entre la alternativa nacional populista del señor López y la del neoliberalismo humanista que representa el ciudadano Meade.

4. López Obrador ha reaccionado con una valoración de riesgos ante el arreglo que los diferentes intereses en juego han presentado para enfrentarlo, ubicado como está, a más de diez puntos de ventaja en todas las encuestas publicadas.

López advierte el reto. Le han presentado a un contrincante con menos negativos de los que esperaba, que fácilmente podrá marcar distancia de la marca de corrupción y mala imagen de otros y que puede motivar a votantes volátiles y del PAN a sumarse a una coalición útil con el PRI y sus aliados, para frenar a Andrés Manuel.

En ese sentido, el proverbial líder de Morena ha pedido a sus simpatizantes y equiperos no confiarse en las encuestas que le dan la actual ventaja en la contienda presidencial. “La mafia del poder no se va a dejar arrebatar el poder así nomás”, dice en sus mítines. Tendrían que prepararse más y evitar errores como ese de proponer una amnistía para los narcos que recuerda sus nexos con los Abarca, para luchar en el terreno y en el brigadeo de campaña que le acerquen más votantes a las urnas.

5.  Los datos reportados por el Grupo de Comunicación Estratégica y el diario Reforma reflejan lo que se había venido observando hasta entonces; que las cifras se están moviendo, que López Obrador no crece más del 30-32% que ha acumulado tras doce años de campaña y que en el segundo sitio, como contrincante, el PRI está superando al PAN y su eventual coalición, el Perrepán en un rango del 25%, entrando a la zona del empate técnico cuando las campañas aún no han comenzado.

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