Luis M Cruz

1.Dadas las circunstancias, se pensaba que el 2 de julio estaríamos viendo un país enojado, polarizado, con dudas sobre los resultados que fluirían lentamente en una larga noche.

Pero no, la sorprendente y saludable conducta democrática de los principales actores, desde el INE hasta los candidatos, eliminó el síndrome del mal perdedor y despejó las tensiones, con lo que los tigres y demonios se quedaron guardados para otra ocasión. Ciertamente, Andrés Manuel obtuvo casi un “carro completo”, pero no un cheque en blanco; ya se vio, la primera lección de la elección es que, con su voto, el pueblo castiga duramente.

Más allá de ello, independientemente de si la elección optó por el nacionalismo y demolió el neoliberalismo, veremos un país en donde las expectativas electorales habrán de irse perfilando hacia la construcción de gobernabilidad que, esperemos, resulte del tipo democrático y no del autoritario.

2. La integración previsible del Congreso muestra la dispersión de bancas entre los ocho partidos integrantes de las tres coaliciones, como también que las elecciones regionales sostienen el mosaico de la pluralidad en los gobiernos locales. El que viene será un México en el que deberán construirse consensos rápidamente si se quiere traducir en políticas y logros las altas expectativas generadas. Pronto veremos el ocaso del gobierno en funciones, quizá más rápido de lo que sería deseable, estando aún por discernirse el futuro del TLCAN, la guerra comercial estallada por Estados Unidos y las propias elecciones intermedias en ese país, que han vuelto a atizar la furia antimexicana allende la frontera.

3. Para The Economist, las posturas económicas de López Obrador son contradictorias. Para el New York Times son riesgosas. Para el Wall Street Journal podrían ser catastróficas si lanza el gasto sin potenciar los ingresos. Pudiera ser que López Obrador sostenga finanzas públicas sanas, respete la autonomía del Banco de México y mantenga la negociación del TLCAN como ha ofrecido; pero el menosprecio de las instituciones, el desdén por la división de poderes, la tentación del ejercicio vertical del poder también afectan la sostenibilidad de lo anterior.

Les preocupa una visión autárquica, que torne a la soberanía de los mercados cerrados con precios de garantía al igual que se reviertan las reformas educativa y energética, apostando nuevamente a la petrolización de los ingresos del Estado y finalmente, a los combustibles fósiles en detrimento de las energías renovables. Todo lo cual habrá de suceder tal y como ha sido planteado en el discurso del presidente electo.

4. Preocupan también las visiones presupuestales simples, que lejos de fortalecer los ingresos tributarios se apoyen en la reducción del sueldo a los servidores públicos y erradicar la corrupción para generar, dicen, los recursos que permitan financiar un ambicioso programa de subsidios y generar con ello un círculo pernicioso de dependencia y clientelismo a la vieja escuela.

Como sea, Morena será una fuerza nacional, con más fuerza que el PAN y el PRI juntos, pero sin la estructura de éstos ni las gubernaturas que tienen tanto el PRI como el PAN y el PRD, si bien con cinco de las nueve que estuvieron en disputa.

5. No parece ser un México gobernable con simples llamados a la reconciliación o a la unidad nacional; tampoco parece ser un México gobernable unilateralmente. Se requerirá construir una coalición gobernante, mientras más estable, mejor. Podría ser nuevamente el tiempo de una reforma política y de cómo construir gobernabilidad, si mediante una agenda de diálogo y construcción de acuerdos, como fue en 2006 o bien, a través de la estructura del gobierno de coalición previsto en la Constitución

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