Luis M Cruz

1.

 En lo que solía ser una reunión de análisis y acuerdos para el funcionamiento de la economía global, se realizará en Osaka, Japón, la reunión del Grupo de los 20 (el G-20, las 20 economías más grandes del mundo). En esta ocasión, sin embargo, el entendimiento aparece nublado por las guerras comerciales impulsadas por un criterio casi revanchista de Estados Unidos en relación al intercambio de productos, bienes, servicios y hasta personas. 

2.

 En la posguerra, Estados Unidos impulsó el libre comercio, la democracia y la cooperación como bases de la comunidad de las naciones. La idea era compartir la prosperidad y evitar el choque de ideologías que había llevado al mundo a dos grandes conflagraciones. De ahí, desde el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa, la integración de las instituciones financieras globales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y la disminución de aranceles que daría origen a la Organización Mundial de Comercio, el horizonte sería que la interdependencia y la cooperación asegurarían un mejor futuro. Pronto, el mundo dejó de ser bipolar y pasó a ser multipolar, conforme los países elevaron su potencial económico, productivo y científico, haciendo de la inversión, la innovación y la productividad las claves de la competencia pacífica entre las naciones. La fórmula funcionó y provocó, por un lado, el colapso de la Unión Soviética, pero por el otro creó otro rival: el llamado “capitalismo de Estado” del cual China es el exponente más avezado, sin dejar de ver que otros competidores también hicieron crecer sus parcelas en el comercio mundial, generando otras regiones de gran prosperidad, como la Cuenca del Pacífico (Japón, los “tigres” asiáticos, Australia y Nueva Zelanda); la Unión Europea (más allá del Brexit) y el área de América del Norte, por ahora en reconstrucción. 

3.

 Dos futuros eran posibles entonces; uno, el proseguir con el impulso al dinamismo de la economía mundial basada en el ahorro que hace posible la inversión, la innovación y la competitividad, es decir, un libre comercio de bajos aranceles normado, según las reglas de la Organización Mundial del Comercio; y el otro, adoptado por la administración Trump, el retorno al proteccionismo, al castigar los resultados de los demás con impuestos de frontera y el uso de represalias para obligar a socios, aliados y competidores a pagar más por ese antiguo orden global.

4.

 Ahora, en Osaka, los países globales buscarán el rescate de la globalización. Los adversarios son, paradójicamente, quienes más la impulsaron y quien más se beneficiaron de ella, Estados Unidos y China, inmersos en una guerra comercial profunda en la cual México, atrapado entre los búfalos, ha sido arrollado tras imponérsele políticas y condiciones humillantes para mantener su status en el arreglo trilateral de América del Norte, si bien ha obtenido algunos beneficios al incrementar sus exportaciones conforme la moneda se devalúa y las fronteras se cierran a los productos chinos en una especie de “sustitución de importaciones”.

5.

 El riesgo es que la geopolítica nacionalista reduzca el ritmo de la economía mundial en demérito de la llamada “cuarta revolución industrial”, lo que podría inducir una recesión global el próximo año de no lograrse los necesarios acuerdos de mitigación y remediación de las guerras comerciales y la atención a la agenda de temas globales, incluido el cambio climático, las energías fósiles frente a las renovables, la migración que impele a la gente de las zonas menos desarrolladas a las de mayores oportunidades, así como el narcotráfico y el terrorismo, finalmente rutas por las que transcurren los desafíos globales. Lo que urge es el resurgimiento de la Organización Mundial de Comercio y que todos cumplan las reglas del fair commerce, el comercio limpio.  

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