Luis M Cruz

1.

Queda ya sólo una aduana en las elecciones. El tercer debate presidencial, a realizarse el 12 de junio, a sólo 20 días de los comicios, con el riesgo de que las tendencias se cementen y se tornen inamovibles. Ya se ha visto, los debates apenas están incidiendo en los números; más bien han consolidado a cada quien en la posición que ocupan desde el arranque de la campaña.

El tercer debate será en Mérida, Yucatán (entidad con elección general, por lo que impactará también en lo local). Estará, indudablemente, galvanizado por la forja de expectativas previas, siendo muy difícil que los candidatos sigan la misma estrategia y sólo velen las armas. Habrán de lanzar lo que tengan hacia la recta final, pues después del debate queda poco tiempo para hacer lo que tengan que hacer.

2.

La novedad es que habrá preguntas provenientes de las redes sociales, que no obstante los filtros, se estima podrían ser más aceradas que las anteriores. En las redes pululan cuestiones venenosas: ¿de qué vive AMLO? ¿cómo compró su “casa blanca” si no tiene dinero? ¿Nestora y Napoleón son o no criminales? ¿Anaya lava dinero? ¿en qué tiene experiencia? ¿respetará los acuerdos con el frente Perrepán? ¿Meade investigaría al gobierno? ¿por qué creerle si proviene de ellos? En fin, muchas de las preguntas virales son aún más difíciles. Buena habrán de tenerla los moderadores Gabriela Warkentin de W Radio, Carlos Puig de Milenio y Leonardo Curzio de ADN 40 para conducir un mejor debate que los anteriores.

3.

López Obrador puede seguir administrando su ventaja, buscando trasladarla hacia las otras elecciones del Congreso y en los estados; Ricardo Anaya intentará ser el retador con capacidad de aglutinar el voto antiAMLO. Se ha declarado ganador de los dos debates anteriores, no obstante sus números apenas se han movido; el ciudadano Meade, muy mejorado en sus reflejos, ha presentado buenas propuestas, sigue siendo quien se ve con más experiencia y con buena hechura, debiendo demostrar cómo siendo el de menor carisma puede ser mejor presidente que candidato; El Bronco, pues seguirá siendo El Bronco, provocador en la zona en donde ya nada tiene que perder. 

4.

Hubo elecciones en Venezuela con la imposición de Maduro con el insólito 70% de los votos, también en Colombia, donde irán a segunda vuelta el derechista Iván Duque y el exguerrillero Gustavo Petro, quienes lograron 39% y 25% respectivamente; surgió un posible gobierno antisistema en Italia; Norcorea no ha logrado convencer de sus intenciones, en Medio Oriente se incrementan tensiones entre Siria e Irán, y la voz de los mercados registra inestabilidad y volatilidad creciente.

Ciertamente, las principales agencias calificadoras como Moody’s y Fitch han mantenido el grado de inversión de México, pero advierten que la inestabilidad que pudiera surgir de elecciones presidenciales cuestionables o el alejamiento de un feliz término para el TLCAN pondrían a prueba los fundamentos del país. Nuestra economía no es la de Estados Unidos, donde se pueden dar el lujo de ir en contra de las reglas del juego y seguir creciendo y acumulando valor; nuestra economía difícilmente resistiría impávida una guerra comercial o la pérdida o reducción súbita de la confianza de los inversionistas.

5.

La incertidumbre propicia varios escenarios postelectorales. Como en Venezuela o Colombia, las cosas podrían mejorar o no según las expectativas. En el peor de los casos, la paridad del peso se dispararía hacia los 25 por dólar, se reduciría el grado de inversión y la economía se estancaría por lo menos un año hasta que el nuevo gobierno diera color sobre las pretensiones de gasto, financiamiento, políticas públicas y destino de las reformas estructurales.

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