Luis M Cruz

1.

Hay quienes dan por buenos y definitivos los datos publicados en las encuestas, como si las elecciones fueran tan sólo un trámite. En realidad, las encuestas han probado una y otra vez que no son infalibles ni funcionan como predictores, sólo muestran una aproximación a lo que pudiera ser una realidad entre muchas otras posibles. Al final, lo que importa en una democracia es que se tenga certidumbre en el proceso, que las reglas sean claras y acatadas por quienes participan en las elecciones, que los votos se cuenten y que el resultado sea conocido al concluir la jornada electoral.

2.

Lo que influye es el contexto. En ese sentido, las agencias calificadoras visualizan tres riesgos principales para las circunstancias de México.

Primero, la incertidumbre de las elecciones presidenciales mexicanas. Pareciera que el inefable señor López (Luis Mandoki dixit) fuera a ganar a menos que se autoinmolara y con locura se dedicara, como parece estarlo haciendo, a incrementar las percepciones adversas que aún hay sobre él; el candidato que le compite, el joven tirano Ricardo Anaya, vacuo, con pocas ideas y la mejor de éstas es abrazar la estructura del gobierno de coalición que le permitiera después construir un equipo viable. Acercándose o alejándose, según se le mire, está el  mero ciudadano Meade, quien estaría apostando a remontar las encuestas.  Todo lo cual estaría abonando a la eventualidad de una tercera alternancia en la joven democracia mexicana.

Pero nada está dicho. Qué paradoja que algunos actores lamenten la incertidumbre democrática y ello constituya un riesgo para la economía o el país.

3.

Segundo, la muy probable conclusión del TLCAN. Convertido en moneda de cambio por el irascible presidente Trump, el futuro del TLCAN está en ciernes, pues la rigidez del grupo negociador estadounidense es más que evidente. Lo que el gobierno de Trump quiere no es un tratado trilateral en el que todos ganen, sino un acuerdo asimétrico en el que sólo Estados Unidos lo haga. Por ello, ha insistido en las inaceptables píldoras venenosas, como son la cláusula de extinción quinquenal, la resolución de controversias en tribunales estadounidenses, el establecimiento de ventanas estacionales a productos agropecuarios y las reglas de origen en 85%, 50% de las cuales deben favorecerles. Quizá algo se logrará ahora que se reúnan los presidentes Trump y Peña en Washington, a la par que sucede el séptimo round de tan compleja negociación. Qué paradoja, el concepto de “comercio justo” de Trump es equivalente a las prácticas absolutistas de China, donde sólo se vende, pero se compra poco.

4.

Tercero, el impacto de la revolución fiscal de Estados Unidos en México y el resto del mundo. Para el SAT, Estados Unidos se estarían convirtiendo en un paraíso fiscal. La revolución fiscal, que reduce los impuestos pero eleva el gasto público es algo impensable en la ortodoxia miltoniana prevaleciente en la tecnocracia de la escuela de Chicago, pero al presidente Trump le está funcionando en su relación con los electores, pues podría presentarse en las elecciones intermedias como un político preocupado porque haya más dinero en el bolsillo de los ciudadanos y en las tesorerías de las empresas para consumir, invertir y generar empleos. Qué paradoja, lo que sea bueno para Estados Unidos ahora podría resultar muy malo para México.

5.

En este sentido, los electores tendrían que valorar los riesgos entre un regular pájaro en mano o un mítico ciento volando y aventurar un cambio en circunstancias adversas.  Lo que debiera ser claro es que no habrá un milagro, las circunstancias seguirán siendo adversas a nuestro país, pues salvo la primera, lo demás no depende de la voluntad propia.

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