Luis M Cruz

1. En el análisis de la opinión pública, el inminente segundo debate de la contienda presidencial ocupa el imaginario. Las actividades públicas de los candidatos aparecen ponderadas según la aceptación que reportan las encuestas. En este sentido, dado que las mediciones arrojan a un puntero corriendo en solitario a bastante distancia de quienes le siguen, así como una situación ambigua en el segundo lugar en que algunas veces se sitúa al candidato perrepán y otras al ciudadano Meade —los independientes no están pintando­—, se ha gestado una tendencia para propiciar el llamado “voto estratégico” y buscar reducir la complejidad de una elección múltiple a un duelo entre dos. El segundo debate será entonces crucial para establecer el carácter competitivo de la elección presidencial; si se estaría definiendo un vuelco al puntero, acercándolo a la marca del 50% o más de las preferencias efectivas, o bien, si se define un contendiente “retador” por así decirlo, que aglutine el porcentaje necesario para definir la votación final; o ir un poco más lejos, si volviera a repetirse lo que había en diciembre, un duelo entre tres, una elección dividida en tercios, donde cualquiera podría ganar al final.

2. El segundo debate, como es sabido, tendrá lugar en la ciudad de Tijuana, en una sede universitaria y será conducido por los periodistas Yuriria Sierra y León Krauze; el formato permitirá nuevamente los intercambios, dispondrán de 30 segundos más en cada intervención y habrá lugar para unas seis preguntas del público presente, quienes podrán hacer el interrogante de manera directa a uno o varios de los candidatos presidenciales. El objetivo, dicen, es que las preguntas detonen discusiones moderadas por los conductores, lo que podría agregar algo de espontaneidad y riesgo para los debatientes. Los temas serán Comercio Exterior, Inversión y Migración, si bien lo relevante será la capacidad de cada quien para transmitir su mensaje y conectar con el electorado. En esto, como bien dice Carlos Elizondo Mayer, “los de adelante corren mucho y los de atrás se quedarán” a menos que inviertan en audacia y originalidad.

3. Al respecto, cabe considerar lo que Javier Tello señala en un análisis publicado en Nexos, que lo que está sucediendo en el escenario electoral trasciende a la personalidad de l@s candidat@s y tiene que ver más con el ánimo del público receptor. Hay cuatro características principales de la demanda política en estos días aciagos en que lo predecible ha dejado de existir. En primer lugar, un intenso hartazgo ciudadano; luego, en segundo, una clara receptividad a la narrativa populista. En tercero, una larga y compleja lista de temas sustantivos y relevantes para los ciudadanos y, por último, cuarto, una enorme volatilidad del voto; los ciudadanos están enojados, exigen, quieren soluciones (fáciles y providenciales de preferencia) y muchos aún no han consolidado su elección, pudiendo virar en cualquier momento.

4. Algo en lo que coinciden también otros analistas, es que José Antonio Meade requiere ir al todo por el todo; no habrá un día después si se le percibe fuera del ring, para ello ha rediseñado su campaña para definirse como una opción capaz de detener a López Obrador. Tendrá que ir, indudablemente, del “yo mero” al “ya mero”, buscando convencer al auditorio de que él es quien estará realmente en las boletas como una opción de cambio con certidumbre.

5. Entre tanto, los números siguen su danza; en algunas encuestas se presenta una franja de indecisos entre 20 y 25%, ubicando al señor López entre 29 y 39%, mostrando también recuperación del ciudadano Meade por encima de 20 o 23%, el candidato perrepán en 24% a 27%, situándose Zavala en 4% y al Bronco apenas 2 por ciento.

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