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Viernes 28 de abril, 2017 | 4:55 pm

¿Qué significa ser una empresa “socialmente responsable”?

Mauricio Gonzalez Lara | Jueves 15 de diciembre, 2016

PERDIDO EN EL SIGLO | La columna de Mauricio González Lara @mauroforever

El interés por la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) ha aumentado exponencialmente en años recientes. El concepto ya es un lugar común en el debate empresarial. Basta ver el alto número de compañías de diferentes tamaños que se acercan a instituciones como el Centro Mexicano de Filantropía (Cemefi) en busca de una acreditación que valide su interés en la materia. O la cantidad de instituciones que gastan millones en promocionar las donaciones que sus fundaciones realizan a diversas causas. O incluso el número de empresas que aún conciben donar al Teletón como una acción de alto impacto.

 

No cabe duda que el grueso de las organizaciones mexicanas desea ser “socialmente responsable”;  por otro lado, también es cierto es que esa intención rara vez se traduce en acciones que vayan más allá de las relaciones públicas o la búsqueda de un distintivo. Las empresas, de hecho, exhiben cierta confusión cuando se les pide definir qué entienden por responsabilidad social. Las organizaciones tienden a caer en dos malentendidos:

 

1) Primer malentendido: Una compañía es “socialmente responsable” si genera ingresos para sus accionistas y cumple con la ley. Esta visión es un anacronismo que data de los tiempos del monetarismo propuesto por  Milton Friedman, premio Nobel de 1976.  La legitimidad de una corporación no se reduce a generar utilidades para los accionistas, sino también abarca su habilidad para estar a la altura de las expectativas de los diversos constituyentes que contribuyen a su desarrollo y trascendencia. Estos constituyentes son los stakeholders o “partes interesadas” de la corporación (clientes, aliados, proveedores, protagonistas sociales y políticos). Consecuentemente, la corporación debe comprometerse a crear riqueza, desarrollo y bienestar para todas sus “partes interesadas”.

 

2) Segundo malentendido: Una compañía es “socialmente responsable” si destina parte de sus ingresos a la filantropía. Es un error. Por loables que sean, las acciones filantrópicas son actividades focalizadas a una causa específica. La filantropía es una obra de naturaleza individual, no empresarial; una labor más identificada con la magnanimidad de la persona (del empresario o inclusive el ciudadano común), que con una política institucionalizada de la organización. Cuando los emporios emprenden acciones filantrópicas motivadas por la misión personal de sus directivos, no existe seguridad de que una vez que se dé el relevo generacional, la dirección entrante continúe el ejercicio filantrópico, o si así lo hace, que escoja otra causa y la ayuda degenere en una contribución cosmética e ineficiente. De ahí la importancia de adoptar un verdadero programa institucional de RSE.

 

La Responsabilidad Social Empresarial es una cultura de gestión que vincula a la empresa con el bienestar de la sociedad a través de cuatro pilares básicos: promoción y desarrollo de los integrantes de la organización, ayuda a la mejora constante de la comunidad, ética en la toma de decisiones y sustentabilidad ambiental.

 

Los generadores de influencia al interior de las sociedades —sean organizaciones no gubernamentales, medios de comunicación o personajes prominentes— demandan que las corporaciones obtengan ingresos sólo a través de comportamientos responsables. Ser socialmente responsable entraña beneficios económicos como el incremento de ventas y dominio del mercado, un mayor posicionamiento de marca, atracción, retención y desarrollo del talento ejecutivo, y aumento de valor para inversionistas y accionistas. No es una cuestión de ser “bueno”, sino de mantenerse competitivo en un mercado cada vez más demandante.