Ana Saldaña

A lo largo de los años, he llegado a la conclusión de que podemos clasificar a los sommeliers en dos distintos grupos: los arrogantes y los amigos del vino.  Los arrogantes en lo personal, me parecen insoportables. En lugar de enfocarse en ofrecerle al cliente la mejor experiencia en su restaurante, parecería que lo importante es ensartarte con una botella cara, utilizando lenguaje complejo y en ocasiones me ha tocado que hasta corrige al comensal pensando que eso demuestra sus conocimientos superiores en cuestiones de vino, lo cual obviamente es todo lo contrario. 

En cambio, los amigos del vino (que cada vez son los más y que siempre me hacen sonreír y disfrutar la experiencia), están dispuestos a compartir su conocimiento y te ayudan sin pretensiones a seleccionar un vino que te guste, en el rango de precio que le solicites. Es una delicia toparte con éste segundo tipo de sommeliers. No sólo dominan los vinos de su carta, sino que también te ofrecen la oportunidad de explorar, de conocer nuevas etiquetas y regiones no tan conocidas. Es una verdadera aventura en términos enológicos poder probar y ampliar nuestros conocimientos en materia de vinos con la ayuda de un experto.

También existe un tercer grupo, los que sin ser sommeliers, se sienten capacitados para ofrecer sus recomendaciones. Son meseros que sienten que una charla de un importador sobre algún vino los ha vuelto expertos y ni siquiera dejan al comensal explorar la carta de vinos. Y bueno aún peor si eres mujer. Justo recientemente casi me da el soponcio cuando el mesero me dijo “mire le recomiendo este vino que esta dulcecito para usted damita”. Pero bueno, que se le va a hacer.

Otra cosa que he aprendido cuando se trata de pedir vinos en un restaurante, es que para poder aprovechar a un sommelier amigo, es necesario aprender a articular y comunicar tus preferencias. ¿Pero dónde empezar?

1) Evita utilizar lenguaje típico del vino (como tanicidad, aromas terciarios, seco o dulce) si no los entiendes muy bien. A veces puede crear más confusión. Expresa tus preferencias en tus propias palabras. Una parte importante del trabajo del sommelier es aprender a escuchar al comensal y entender lo que está buscando. A veces ayuda mucho pedir el vino una vez que los comensales ya decidieron que van a comer, para así pedirle que te ayude a seleccionar una botella que sea un maridaje ideal para los platillos. Sin duda, es mucho más disfrutable una copa de vino, cuando acompaña a la comida.

2) El pedir un vino caro, no garantiza que será una buena experiencia. Aquí aplica pedirle al sommelier un vino bueno, bonito y barato. Sobre todo, cuando en la mayoría de los restaurantes ya existe un sobreprecio importante en el costo del vino que si bien te va es del 30% sobre el precio en que lo compró. Muchas veces los vinos caros no valen su precio en la carta, sobre todo cuando uno se percata que en una vinatería costarían mucho menos.

3) Prueba nuevas cosas. Aprovecha que cuentas con la ayuda de un experto para salirte de tu zona de confort en cuestión de vinos. Platícale al sommelier sobre los vinos que normalmente te gustan pedir. Tal vez un vino de cierta región o una etiqueta en particular. Pídele que te recomiende alguna botella parecida que podría también gustarte.

4) Ahora con la tecnología y la cámaras en los celulares, recomiendo llevar un archivo visual de los vinos que has probado y te han gustado. A veces una imagen dice más que mil palabras. Así, será mucho más fácil para el sommelier entender tus gustos, pero sobre todo, no tendrás que romperte la cabeza tratando de recordar el vino que te gustó. Siempre tendrás la lista de tus vinos favoritos disponibles en la palma de tu mano.

5) Si es posible, pide la botella completa. Es raro el restaurante que maneje un buen vino por copeo con una buena relación precio calidad. Muchas veces corres el riesgo de que el vino ya no esté en condiciones óptimas si se abrió hace tiempo o si no se conservó adecuadamente. Además, si uno hace las cuentas, muchas veces acabas pagando más si tomas  varias copas del vino de la casa, que si hubieses pedido la botella completa. Normalmente, de una botella de 750 ml, salen 6 copas de vino. Por lo mismo es importante preguntar antes de pedir una copa de vino, si alguien más en la mesa va a pedir vino y cuántas copas piensa tomarse, para así hacer las cuentas y ver que resulta más óptimo, si tomar el vino de la casa o comprar una buena botella.

Así, te invito a aprovechar que en los restaurantes cada vez encontramos más y más sommeliers amigos para que poco a poco vayas ampliando tus horizontes en cuestiones enológicas. Estoy convencida que para saber de vino, hay que probar y probar. Habrá veces que el vino no te encante, pero mientras más pruebes, será cada vez más fácil pedir un vino que disfrutes y te brinde un momento memorable.

Espero que tengas un fabuloso día y recuerda, ¡hay que buscar el sabor de la vida!

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