Ana Saldaña

En estas tardes lluviosas de verano, para mí no hay más grande placer que tomar una taza de té en mis manos y dejar que su calor y sus aromas me envuelvan y me transporten a lugares lejanos como la India, China o Japón. Sin embargo, tengo que confesar que cuando se trata de tés, soy una purista. Huyo a toda costa de las bolsitas que más que té, producen agua de calcetín, así como de los tés aromatizados con sabores artificiales de frutas. Prefiero los tés negros provenientes de una buena planta de té que normalmente pueden comprarse sueltos en tiendas especializadas. Para las tardes en que quiero relajarme, me encantan las tisanas, que por cierto son erróneamente consideradas té. Las tisanas más que té, son hojas comestibles que se infusionan para preparar una bebida caliente, como la manzanilla, menta o lavanda.

El auténtico té proviene de la planta “Camellia Sinesis” (con varias subespecies dependiendo de la región). La planta del té, para crecer requiere de un clima tropical y húmedo. Al igual que el café, el té más fino se da en climas más templados con mayor altura, ya que el clima templado desacelera el crecimiento de la planta, hace que el arbusto sea más compacto y esto resulta en una mayor intensidad de sabor. Además, cada región, la altura, el tipo de tierra y clima incidirán en el sabor, calidad y carácter de la hoja. A pesar de que el té se cultiva en más de 40 países, el mejor té del mundo, según los expertos, se elabora en 5 países: China, Japón, Taiwán, India y Sri Lanka (antiguamente Ceylán).

Cuando hablamos de un té de buena calidad, las hojas de la planta son desprendidas manualmente y después son procesadas de maneras distintas para convertirse en distintos tés, con sabores variados. Primordialmente hay 3 tipos de té: (1) el té negro, (2) el verde y blanco (que se distinguen por el momento en que se cultiva la hoja) y (3) el oolong y pouchong (que se distinguen por el nivel de fermentación). Todas las hojas de té primero se secan naturalmente y una vez secas, se les trata con distintos niveles de oxidación o exposición al aire. El té negro, es el más consumido en el mundo.

Una vez seco, se enrolla para obtener la presencia de los jugos en las hojas y después son oxidadas, fermentadas y expuestas al calor para obtener un color cobrizo. El té verde y blanco no se fermentan. Populares en China y Japón no se oxidan, sino que son vaporizados para retardar la enzimas que reaccionarán con el oxígeno y que podrían resultar en la fermentación. El té oolong y pouchong, son semi-oxidados y sus hojas tienen tonalidades verdes y cafés.

De estas tres principales variedades, se desprenden todos los tés que tomamos, en donde cada región elabora tés específicos con distintos nombres a pesar de provenir de la misma planta. Algunos tés pueden aromatizarse con flores, como el té de jazmín o podrían aromatizarse con esencia de alguna fruta, como el Earl Grey, que es aromatizado con bergamota que proviene de la cáscara de naranja del mismo nombre. Otros son producto de un blend como el English Breakfast (aunque dependiendo de la marca podría ser elaborado únicamente con té negro chino Keemun).

Una vez que los tés se han procesado, son calificados por su apariencia. El té de mejor calidad es el té que mantiene la hoja completa, que no tiene tallos, que posee intensidad de color y con la presencia de brotes. El de menor calidad, es el polvo.

Sin embargo, no sirve tener el mejor té en casa, si no sabes cómo prepararlo. Por lo mismo, te comparto 5 elementos que te ayudarán a preparar una taza de té perfecta:

1) Agua. Empieza con una agua de buena calidad. Una porcentaje importante del té es el agua, por lo que hay que buscar el agua más pura.

2) Compra té de buena calidad. Evita las bolsitas o el té en polvo. Hoy en día en la ciudad de México existen tiendas especializadas en donde podrás comprar tés de muy buena calidad.

3) Cantidad. 1 a 2 cucharadas de té por una taza de 8 onzas.

4) Temperatura del agua. Este es el punto más crítico. Sin importar el tipo de aparato que utilices, debes poner a hervir el agua y luego dejar que se enfríe unos minutos antes de preparar tu té. Si usas agua hirviendo, sobre todo para tés verdes, se quemarán las hojas.  (Para aprender más sobre temperaturas, te recomiendo veas una columna anterior donde hablo de este tema: http://www.ejecentral.com.mx/una-buena-taza-de-te/)

5) Infusión. Hay muchos aparatos para infusionar el té. Puedes prepararlo en una tetera o utilizar las bolas de té metálicas, o los infusores de tela que parecen calcetines o hasta filtros. Lo importante es que siempre, las hojas tengan suficiente espacio para expandirse dentro del infusor. Dependiendo del tipo de té, esté requerirá distintos tiempos de infusión. El agua caliente siempre debe servirse sobre las hojas del té, nunca debes poner el té dentro del agua. Además si excedes el tiempo de infusión, las hojas se tornarán amargas, por lo que arruinarás el sabor delicado de las hojas. Un té nunca debería de infusionarse por más de 5 minutos.

Sin duda, preparar y encontrar un buen té es un arte. Adentrarte en el mundo del té puede convertirse en una experiencia divertida y abrir toda una gama de aromas nuevos para tu día a día. El té en muchas culturas se utiliza para dar la bienvenida cuando llega un visitante a casa, en otras, es visto como una herramienta para alcanzar la inspiración y meditación. Sin importar la ocasión, no hay nada como una buena taza de té, ya sea sólo o acompañado. Te transportará y renovará.

Espero que tengas un maravilloso día y recuerda; ¡hay que buscar el sabor de la vida!

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