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Sábado 25 de octubre, 2014 | 12:32 am

¿Quién ganó el debate?

Javier Arcadia | Jueves 10 de mayo, 2012

Maniobras políticas las del fut-bol y la playmate, destinadas a distraer a la opinión pública y a la ciudadanía, como si fueran veneno eficaz que te aparta de la realidad y de los temas de verdadero interés.

El debate que sostuvieron los candidatos presidenciales el domingo pasado, para empezar, como fuimos testigos, estuvo precedido de una absurda discusión relacionada con el fut-bol. Sí, nomás eso nos faltaba, que cuando ya llegaba el día esperado por todos los mexicanos, es decir, la fecha y hora para la realización y trasmisión televisiva de ese importante evento político, sucede lo inesperado, que a la mero momento se atraviesa el “sagrado fut-bol”, que las televisoras dizque “generosamente”  lo transmiten en los canales de mayor cobertura nacional para el disfrute y deleite de todos los aficionados a este deporte, que aquí entre nos, un fut-bol aun mediocre por cierto. Razón por la que el famoso debate fue relegado a un segundo término al haberse  transmitido en canales televisivos de menor audiencia.

 

Pero eso no es todo, porque luego en el tan cacareado debate vino la sorpresita de la noche, la que con seguridad deliberadamente y con toda intención, nuestro dizque intachable e impoluto IFE, nos regaló a los mexicanos, ya que resulta que cuando solemnemente todo está preparado y cada uno de los candidatos presidenciales están listos en su respectivos atril, desde donde lanzarán sus propuestas y controvertirán las de los  contrarios, aparece para asignarles el orden de participación, con urna transparente en mano, una despampanante y llamativa  edecán, otros dirían un verdadero bombón, con un vestido exageradamente entallado y escotado que le hizo delinear perfectamente sus voluminosos y sensuales atributos femeniles.

 

Causó tal efecto la guapa mujer, al parecer participante también en revistas del playboy, que se dijo, al término del debate, que ella se llevó la noche. Las diversas opiniones no se hicieron esperar, como quienes sostenían que esa fue una maniobra distractora para los candidatos, de lo cual no es cierto, si acaso al único que se vio inquieto fue dizque al brillante ambientalista, que más bien mostraba aires de científico loco, el de las propuestas dizque innovadoras, Gabriel Quadri, candidato del PANAL, ya que cuando vio a la edecán, pareciera que le iba a dar una especie de temblorina epiléptica y más cuando le siguió sus movimientos cadenciosos con mirada quizá turbada y concupiscente. Peña Nieto cuando la tuvo a corta distancia, y dada su tendencia banal, a lo mejor vagamente no descartó volverse a casar, más si se trata de alguien que esté ligada a televisa.

 

Pero la verdad sea dicha, el IFE la contrató para que participara como edecán bajo esa sutileza y exquisitez, con ese desparpajo y esa vestimenta y dejo provocativo, con lo que seguro pretendió desviar la atención no de los aspirantes presidenciales, pero sí del público televidente y con ello restarle seriedad e importancia a un ejercicio democrático como lo es un debate. Acto que en experiencias ajenas muestra que súbitamente es capaz de cambiar la correlación de fuerzas políticas y la percepción que se tenga de los candidatos hasta llegar a determinar anticipadamente al triunfador de una elección. Sin embargo, esta institución organizadora de elecciones, deliberadamente con ello trivializó ese importante evento al burdalizar el debate. 

 

Maniobras políticas las del fut-bol y la playmate,  destinadas a distraer a la opinión pública y a la ciudadanía, como si fueran veneno eficaz que te aparta de la realidad y de los temas de verdadero interés.

 

Esto seguro para proteger a Peña Nieto por el temor de que lo llegasen a derrumbaran en sus artificiosas y frágiles preferencias electorales.

 

Pero las televisoras y el IFE en esta ocasión me parece que fallaron el tiro al equivocarse con su estrategia manipuladora, ya que el público ciudadano no se la tragó tan fácilmente como hubiera sucedido en otros tiempos, por el contrario por sus opiniones del día siguiente demuestra que hoy sabe distinguir y tiene la suficiente capacidad de discernimiento respecto a las cuestiones de naturaleza política y con ello elegir no al candidato que la televisión pretenda imponerle, sino al que le convenza.

 

Bueno, pero al volver a lo que es el punto central del tema, lo que en sí es la parte seria, relativa al debate, podría decirse que en el caso de Andrés Manuel López Obrador, su participación la enderezó con vehemencia e insistencia al dirigirse al electorado para pedirle que esta vez razone su voto, poniendo énfasis en que será la única oportunidad de cambiar las desastrosas condiciones de país causadas por gobiernos priistas y panistas.

 

Tambaleo a Peña Nieto varias veces con los demoledores dardos que le lanzó al señalarle que él era hechura de su tío Arturo Montiel y que atrás de él estaba Carlos Salinas. Desde luego que entre más se defendía Peña Nieto el castigo le venía más duro de parte de AMLO. Ejemplo claro de ello es cuando Peña Nieto le revira el caso de René Bejarano, pero López Obrador, muy inteligente complementa el señalamiento al replicarle que también Ponce había caído en la corrupción, pero que este llevaba ocho años en la cárcel y Bejarano también había sido encarcelado por sus errores, para luego controvertirle que en cambio a Montiel que se le acusó de corruptazo, simplemente nunca se le tocó y que como prueba de ello era que él, Peña Nieto, estaba ahí, ahora sí que debatiendo.

 

No obstante, me parece que López Obrador pecó de exceso de confianza, porque pudo haber acabado con su adversario, pero seguro que no sucedió así al desdeñar prepararse específicamente para ese debate, ya que dio la impresión que llegó a ese encuentro para participar con un estilo improvisado. 

 

Por su parte la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, que estuvo repasando y repasando lo que iba a decir en ese evento, pues aunque le asestó ataques fuertes a Peña Nieto, no fueron tan contundentes porque se le vio apresada por un manojo de nervios, más cuando no supo contestar el por qué faltó tanto a sus obligaciones legislativas y por qué en una ocasión se atrevió a cobrar su sueldo sin ir a trabajar.

 

Todos se manifestaron ganadores del debate, aunque los hechos dicen más que las palabras, ya que en el caso de Peña Nieto, como si se hubiese retirado todo escopeteado se fue a recluir a lo más recóndito de la sede del PRI, lo que evidenció que se sintió derrotado, porque de lo contrario sus seguidores y él triunfalistamente, como es la costumbre del PRI,  se hubieran ido a festejar al Ángel de la Independencia, tal como lo tenían previsto. Josefina con los suyos a celebrar, según ella, de que había ganado el debate. Quadri, el que entró como de relleno a esa arena política, seguro que solitario se retiró en su combi, quizá nada más perplejo por la despampanante y guapa modelo. En cambio López Obrador, todavía con el ánimo muy  en alto, convencido de que sus dardos dieron en el blanco, se dirigió al zócalo para encabezar un mitin con más de cinco mil seguidores que contentos lo esperaban sabedores de que su líder había ganado el debate.

 

Ante todo ello y a pesar de las vicisitudes del evento, creo que quien al final ganó fue la ciudadanía, porque ahora tendrá más elementos para tomar una decisión el día de la jornada electoral. Lo veremos.

 

Pálida tinta: En Francia la izquierda de ese país el pasado domingo ganó las elecciones presidenciales, con su candidato Francois Hollande, ¿acaso será un preludio de lo que ocurrirá con la izquierda mexicana el primero de julio? Si es así, López Obrador será Presidente de México. 

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