Foto: Tomada de www.theintercept .com

Compartir

Zaid Jilani

Los afroamericanos están desproporcionadamente representados en las cárceles de Estados Unidos; en las estatales hay una tasa 5.1 veces mayor que los estadounidenses blancos.

Un nuevo informe del People’s Policy Project argumenta que, si bien ambos factores existen, lo que más importa es la opresión económica.

El investigador Nathaniel Lewis examinó el papel de la raza y la clase en el encarcelamiento masculino y cómo impactan en cuatro resultados diferentes:

1. Si los hombres de entre 24 y 32 años han estado o no en la cárcel

2. Si los hombres son encarcelados o no después de ser arrestados

3. Si los hombres han pasado más de un mes en la cárcel

4. Si los hombres han pasado más de un año en la cárcel

Lewis utilizó datos del Estudio Longitudinal Nacional de Salud de Adolescentes a Adultos (conocido como Add Health), que siguió a una muestra nacional representativa de estadounidenses que estaban en los grados 7 a 12 entre 1994 y 1995. La cuarta ola de la muestra se recolectó en 2008, cuando tenían entre 24 y 32 años.

Su investigación encontró que “aunque la clase tiene un gran efecto estadísticamente significativo en los primeros tres resultados, la raza no”.

Lewis descubrió que “aunque para todos menos uno de los siete modelos, el efecto de estar en medio en vez de en el nivel inferior era más fuerte que el efecto de ser blanco en lugar de negro”. En otras palabras, la gente de clase media y rica tenían la misma probabilidad de haber cumplido más de un año de prisión sin importar la raza, pero una persona negra pobre era más propensa a hacerlo que una pobre blanca.

Los resultados contradicen la percepción generalizada en gran parte de la izquierda política, que sostiene que el sistema estadounidense de encarcelamiento masivo se basa en el prejuicio racial y la discriminación. The New Jim Crow, de Michelle Alexander, publicada en 2010, estuvo en la lista de best sellers del New York Times durante más de un año y fue bautizada como “la biblia secular de un nuevo movimiento social” por el filósofo y activista Cornel West.

Para el argumento de Alexander es central la historia de esa opresión, comenzando con su exploración de un sistema económico que llevó a los afroamericanos a la pobreza, respaldado por un sistema de racismo destinado a dividir a blancos pobres de afroamericanos pobres para evitar la formación de un partido populista transracial de la clase trabajadora. Alexander destaca la destrucción del Partido Populista después de la Reconstrucción, un intento serio de una coalición transracial.

Algunas tácticas de explotación económica racista del siglo XIX —sobre todo atrapando a los afroamericanos en una deuda aplastante— existen hoy en día, al igual que otras, como negarse a dar trabajo a los afroamericanos, aunque de forma más sutil en el siglo XXI. Al “blanquear” un currículum vitae, es más probable que un solicitante negro reciba una llamada para una entrevista de trabajo.

La conclusión de Lewis es similar a la del profesor Cedric Johnson, profesor de estudios afroamericanos en la Universidad de Illinois en Chicago, argumenta que “los patrones contemporáneos de encarcelamiento y violencia policial se clasifican de una manera que no se restringe a los afroamericanos y cuya dinámica central no se puede explicar a través del racismo institucional”. En cambio, Johnson ve el estado moderno de las prisiones en Estados Unidos como un medio por el cual los estadounidenses que no pueden encontrar un empleo digno y los estándares de vida son descartados.

En una entrevista con The Intercept, Lewis explicó por qué podemos ver una divergencia sobre la cuarta pregunta.

“Un aspecto podría ser que aquí es donde veríamos la culminación del efecto racial. Es decir, el estudio no encuentra un efecto racial ‘estadísticamente significativo’ para ninguno de los otros resultados, pero eso no significa que no haya uno, sólo que es probablemente mucho más pequeño de lo que la mayoría de la gente piensa”, dijo Lewis a través de un correo electrónico. “Si hay un pequeño sesgo racial en cada paso del camino (es decir, tasas de arresto, tasas iniciales de encarcelamiento, términos de sentencias), un estudio como este no lo consideraría estadísticamente significativo en una determinada etapa, pero cuando se suman, como lo es en la última pregunta, podríamos ver un efecto significativo, tanto en el sentido técnico como en el sentido común”.

Ese sesgo racial a cada paso del camino se expresa incluso en las escuelas, donde los estudiantes afroamericanos son cuatro veces más propensos a ser suspendidos, y en las calles.

La explicación sobre el sesgo de sentencia es particularmente convincente a la luz de la investigación publicada por la Comisión de Sentencias de Estados Unidos a fines del año pasado. Su informe de noviembre de 2017 analizó los datos de las sentencias federales y concluyó que “los delincuentes masculinos afroamericanos recibieron penas en promedio 19.1% más que los delincuentes blancos de situación similar” entre los años fiscales 2012 y 2016.

Finalmente, Lewis concluyó que sus datos demostraban que la razón principal por la que vemos una representación excesiva de afroamericanos en el sistema de justicia penal son factores relacionados con la pobreza.

“Creo que la gente está acostumbrada a escuchar las estadísticas sobre las flagrantes disparidades raciales en el sistema judicial, y la brutalización policial y el asesinato policial de afroamericanos, además de la larga historia de racismo en Estados Unidos, y suman todo esto, bastante razonablemente, así, el marco de New Jim Crow para explicar el encarcelamiento masivo como un sistema racista diseñado para oprimir a la gente negra parece indiscutiblemente correcto”, dijo. “Pero la mayoría de estos estudios y estadísticas no controlan el estado socioeconómico, y los que sí lo hacen, diría, lo hacen de manera inadecuada. Podría ser que el encarcelamiento en masa sea principalmente un sistema de administración de personas pobres, en lugar de personas negras, y las disparidades raciales aparecen principalmente porque los afroamericanos están desproporcionadamente representados en las clases más bajas”.

Lewis concluyó que su investigación sugiere que una de las mejores formas de reducir la población carcelaria total sería adoptar una política socialdemócrata que aborde la pobreza, la brecha educativa y otras divisiones de clase.

“Una implicación, al menos para mí, es que las políticas destinadas a aliviar las disparidades de clase pueden ser la forma más efectiva de ayudar a las personas negras, y a todas las personas, a someterse al sistema de justicia penal”, dijo.

Traducción: Carlos Morales

Compartir