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El presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Raúl Plascencia, está tratando de recuperar aceleradamente credibilidad, pero está teniendo pocos resultados. Su descrédito al avalar la versión oficial sobre la matanza en Tlatlaya en el estado de México –que el propio Ejército tomó la iniciativa de corregir-, se sumó a la forma como dio todo el respaldo a las leyes represoras en Puebla para el uso de la fuerza. La condescendencia del doctor Plascencia con las instituciones públicas es un mal precedente para el presidente de la CNDH, que dicen los que saben, llegó al cargo por la influencia del entonces secretario de Gobierno de Baja California –y futuro secretario de Gobernación-, con el presidente Felipe CalderónFrancisco Blake, de quien fue compañero en la universidad.

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