Juan Antonio Le Clercq

Por alguna extraña razón, el gobierno mexicano confía en construir acuerdos razonables con el gobierno de Donald Trump. Me imagino que cuentan con la información suficiente, al menos más que el común de los mortales ciudadanos, para pensar que al final se impondrán el sentido común y el pragmatismo en la mente del 45º.Presidente de los Estados Unidos.

El gobierno mexicano ha demostrado tener prisa, muchísima prisa, por acercarse, tomarse fotos y establecer un diálogo personalísimo con Trump a través de su yerno, Jared Kushner. En menos de un mes ha habido un intento de encuentro presidencial (pospuesto indefinidamente), dos viajes del canciller que han terminado en ridículo, una llamada telefónica (filtrada) y ahora la visita a México del Secretario de Estado, Rex Tillerson.

La estrategia mexicana ante el gobierno de Donald Trump aparentemente se orienta por tres criterios: 1) actuar de prisa, de preferencia al mismo ritmo vertiginoso que ha impuesto del propio Trump; 2) abrir la puerta de la Oficina Oval a través del yerno asesor; 3) envolverse en la bandera nacional y repetir hasta el cansancio que la prioridad es proteger a los paisanos y promover la unidad ante la amenaza externa.

En el camino el gobierno ha abierto mesas de diálogo con el sector privado para analizar una eventual negociación del TLCAN, esfuerzo cuyos resultados pueden diluirse si el Presidente y su Canciller siguen cometiendo errores elementales en el acercamiento con nuestro vecino del Norte.

No hay duda que el contexto es extraordinariamente complejo y que nuestro país, más allá de los dislates de esta administración, se encuentra en una posición de alta vulnerabilidad ante las decisiones u ocurrencia de Trump. Pero ayudaría cerrar el margen de error y superar la ingenuidad de creer que en algún momento el Presidente de los Estados Unidos se comportará en forma más razonable y prudente hacia México. Más que nunca, el realismo debe convertirse en nuestro marco de referencia conceptual.

En cualquier negociación con el gobierno de Trump, nuestras autoridades deben considerar:

1)    Cuando claman America First están diciendo eso literalmente, la disposición a pasar por encima de nosotros si eso maximiza sus intereses;

2)    El uso de la mentira no es un accidente circunstancial, representa una táctica deliberada dirigida a debilitar rivales y articular a bases de apoyo tan desinformadas como movidas por la emoción, en respaldo a decisiones públicas polémicas, caprichosas o incluso ilegales;

3)    Es muy probable que cualquier acuerdo alcanzado con Trump se venga abajo como resultado de twitts presidenciales impulsivos o por el sabotaje deliberado desde la Casa Blanca, como ocurrió con la filtración de la llamada presidencial y los rumores sobre la presunta participación de Luis Videgaray en la redacción del discurso sobre la construcción del muro fronterizo.

4)    Hablar con los subordinados no equivale necesariamente a alcanzar acuerdos con Trump ni mucho menos garantiza que estos se implementarán en los términos acordados. Tanto la dialéctica impredecible de un líder tan narcisista como voluntarista, como los equilibrios cortesanos dentro del mismo equipo de Trump,  pueden cambiar el sentido de las corrientes y convertir en papel mojado los acuerdos alcanzados a nivel gabinete.

5)    Los errores del gobierno estadounidense juegan a favor de México y, por lo mismo, nuestros tiempos políticos y diplomáticos no son los mismos que los que ha marcado Trump. El tiempo es un activo que debe ser administrado estratégicamente conforme los errores, las críticas y los conflictos se hagan más evidentes del otro lado de la frontera.

6)    Envolverse en la bandera y llamar a la unidad puede servir para revertir algo el nivel de desastre en que se encuentra la confianza ciudadana en el Presidente. Pero no por mucho repetir la palabra unidad se generarán las alianzas político-diplomáticas que el gobierno necesita en México, los Estados Unidos y el resto del mundo.

7)    Finalmente, el gobierno no debe equivocarse, Trump no es nuestro amigo y no tiene buenas intenciones hacia nuestro país. Nos hemos convertido en la piñata de la política norteamericana en parte porque grupos ultranacionalistas dentro del gobierno ven a nuestro país como un enemigo, pero también porque Trump no va a dudar en atacarnos cada vez que requiera desviar la atención de otros temas o busque el aplauso de sus fieles ante las críticas opositoras.

Twitter: ja_leclercq

*Profesor de Relaciones Internacionales y Ciencia Política, UDLAP

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