Juan Antonio Le Clercq

Vivimos una época de gran incertidumbre global, tiempos marcados por sucesos impensables hace tan solo un lustro. En este contexto, 2019 se perfila como un año de mucha turbulencia que, mal conducida, puede derivar en una nueva crisis económica o mayores conflictos internacionales. Hay que seguir seis eventos con especial atención.

No hay que perder de vista las advertencias del Fondo Monetario Internacional (FBI) sobre la volatilidad de la economía y el riesgo de una nueva crisis financiera global, como resultado de la incapacidad de los mercados financieros para implementar medidas regulatorias efectivas, el aumento de la deuda pública y privada, los conflictos comerciales entre Estados Unidos y China o un Brexit caótico.

Se acaba el plazo para que los británicos definan cómo se van a desconectar de Europa el 29 de marzo. Este año ha resultado un desastre sin paliativos para Theresa May y su margen de maniobra es cercano a cero. En enero deberá intentar que el acuerdo negociado con la Unión Europea reciba el aval del Parlamento, lo cual luce prácticamente imposible. Esta deja tres opciones plausibles: un Brexit sin acuerdo, un segundo referéndum o la caída de May, lo que equivale a formar un gobierno que no tendrá nuevas opciones. Bajo cualquier escenario, Brexit impactará fuerte a la economía global y dejará tocada a la Unión Europea.

Si bien Europa se ve rebasada por los problemas, el panorama luce igualmente complejo para América Latina. La incertidumbre sobre el desempeño económico en la región en los próximos años se suma a división política, liderazgos poco confiables y conflictividad social explosiva. Hay que poner la mira en lo que ocurra con gobiernos que pierden credibilidad aceleradamente como Argentina y Colombia, el primer año de gobierno del ultra Bolsonaro y, por su puesto, al clima de violencia y destrucción de la calidad de vida en Nicaragua y Venezuela.

Siempre será noticia lo que haga Donald Trump, aunque ahora la pregunta es si podrá evitar que las investigaciones sobre la “trama rusa” desemboquen en juicio político. El círculo se cierra cada vez más sobre sus colaboradores cercanos y las revelaciones apuntan crecientemente a la participación directa del presidente estadounidense. Para México esto implica la posibilidad de enfrentar ataques y amenazas de alguien que tiende a utilizar los problemas fronterizos y la relación bilateral como un distractor de política interior. Nuestra cancillería tendrá que ser muy prudente en los próximos acercamientos con nuestro vecino del norte.

En 2018 observamos el fin de las expectativas optimistas sobre el Acuerdo de París y la humanidad debe ahora enfrentar el reto de reducir drásticamente las emisiones globales de CO2 en poco más de una década, si se quiere evitar cambios en la temperatura del planeta por encima de los 2ºC. El problema es que más allá de los discursos bien intencionados, nadie tiene el deseo de aumentar sus contribuciones nacionales mientras que países como Estados Unidos, Australia, Rusia o los países árabes no asuman compromisos o apuesten a sabotear los acuerdos internacionales sobre cambio climático.

Para México el reto principal está en la capacidad del gobierno de López Obrador para aterrizar su programa electoral en acciones de gobierno y que éstas puedan mejorar la seguridad pública, acotar la corrupción o reducir la brecha de desigualdad en el mediano plazo. Por supuesto, igualmente importante será la viabilidad financiera del programa de gobierno y la forma en que el proceso de toma de decisiones, hasta ahora acelerado y errático, garantice certidumbre a los mercados.

A ajustarse los cinturones de seguridad en que la turbulencia política y económica nos hará brincar.

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