Juan Antonio Le Clercq

Las repercusiones más inmediatas de la cancelación del nuevo aeropuerto en Texcoco son de carácter económico, afectando inversiones, generación de empleo y estabilidad del peso, pero el mensaje que envío AMLO el lunes pasado es principalmente político. Nuestro próximo Presidente dejó poco espacio para dudas al respecto de cómo entenderá el proceso de toma de decisiones durante su mandato.

Siendo honestos, no deberíamos estar sorprendidos por la decisión anunciada. Si algo ha caracterizado a AMLO es su constancia y la afirmación reiterada en la misma visión política. Tal vez esperábamos, o más bien deseábamos, ver a un líder político de ideas más flexibles y pragmático en sus decisiones una vez que ganara las elecciones y tuviera que enfrentar el reto de traducir en programa de gobierno lo que era ideario. Lo que observamos el lunes fue a AMLO reafirmando su proyecto político de país, dejando muy en claro que piensa cumplirlo y materializarlo en los próximos seis años.

El momento tampoco fue casual, luego de una transición vertiginosa y por momento desordenada, ante las presiones políticas que el equipo de transición ha recibido desde distintos sectores y faltando un mes para la toma de posesión, para AMLO resultaba necesario reafirmar el sentido y magnitud del cambio que quiere implementar. 

El mensaje político se compone a su vez de cinco mensajes. Mensaje uno: ningún empresario o interés económico estará por encima del Estado, o en este caso, a la visión y el proyecto político que encabezará el Presidente. Lo cual puede interpretarse de dos formas distintas, como un “no habrá más privilegios indebidos o favoritismo para el sector privado” o como un “sólo habrá privilegios para quienes respalden el proyecto del Presidente”. Me inclino por la segunda lectura, el regreso del ogro filantrópico.

Mensaje dos: el proyecto presidencial no se va a supeditar a la voluntad de los mercados financieros o las calificadoras. La economía podrá sacudirse, el peso fluctuar y la bolsa caer, pero el proyecto político seguirá delante y al final la economía volverá a estabilizarse. Esto se llama jugar con fuego.

Mensaje tres: no importan los cuestionamientos de los críticos, adversarios o voces en los medios de comunicación, el proyecto político no se va a detener por la agenda de quienes tienen un interés distinto a la transformación propuesta. En otras palabras, los “conservadores” no van a ser escuchados.

Mensaje cuatro: si bien existen pragmáticos y moderados dentro del equipo de gobierno, se equivocan quienes piensan que estos tendrán la influencia o la fuerza política para detener la implementación de los proyectos prioritarios de gobierno. Lo cual implica que el proyecto se articula desde la visión política del Presidente, no a partir de las recomendaciones de aliados o asesores.

Mensaje cinco: cada vez que se expresen diferencias en torno a la visión política o relevancia de los proyectos del gobierno, se recurrirá a la consulta popular y se tomarán las decisiones respetando el resultado. La consulta al pueblo como mecanismo de apoyo, legitimidad y contrapeso a las voces más críticas. 

Cuando AMLO señala que mejor hay que irse acostumbrando a los cambios que prometió en campaña, lo dice en serio, se equivocan quienes habían imaginado cosas distintas. El nuevo gobierno espera que el sector privado, los medios y los críticos acompañen y respalden tanto el cambio de régimen como el sentido de la política pública que representa su proyecto de Cuarta Transformación.

Lo que vimos esta semana fue más allá que la cancelación de infraestructura pública, representó un manotazo sobre la mesa a críticos y aliados, un “no se hagan bolas” dirigido a todo el país. El mensaje es simplemente el estilo personal de gobernar.

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