Juan Antonio Le Clercq

Semana intensa en la que tres temas dominaron la agenda y sacudieron las redes sociales: el registro de Meade con su cargada partidista y mediática, la discusión sobre la Ley de Seguridad Interior y la amnistía sugerida por López Obrador. Todo lo cual señala hacia un problema común: la derrota de las instituciones civiles y la incapacidad de los actores políticos para ofrecer alternativas razonables de cambio. El péndulo se mueve entre la afirmación celebratoria a lo que no ha funcionado y la ocurrencia irresponsable.

La aprobación de la Ley de Seguridad Interior, con un número vergonzoso de legisladores que se ausentaron de la votación, demuestra el fracaso total de la estrategia de seguridad. Para un gobierno incapaz de encabezar la transformación de las policías y las instituciones de procuración de justicia, la salida fácil es entregar abiertamente la responsabilidad a las fuerzas armadas.

Las autoridades federales y estatales se muestran satisfechas con una ley llena de defectos. Por un lado pueden argumentar que entregaron a las fuerzas armadas el blindaje jurídico que estas demandaban para realizar funciones de seguridad pública; por el otro, logran trasladar su obligación de garantizar la seguridad a los ciudadanos y evaden el trabajo de preparar mejores policías. Lo único seguro es que en el futuro veremos a más gobernadores llamando de emergencia a las fuerzas armadas para que hagan lo que a ellos no les interesa hacer: proteger a los ciudadanos.

En este contexto, López Obrador sorprendió con la idea de “convocar a un diálogo para que se otorgue amnistía, siempre y cuando se cuente con el respaldo de las víctimas, de los familiares de las víctimas”, como forma de contener la violencia y alcanzar la paz. El primer problema ha sido entender “amnistía”, pues sus seguidores responden a las críticas señalando que se sacó la frase de contexto o que sólo es una alternativa a explorar. Sorprende que tras 18 años en campaña López Obrador tenga diagnósticos y propuestas tan vagas frente a problemas que no son nuevos.

Una amnistía para organizaciones criminales presenta problemas importantes. ¿Estamos hablando de un pacto para que los criminales operen sólo dentro de ciertos límites? ¿Se refiere a suspender investigaciones órdenes de aprehensión, procesos judiciales y sentencias a cambio de renunciar a sus actividades criminales? ¿Proponen que el Presidente tenga la facultad de suspender procesos y sentencias a nombre de la paz? Bajo cualquiera de estos supuestos, se invoca el hiper presidencialismo como solución a la inseguridad y violencia.

¿Qué nos dice el precandidato “no priista” del PRI? “Tenemos que movernos en un esquema en el que esa pregunta no sea válida”. Afirmar sin decir nada, toda una forma de entender el debate público. Más que un homenaje involuntario a Tres Patines, Meade señala que lo suyo será el arte de navegar de muertito, sin asumir ningún compromiso de cambio ante los problemas nacionales.

Atrapados por la violencia criminal y la rapiña de recursos públicos, frente a propuestas electorales que nos ofrecen la continuidad acrítica o alternativas de cambio mal pensadas y peor fundamentadas. Nos esperan meses de discusión política agresiva sin sustancia en un momento nacional crítico.

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