Juan Antonio Le Clercq

El segundo debate presidencial representa la última oportunidad de Ricardo Anaya para acercarse a Andrés Manuel López Obrador y para que Meade evite una derrota histórica para el PRI. Si el candidato del Frente no es capaz de ganar el debate en forma contundente y si esto no se traduce en un salto de cuatro o cinco puntos en la intención de voto, podemos considerar que la elección está definida faltando 40 días.

Aun ganando el debate, el panorama no es sencillo para Anaya. La encuesta más reciente de El Financiero perfila una diferencia de hasta 20 puntos entre primero y segundo lugar. A lo que se añade que López Obrador mantiene una tendencia al alza y una intención de voto favorable a Morena en todas las regiones del país. Mientras que Oraculus.mx señala una ventaja de Morena con una intención de voto de entre 41% y 46%, seguido lejanamente por Anaya con entre 27% y 32%. Con estos números, una derrota de López Obrador representaría una sorpresa mayúscula o un fraude monumental.

Todo puede pasar en una campaña, pero estadísticamente hablando es muy poco probable que Anaya o Meade puedan revertir una desventaja de 20 y 26 puntos, respectivamente, en sólo mes y medio. Hace un mes la pregunta era si el primer debate permitiría a Anaya cerrar la brecha, ahora la cuestión es si al menos podrá reducir la distancia a un dígito.

Cinco aspectos me parecen clave en el segundo debate. Primero, habrá que ver la actitud que asuma López Obrador. Si bien su ventaja le permite no arriesgar, navegar nuevamente “de a muertito” y evadir los ataques de sus rivales, puede terminar por costarle algunos puntos. No responder cuestionamientos a los fundamentos del programa económico que ha venido promoviendo puede abrir mayores dudas sobre la viabilidad de su proyecto y un blanco para ataques en las últimas semanas de la campaña.

Segundo, es predecible que Anaya y Meade buscarán cuestionar la capacidad de López Obrador para gobernar centrando sus ataques justamente en su programa económico y su visión de la política exterior. Si el candidato de Morena se confía, apuesta por evasivas o repite lugares comunes, sus rivales pueden causarle mucho daño.

Tercero, Anaya buscará enfocar sus baterías en atacar a López Obrador, pero deberá responder simultáneamente los ataques de Meade. Si consideramos las materias que son objeto de este debate, uno esperaría que tiene una ventaja quien ha conducido la política nacional en materia de Hacienda, Energía, Desarrollo Social y Relaciones Exteriores.

Cuarto, si bien el formato del debate establece una agenda específica para la discusión, Anaya y Meade tratarán de colar algunos temas adicionales para golpear a López Obrador. En este sentido, podemos esperar que la posición de López Obrador sobre la reforma educativa sea objeto de discusión y que los ataques mutuos sobre corrupción ocupen un espacio importante.

Finalmente, la presencia de Margarita Zavala y El Bronco, quienes han entrado en caída libre después del primer debate, será meramente testimonial. Lo que no quita que puedan afectar la estrategia de Anaya o Meade al obligarlos a responder cuestionamientos.

El segundo debate es la última llamada para Anaya y Meade y no hay duda que intentarán provocar una carnicería con el candidato de Morena. Para López Obrador basta con no perder y conservar su ventaja. Lo que es claro es que si después del debate los votantes no perciben claramente una derrota de López Obrador, la tendencia difícilmente cambiará y el resultado estará prácticamente definido.

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