Juan Antonio Le Clercq

La turbulencia política sacude Europa. Reino Unido se aproxima al despeñadero de Brexit, arrastrando consigo a los miembros de la Unión. Macron pierde su liderazgo como resultado de las protestas de los “chalecos amarillos” (ese mismo Macron que tantos invocaron como ejemplo para el caso mexicano). Merkel comienza la retirada dejando un hueco muy difícil de llenar. Siguen irrumpiendo en distintos países los movimientos de extrema derecha contrarios a la migración y a permanecer en la Unión Europea. Los gobiernos con tintes autocráticos o populistas amenazan con provocar la siguiente crisis política en el continente.

A esto se suman los ataques abiertos o disfrazados que llegan desde Estados Unidos y Rusia y un ambiente marcado por la incertidumbre económica. En este sentido, la falta de acuerdo en Brexit puede tener consecuencias imprevisibles para la economía, mientras que Fondo Monetario advierte que hay nubes de tormenta en el horizonte. Un panorama cada vez más complejo.

En este contexto, un grupo de académicos, intelectuales y líderes políticos, encabezados por Thomas Piketty, autor de El Capital en el siglo XXI, han presentado un manifiesto para salvar a Europa de sí misma. El texto intitulado “Manifiesto para la democratización de Europa”, puede consultarse en http://tdem.eu/es/manifiesto-por-la-democratizacion-de-europa/.

El Manifiesto advierte que no se puede continuar la inercia política y el confort tecnocrático que ha impedido definir políticas específicas para responder a las consecuencias de la crisis financiera de 2008 o problemas como la migración, la desigualdad creciente o el cambio climático. La propuesta se centra en profundizar la democratización de la Unión Europa poniendo énfasis en dos aspectos: primero, establecer un presupuesto para la democratización aumentando recursos públicos para reducir las desigualdades al interior de los países; y segundo, mejorar la representatividad de las instituciones creando una asamblea en la que tengan lugar miembros de los legislativos nacionales y el Parlamento Europeo.

La recomendación más interesante, y que estará sujeta a polémica, es la definición del presupuesto para la democratización, en los hechos para inclusión política y social, por un monto de 800 billones de Euros anuales, equivalentes a 4% del PIB de la Unión. Esto implica generar una bolsa a partir del cobro de impuestos a las ganancias de las corporaciones (300 billones), a los ingresos altos en forma progresiva (200 billones), a fortunas y bienes acumulados (220 billones) y a las emisiones de CO2 (80 billones). Los cuales tendrían que dirigirse a innovación y desarrollo tecnológico (200 billones), tecnología verde (80 billones), fondos para atender crisis migratorias (80 billones), apoyos a la industria y la agricultura para alcanzar una transición sustentable (40 billones) y un fondo dividido entre países de acuerdo a su población para que lo gasten acuerdo con sus necesidades sociales (400 billones).

El manifiesto es una propuesta audaz que pone sobre la mesa que el futuro de Europa depende de profundizar la democratización de sus instituciones y corregir las profundas desigualdades sociales. Lo más importante es que saca la calculadora para señalar puntualmente cómo hay que recaudar y dónde gastar. Dos enseñanzas para México: 1) cuando las instituciones democráticas no funcionan, hay que mejorarlas con más democracia; 2) la desigualdad requieren poner primero a los pobres, pero hay que definir una política financiera sostenible e identificar puntualmente cómo se van a recaudar los recursos. Sin este tipo de definiciones, las propuestas mejor intencionadas quedarán en el aire o terminarán tomando un giro clientelar.

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