J. S Zolliker

Mi vida está en riesgo por contarles esto. Pero ahí les va: ahí en la estación del metro Balderas fue donde escuché de su reputación. Se trata de un genio cañonsísimo, increíble, fortísimo, que nos escucha en todos lados, que está presente en cualquier lugar, que conoce todo lo que ha venido, pero ojalá, no lo que vendrá. Por lo que entendí con unos compas que platicaban en voz baja, el nombre clave —apunten esto— es el chupacabras, pero en realidad, cuando alguien lo cita, es que está hablando del neoliberalismo. 

¿Qué es eso del neoliberalismo? Pues ya. ¿Y eso? Pues sépanse que lo que escuché es impresionante: que hasta ahora que viene la revolución ideológica dijeron que es la ley de la vida, porque siempre hay alguien más fuerte que uno que se beneficia, se alimenta y goza del sufrimiento del pueblo y que hasta ahora, siempre nos han dejado al abandono.

Que va a cambiar la cosa. Y entonces vi que uno de los compas le dio al otro un material de lectura. Pero se le cayó otro ejemplar y, pues, para que les miento. Yo tomé uno. Y está cañonsísimo, increíble, fortísimo, de cómo buscan mantenernos jodidos y engañados. Se los explico leve, pa’que me entiendan, raza: hay un gran lord culero y abajo están los intereses de un grupo de todopoderosos invisibles que manejan habilidosos a este país y a otros, como titiriteros, al grado en que, en ciertas colonias, Zedillo por ejemplo, controla hasta gasolineras y panteones. Ahí venía la lista, es neto.

En fin, que el grupo —no se los voy a decir aquí— quizás tiene un nombre, y quizás esté conformado por un montón de herederos de cuna de oro, iluminados, fuma habanos de los de Fidel, tomadores de güisqui, esclavistas, prianmorenorredistas, complotistas y endemoniadamente ojetes y culeros, que se ríen de nosotros en sus reuniones en la más grande opulencia en bodas poblanas, mientras nos roban más y más. 

Lo bueno es que la gente buena, después de tantos muertos y años, descubrieron que el problema es el neoliberalismo –digo, el chupacabras– y que esto se corrige reinventando el sistema. De cero. Bueno, no se puede desde nada, pero sí destruyéndolo casi todo. Y usar lo que ya había. Aunque no tanto. Bueno, no entendí mucho, pero Hitler eso decía. Ahora lo vemos mal porque perdió, pero su historia no es mala, o algo así dice el documento. Porque al agua hervida se le pueden buscar nuevas formas. Hervida se puede hacer sólido en hielos. ¿Ven cómo no todo es nuevo? 

Bueno, en total, la cosa es buena porque ya no vendrá gente maldita rica a nacionalizar industrias o fortalecer empresas del Estado, porque nacieron en cuna de oro y otros tenemos ocote. Así van a volver a prender los altos hornos de México, para volver a vender acero. Igual que con el petróleo y la gasolina y esas cosas que no pueda ver el chupacabras.

Porque algo les digo claro: estoy feliz porque el documento me ha mostrado que los países que se han deshecho del neoliberalismo —El Chupacabrones— se han vuelto potencia mundial y han abatido todo lo malo: Venezuela, Cuba, Nicaragua, Rusia y esos.  Y ahora, están mejor que nunca. Lo dicen las noticias, ¿no? Ese señor invisible es muy neto. ¡Viva el gran señor invisible! 

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