J. S Zolliker

Lo confieso: soy culpable de los cargos que se me imputan, pues yo reclutaba mujeres para complacer sexual y personalmente al líder de nuestra organización, digo, secta. Yo fui introducida al exclusivo grupo por medio de una compañera de trabajo, quien era la protagonista de una de las series de televisión más exitosas del mundo. Ella me invitó a un programa de superación personal conocido como ESP (Programa de Éxito Ejecutivo o Executive Success Program), parte del grupo NXIVM. En cuanto me introdujeron en el programa, sentí la posibilidad de transformarme en una mujer diferente, mucho más fuerte, más creativa; triunfante y un eje de transformación de otros. 

Comencé rápidamente a reclutar a mis amigas más guapas, luego compañeras del medio artístico y de la alta sociedad y con bastante rapidez. Fui creciendo dentro de la organización hasta llegar al círculo más cercano e íntimo del guía máximo, a quien llamamos, digo, llamábamos, Vanguardia.

Es innegable que me mostraron que la naturaleza nos llama. El hombre tiene la necesidad fisiológica y genética de ser polígamo, pues así se tornan en su mejor versión. En cambio, nosotras, las mujeres, tenemos la necesidad física y genética de ser monógamas, maternales, pues así nos volvemos la fuerza de activación de la naturaleza. Con simplemente caminar y conversar con un hombre podemos cambiar al mundo. O eso me dijeron. Y me lo creí. Perdón, todavía estoy muy confundida. Yo sólo soy una víctima de un proceso complejo de lavado cerebral, en el que me humillaban e imponían regímenes muy estrictos, me exigían y me castigaban hasta doblegarme, porque como bien dicen mis abogados, yo soy solamente otra de las damnificadas.

Es cierto, llegué a ser la segunda persona más importante de la organización, digo, de la secta, porque me hacía cargo del DOS, que viene de las siglas del latín Dominus Obsequious Sororium, una fraternidad de mujeres obsequiosas, es decir, complacientes, rendidas, serviciales, dispuestas a hacer la voluntad de Vanguardia y, de ser posible, cargar sus hijos o ayudar a “activar” a otros hombres de la secta,  o hasta en los negocios de la poderosísima y riquísima organización.

Para ese fin me dediqué a formar comunidades secretas dentro de los grupos discretos que actuaban entre los abiertos. Agrupaciones pequeñísimas de élite, de mujeres hermosas, de cuerpo espectacular, jóvenes con enorme voluntad y capacidad de servicio; el ejército más importante de todos, pues el sexo es motor de la creación de todo. 

Me confieso culpable de tráfico y trata de mujeres porque las obligué a tener relaciones sexuales y a revelarnos sus más terribles secretos y fotografías íntimas, y las marcábamos con nuestro monograma secreto: las iniciales de Vanguardia vistas por un lado, las mías, vistas al rotarlo. Pido perdón a mi familia y a la gente que lastimé en la creación de la sociedad y secta secreta de mujeres para crear un harén al servicio de Vanguardia. Aclaro que muy poca gente dentro de la organización sabía de nuestra real existencia y tomo completa responsabilidad personal, pero fui víctima de lavado cerebral y apliqué esa técnica en otras mujeres, pero yo debo ser más fuerte y pensar en mí y en mi recuperación en libertad. Perdón. 

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