J. S Zolliker

@Zolliker

Envejecer es solamente para valientes. Esa es la mera verdad. Yo sé que no les gusta nada escuchar estas cosas y que todos imaginan un retiro lleno de sueños y clichés como en película animada, pero nada más lejano de la realidad. 

Yo creí que ser viejo significaba disfrutar nietos, gozar de una pensión, irme con mi mujer a vagar por la ciudad, dedicarme a lo que siempre quise hacer (historia del arte), pero que nunca pude realizar por falta de ingresos y un largo etcétera. Qué equivocado estaba… Mis hijos me abandonaron y se largaron de este país en cuanto pudieron, así que no conozco a mis nietos (los chicos me llevaron a la terminal de camiones, me extraviaron y cuando llegué a casa no había nada ni nadie). Mi mujer murió hace muchos años. La pareja que me conseguí después de enviudar me abandonó apenas pudo llevarse las cosas de valor, incluido un terrenito que tenía por ahí. La única historia del arte a la que puedo dedicarme está en los libros que leo. Mi pensión no me alcanza ni para comer en Vips y mis ahorros se están agotando.

Todo lo anterior sin contarles siquiera que cada día que despierto me siento terriblemente solo. Cada día en el que duermo cuatro horas, porque no sé dormir más, me duele algo nuevo: los músculos que no sabía que existían, huesos que revientan, enfermedades que brotan como plantas de terreno baldío. Debo cuidar mi dieta por la diabetes. Debo revisarme los pies, aunque me duela la espalda, para ver que no se me gangrene nada. Debo usar bastón porque me atormenta la cadera o la rodilla o el tobillo. Debo usar pañales para no mearme en público porque ya no me funciona la vejiga. Debo hacer muchas cosas y debo demasiado dinero. Debo y debo y no me quedan amigos. No tengo con quién platicar. Con quién reír. Con quién llorar. Uno se queda solo y sufriendo de todo. Definitivamente, envejecer es para valientes, porque es culero.

¿Quieren sabiduría? No la tengo. Pero concluyentemente les sugiero, vean solamente por ustedes. Nada ni nadie les asegura que alguien de buen corazón les ayudará ni para cambiarles un calcetín. El mundo no está preparado para nosotros. Recuerden eso ahora que les cuente que ya no tengo ni dónde vivir y que no sé qué carajos hacer con mis muebles.

Resulta que algún hijo de puta se enteró por vecinos o por “viene-vienes” o por lo que sea, que estoy absolutamente solo. Y entonces, con la indulgencia de un juez amigo, me acaban de echar a la calle. ¿Cómo, si la propiedad es mía, está escriturada y tengo todos los papeles en orden? Fácil: tristemente envejecer es culero.

Resulta ser que alguien se enteró de mi situación, como lo han hecho con decenas de miles en igualdad de circunstancias. Entonces, comienzan un juicio civil reclamando la propiedad, pero lo hacen a nombre de alguien más. Yo me llamo Rutilio, por ejemplo. Demandan a un Roberto. Los documentos legales, obviamente nunca me llegaron porque no están dirigidos a mí y porque en este país, cualquiera le vende el alma al diablo por unos chilaquiles. Total, que declaran que la propiedad está ocupada ilegalmente porque nunca nadie respondió la demanda y aquí estoy, en la calle con todas mis cosas. ¿Qué demonios voy a hacer?, ¿dónde pasaré mis últimos años, meses o días? Ahora tengo que llevarme mis cosas en dos horas o me multan. Ya no tengo ni fuerzas ni recursos para pelear nada. Envejecer es durísimo, máxime, cuando la justicia no existe en México. 

Y a ustedes, no les importa nada. Muy bien. Qué orgullo de país están creando, donde puede más el maloso que el adecuado, la juventud que la vejez. No les importa nada.  

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