Eduardo Penafiel

Nunca había sido tan fácil encontrar información acerca de otra persona, ya sea a través de sus perfiles en las distintas redes sociales, poniendo en Google su nombre o averiguando a través de personas cercanas y conocidos, obteniendo respuestas de forma casi inmediata.

Pero a pesar de esto, la forma de conocer a una persona y establecer el primer contacto ha cambiado y con el paso del tiempo se ha convertido en una acción complicada. Resulta que mientras más amistades virtuales o digitales tiene una persona, casualmente la sensación de soledad aumenta ya que al estar viendo a familiares, amigos y conocidos compartiendo momentos y experiencias con otros, muchos se sientes más solos.

La facilidad de mentir, aparentar y mostrar una personalidad diferente en redes sociales y medios digitales es tan fácil de lograr que al final resulta contraproducente para alguien en busca de una nueva amistad o pareja, porque al seguirlo en redes sociales todo se vuelve una interpretación que pone en duda como es esa persona realmente.

Todo esto además de afectar la autoestima en generaciones más jóvenes y generar un efecto de aislamiento social en las más grandes, trae como consecuencia un estado que puede ser más peligroso y dañino que muchas enfermedades: la soledad.

Existen muchos estudios alrededor del tema de la soledad y sus efectos en sociedad, pero un estudio en particular de la Universidad de San Diego en California establece que existen 3 momentos en la vida adulta en donde más se experimenta con la soledad. El primero es a finales de los veintes en esa transición al salir de la universidad, conseguir el primer gran trabajo y en algunos casos vivir solo y sentir la presión de establecer una relación en pareja. El segundo momento es justo en la crisis de los cincuenta mejor conocida como la crisis de la mediana edad, en donde los que nunca se casaron, se separaron o no viven con alguien más sienten que ya perdieron la oportunidad de formar una familia o vivir en pareja. Y el tercer momento es a los ochenta, en donde la pareja, amigos o familiares cercanos probablemente ya hayan muerto.

Hoy existe un remedio para la soledad que va más allá de un tratamiento médico o alguna medicina: las aplicaciones de citas. Hace poco más de 5 años se dio una explosión de este tipo de aplicaciones para conseguir pareja, algo que básicamente se hizo más notable con la aparición de Tinder en el 2012.

La oferta de aplicaciones es enorme, desde las más populares como Tinder, Match y Happn que tienen a millones de usuarios inscritos hasta las más especializadas que llegan a cubrir un nicho en específico, religión o preferencia sexual. Algunas son muy criticadas por la forma o la manera en la que funcionan, argumentando que fomentan la prostitución y las malas prácticas. Las más conocidas y con mejor reputación hacen lo posible por controlar y minimizar estos problemas, aunque al final cada uno es responsable de sus propias acciones.

Sin importar si la opinión general está a favor en contra de estas aplicaciones, la realidad es que han ayudado a personas de todas las edades, situaciones y circunstancias a encontrar a alguien en esos momentos de soledad, pero más importante, a establecer un contacto físico fuera de las redes sociales y los medios digitales.

Es importante entender que somos sociales por naturaleza y que no es lo mismo querer estar solo y sentirse solo. Aprovechar este tipo de aplicaciones puede ser un paso importante para remediar este estado y en algunos casos hasta funcionar como un salvavidas.

Les deseo un 2019 bien acompañados.

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