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Jon Schwarz | The Intercept

En las primeras páginas de su nueva autobiografía, Reporter, Seymour Hersh cuenta la historia de su primer trabajo como periodista en el City News Bureau de Chicago.

City News tenía un reportero asignado a la oficina central de la policía de Chicago las 24 horas para dar cobertura a cualquier incidente que se reportara por radio. Hersh, entonces en sus 20, cubría el turno nocturno. Una noche, escribe:

“Dos policías llamaron para avisar que un sospechoso de robo había resultado herido al resistirse al arresto. Los policías que le dispararon apenas llegaban al cuartel para presentar el reporte… Yo salí corriendo al estacionamiento del sótano porque quería obtener unas citas de primera mano antes de contar la historia. El conductor, blanco, robusto y de aspecto definitivamente irlandés, como lo eran entonces muchos policías en Chicago, obviamente no me vio cuando se estacionaba. Cuando bajaba del coche, uno de sus compañeros que seguramente había oído el mismo reporte de radio que yo, gritó algo como: “‘¿Así es que ese hombre se te quería escapar?’” El conductor respondió “‘No, le dije al negro que se estuviera quieto y luego le disparé’”.

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Hersh habló con su editor, quien le dijo que no hiciera nada, sería su palabra en contra de la del policía. No intentó entrevistar al policía responsable ni a su compañero, no investigó más.

Si Hersh fuera un superhéroe, esta sería la historia de su origen: 274 páginas después de la anécdota de Chicago, describe la cobertura que hizo de una matanza masiva de tropas iraquíes y civiles en manos de Estados Unidos en 1991 después de que el cese al fuego había dado fin a la guerra del Golfo Pérsico. La indiferencia en Estados Unidos ante esta masacre, escribe Hersh, es “un recordatorio de lo que en la Guerra de Vietnam se significaba la MGR o Mere Gook Rule (Gook o chale es un término despectivo para los asiáticos.) Si a un chale lo violaron o asesinaron no se trata de un crimen”. También era un recordatorio de algo más: “Décadas antes me había topado con la versión nacional de esa regla en Chicago”.

Reporter demuestra la forma en que Hersh sacó tres lecciones de esa regla:

Los poderosos son depredadores implacables de los indefensos y son incluso capaces de masacres masivas.

Los poderosos siempre mienten con respecto a sus acciones depredadoras.

El instinto natural de los medios es dejar que los poderosos se salgan con la suya.

Reporter ofrece explicaciones detalladas de cómo Hersh ha usado estas lecciones, lo cual hace que este libro sea uno de los más importantes y atractivos que se hayan escrito jamás sobre el periodismo en Estados Unidos. En casi cada página se cuenta algo nunca oído antes sobre la vida en la Tierra.

Hersh publicó un trabajo sobre un incidente particularmente terrible en Utah, cuando Dugway Proving Ground hizo una prueba aérea con el agente neurotóxico VX en 1968 que provocó la muerte accidental de más de seis mil borregos de los ranchos locales. Esto ayudó a generar la presión que obligó al presidente Richard Nixon a tomar la decisión unilateral de detener la producción de armas químicas en Estados Unidos. (Aunque Hersh no lo menciona, también tenemos que agradecerle la novela de Stephen King, The Stand (Apocalipsis), que comienza cuando un virus desarrollado por el gobierno se escapa de un laboratorio militar. King dice que para escribir este libro se inspiró en la cobertura de los medios del desastre Dugway).

En la categoría de las historias que Hersh no reportó cuando sucedieron está un suceso perturbador de las semanas tras la renuncia de Nixon en 1974 y su regreso a California. Hersh cuenta que alguien le comentó que Nixon había golpeado tan fuerte a su esposa Pat que tuvo que ser internada en una sala de emergencias. Además, John Ehrlichman, uno de los colaboradores más cercanos de Nixon, le dijo que él sabía de otros incidentes en los que Nixon la había golpeado. Hersh no lo reportó, ni siquiera lo mencionó a sus editores, porque creía que no iba a ser noticia si no podía demostrar que el comportamiento de Nixon afectaba las políticas del gobierno. En 1998 Hersh habló ante una audiencia de esta historia. Las mujeres del público, cuenta, le hicieron saber inmediatamente que su criterio había sido ilegítimo y peligroso.

En su autobiografía también están los chismes más raros del mundo.

Adicionalmente, Hersh nos da una barnizada sobre la creación del periodismo de investigación. Cita que es importante entender que muchas historias importantes siempre se esconden “a la vista”.

Esto sucedió con la masacre de cientos de vietnamitas en My Lai el 16 de marzo de 1968. Hersh escuchó algo de eso el 22 de octubre de 1969. Revisando microfilmes, descubrió que el New York Times sí lo había “publicado” al reimprimir una pequeña nota de AP que el diario había enterrado en sus páginas sobre la corte marcial que le hicieron a uno de los autores.

“La lección central para ser periodista” es “leer antes de escribir”. Sus historias en Reporter demuestran que es un asiduo lector del trabajo de otros reporteros, que busca detalles que sugieren otros ángulos que deben explorarse. Y expresa su frustración porque otras organizaciones de noticias no hagan lo mismo.

También, dice, busca fuentes desde la cima hasta el fondo de cualquier organización que estés cubriendo.

Finalmente, aconseja tomar tu tiempo. “Ser el primero”, escribe, “no es necesariamente tan importante como estar en lo correcto”. No se limita a citar el famoso adagio periodístico de “si tu madre dice que te ama, primero compruébalo”, también cuenta cómo la acuñó uno de sus primeros editores en City News.

Eso ya cuenta mucho en un libro. Pero no es todo.

La historia más sorprendente en Reporter podría ser una que nunca se cuenta explícitamente: que Estados Unidos alguna vez fue un lugar en el que alguien como Hersh podía salir de la nada para aterrar a aquellos en la cúpula del poder nacional.

Hersh no es un hijo de periodistas… su padre era dueño de una tintorería y murió cuando Hersh tenía 18 años. Este autor tampoco fue un gran académico de las universidades de élite de la Ivy League. Debido a la enfermedad de su padre,
Hersh apenas terminó la preparatoria y después cursó un par de años en una escuela que no pedía requisitos para entrar.

Ni siquiera quería ser un reportero, ya que su primera opción era trabajar para Xerox, pero la empresa no se interesó en él. De hecho, empezó su trabajo en el periodismo más por accidente, en una serie de eventos que incluyen una noche de póker y una gran dosis de casualidad. Sin embargo, su nombre se pronuncia con temor en las oficinas corporativas de los capitanes de empresa, en la central de la CIA, y en la Oficina Oval.

El país en el que esto sucedía parece estar ya en el olvido. Por ello vale la pena leer cada página de este libro para ver si vale la pena tratar de recuperarlo.

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