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Juan Carlos Rodríguez

jcrodriguez@ejecentral.com.mx

El experimentado político que lo ayudó a ganar el estado de México y la Presidencia de la República vuelve a ser llamado por su amigo Enrique Peña Nieto. Su misión ha sido estratégica: atemperar las voces críticas para que el cónclave priista transcurra sin sobresaltos

“¿Apuntaste todas las recomendaciones que te hicieron los expertos en imagen?”, suele preguntar Jesús Murillo Karam a los candidatos que ha asesorado a lo largo de sus 40 años carrera, entre ellos el presidente Enrique Peña Nieto. “Pues qué bueno, porque eso es justo lo que no vas a hacer”, aconseja el curtido político hidalguense.

Así lo hizo en 2005, cuando la dirigencia del PRI lo envió como delegado al estado de México. Por esos días un novato Peña Nieto competía por la gubernatura frente a un tiburón de la política, el panista Rubén Mendoza Ayala, exalcalde de Tlalnepantla, que a comienzos de ese año le llevaba 17 puntos de ventaja en las encuestas.

›Roberto Madrazo, que en ese entonces presidía del partido en mancuerna con Elba Esther Gordillo, no quería que Murillo Karam acudiera en auxilio de Peña Nieto, un joven de 39 años que sólo tenía en su currículum el antecedente de haber sido secretario de Administración con Arturo Montiel y diputado local.

De haberse sometido a los designios de Madrazo, el destino hubiera sido distinto no sólo para Murillo, sino para Peña Nieto, para el estado de México e incluso para la nación. Intuitivo, como son los operadores políticos de grandes ligas, Murillo sabía que podía ser útil en Toluca, así que negoció con el tabasqueño para lograr irse como emisario a la entidad más poblada del país.

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Fuentes cercanas al exgobernador confiaron  a ejecentral  que mientras investigaba  el caso Iguala Murillo Karam sufrió un derrame cerebral moderado.

De inmediato, Murillo se hizo cargo de la campaña. Puso sobre la mesa sus ideas sobre la estrategia en los municipios clave, acordó cuáles debían ser las líneas discursivas del candidato y recomendó a Peña deshacerse de las corbatas y las frases hechas. “Autenticidad” fue la palabra que utilizó Murillo una y otra vez para hacerle entender a Peña Nieto cuál era el desempeño que esperaba.

A 17 años de distancia de aquel episodio, Murillo goza del aprecio del mandatario y, entre los viejos políticos, es al que Peña Nieto consulta con más frecuencia, incluso después de 2015, cuando el hidalguense dejó el gabinete, tras el escarnio que sufrió en la PGR por el caso Ayotzinapa y su breve paso por la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu).

Esa estima data de la campaña en el estado de México y se ratificó en la de 2012, cuando Murillo —mentor de una camada de políticos hidalguenses que hoy están en puestos clave de la administración pública federal y estatal— tuvo una participación destacada en el equipo que hizo posible el regreso del PRI a Los Pinos.

Y es en nombre de ese afecto que Peña Nieto vuelve a llamar a su viejo maestro, no sólo para pedirle consejo en tiempos en que la sucesión presidencial comienza a hacerse presente en todos los cálculos políticos, sino para encarar la XXII Asamblea Nacional del PRI, máximo órgano de deliberación del partido, cuya sesión plenaria será el 12 de agosto en la Ciudad de México.

Así llega su reivindicación. Sin mucha visibilidad en lo público, pero sosteniendo reuniones estratégicas con grupos priistas de diferentes corrientes de distintos puntos del país, tratando de construir consensos que generen una amalgama contra las fisuras internas, y dándole forma a la agenda y convocatoria para una de las asambleas que más expectativas ha generado en las últimas dos décadas.

Fuentes cercanas a la organizacion de la asamblea priista confiaron a ejecentral que Murillo Karam es en estos momentos el jerarca que lleva la batuta rumbo al cónclave. En primer lugar, por ser el contrapeso más fuerte al poder que ejerce el exdirigente nacional del partido, Manlio Fabio Beltrones; y en segundo, por el respeto que le tienen las diversas corrientes priistas, incluidas las más disidentes.

Murillo Karam es el “padre político” del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; del titular del Infonavit, David Penchyna Grub; del gobernador de Hidalgo, Omar Fayad Menseses, y de la diputada federal Carolina Viggiano, actual secretaria Jurídica y de Transparencia del CEN del PRI, entre otros. Pero su ascendencia política no se limita a los hidalguenses, sino que Aurelio Nuño, secretario de Educación; Emilio Chuayffet, exgobernador del estado de México, así como funcionarios de las secretarías de Defensa y Marina, incluso de la PGR, lo respetan, lo consultan y lo escuchan.

De igual forma, dirigentes del PAN, del PRD, de Movimiento Ciudadano y Partido del Trabajo se le “cuadran”, pues le reconocen su experiencia y su confiabilidad como constructor de acuerdos políticos.

El primer encuentro

El primer acercamiento entre Peña Nieto y Murillo Karam fue una charla privada de dos horas en la casa de campaña, en Toluca, hacia 2005. “Así como te has mostrado mientras platicábamos, así tienes que portarte ante la gente”, le aconsejó el exgobernador de Hidalgo, quien está convencido que los ciudadanos tienen una sensibilidad especial para identificar qué políticos son maquillaje y quiénes son auténticos. Desde su punto de vista, esa fue la clave del triunfo de Vicente Fox, en el año 2000: la naturalidad.

Y el pupilo hizo caso a los consejos de su sabio maestro, quien posee la marca de ser el único priista que ha sido tres veces secretario general de su partido. En los actos de campaña, en ocasiones no había tiempo ni necesidad de emitir algún discurso, pues Peña Nieto se podía pasar hasta dos horas saludando a la gente y tomándose fotos con los simpatizantes.

Al ver esas escenas, el hidalguense sabía que el triunfo estaba en la bolsa. Y así fue. Peña Nieto barrió a sus oponentes, Rubén Ayala y Yeidckol Polevnsky, dos a uno en las elecciones de julio de 2005.

Francisco Cruz Jiménez, autor de varios libros sobre Peña Nieto y el Grupo Atlacomulco, sostiene que el paso de Murillo Karam por la Secretaría de Gobernación —donde fue subsecretario de Seguridad Pública y luego subsecretario de Gobierno— pudo ser determinante para el “bajón” que tuvo Mendoza Ayala, pues durante la campaña surgió información que incriminaba al panista en un homicidio y en actos de pedofilia. Después de eso, Mendoza ya no dio pelea.

Desde el 27 de agosto de 2015, fecha en que dejó la Sedatu —dependencia en la que despachó durante seis meses como una cortesía del presidente Peña para no dar el mensaje de que se le estaba corriendo del gobierno, tras las críticas que le llovieron por su papel en la investigación del caso Iguala—, Jesús Murillo Karam ha tenido más tiempo de atender sus negocios inmobiliarios, convivir con la familia, leer con profusión —sobre todo temáticas religiosas— y pasear al lado de un melenudo y babeante perro San Bernardo llamado Oso.

Pero su relativa tranquilidad se acabó varias semanas atrás, cuando fue requerido por el presidente Peña para una misión compleja dentro del partido. De acuerdo con fuentes cercanas al CEN del PRI consultadas por este semanario, la tarea de Murillo Karam es negociar con las voces inconformes del PRI con el objetivo de que la XXII Asamblea Nacional Ordinaria del PRI se desarrolle sin sobresaltos y hacer transitable la propuesta de eliminar los requisitos que acotan la baraja de personajes susceptibles de ser candidatos a la Presidencia de la República.

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1 de diciembre de 2012. Murillo Karam, en su calidad de presidente de la Mesa Directiva de
la Cámara de Diputados, fue el encargado de entregar la banda presidencial a Peña Nieto.

Las cualidades  de un arquitecto

Murillo Karam reúne tres características que lo hacen idóneo para amalgamar al PRI. En primer lugar, está consciente de que la exigencia de tener al menos diez años de militancia para poder ser candidato presidencial funcionaba en tiempos en que el PRI era mayoritario, y entonces el partido podía darse el lujo de que las candidaturas fueran premios al arraigo y compromiso priista. Pero hoy las cosas han cambiado. El tricolor ha perdido predominio, las elecciones son más cerradas, los políticos están desacreditados ante la sociedad y los ciudadanos cada vez ven con mayor agrado a las propuestas alternas o disruptivas. Ahora, en lugar de que la prioridad sea premiar a la militancia, la meta es elegir al mejor candidato para enfrentar las nuevas circunstancias.

La segunda característica de Murillo Karam es que es bien visto por los distintos grupos al interior del PRI, incluidos los más críticos, como son Alianza Generacional (que dirige José Encarnación Alfaro), Democracia Interna (encabezada por el exgobernador de Oaxaca Ulises Ruiz), Alternativa (cuyo líder es el exsecretario general del partido, César Augusto Santiago), así como la aspirante presidencial Ivonne Ortega y el exgobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones.

Todos ellos se han manifestado en contra del desempeño de Enrique Ochoa Reza —refieren que la suma de los votos del PRI en las elecciones del estado de México, Coahuila, Nayarit y Veracruz, celebradas este año, es equivalente a los que obtuvo sólo Eruviel Ávila en las elecciones de 2011—, a quien ven como una imposición del presidente Peña Nieto; asimismo quieren acotar la prerrogativa metaconstitucional que tiene Peña Nieto para elegir al candidato presidencial, y presionan para que la nominación sea a través de una consulta abierta a la militancia.

Y finalmente, Murillo tiene en su currículum el antecedente de haber organizado dos Asambleas Nacionales. Una de ellas fue la XVIII, durante la presidencia de Dulce María Sauri Riancho, celebrada en noviembre de 2001, la primera que se realizaba como partido de oposición, después de la derrota del año 2000. El hidalguense también coordinó la Asamblea XX, en agosto de 2008, durante la gestión de Beatriz Paredes, que resultó ser la plataforma preparatoria para la victoria de 2012.

El trabajo de Murillo es quirúrgico, reconocen fuentes cercanas a la organización de la Asamblea XXII. El presidente tiene que hacer valer su liderazgo sin que ello se traduzca en una desbandada de priistas que debilite al partido rumbo a 2018, y al mismo tiempo, las figuras inconformes deben ser escuchadas, pero no al grado de desdibujar la influencia presidencial.

La curul estratégica

Murillo Karam nació el 2 de marzo de 1948, en Real del Monte, Hidalgo. Es el mayor de ocho hermanos y, como buen descendiente de libaneses, desde muy joven se inclinó por los negocios, algunas veces vendiendo medias, otras sembrando y comerciando arroz, y algunas más comprando casas abandonadas para remodelarlas y después revenderlas.

Una movilización que organizó Chucho en la década de los años sesenta, cuando era estudiante de preparatoria, para exigir mejores servicios públicos en su pueblo, le otorgó el afecto de sus paisanos y mostró que tenía espolones para la política. Jorge Rojo Lugo, hijo de Javier Rojo Gómez —ambos gobernadores de Hidalgo— fue su mentor y amigos durante los sexenios de José López Portillo y Miguel de la Madrid.

Murillo Karam fue un alumno sobresaliente del llamado Grupo Huichapan (de ese municipio eran originarios Rojo Gómez y Rojo Lugo), pues tiene un palmarés difícil de igualar: conoce la administración pública desde modestos cargos municipales en Tulancingo, hasta la titularidad de dos secretarías de Estado, pasando por la gubernatura de Hidalgo, entre 1993 y 1998. En el partido también comenzó con cargos básicos en la Secretaría de Organización hasta llegar a ser secretario general del tricolor, y en materia legislativa ha sido tres veces diputado federal y senador en dos ocasiones, lo que le da casi 20 años de carrera parlamentaria.

A los 31 años, Murillo formó parte de la Legislatura LI (de 1979 a 1982), que pasó a la historia por ser la primera que emanó de la reforma electoral de 1977, la cual le otorgó registro a varios partidos de izquierda, hecho que facilitó el arribo de los primeros diputados del Partido Comunista Mexicano. Seis años después, el hidalguense regresó a la Cámara de Diputados como parte de la Legislatura LIII (1985-1988), a la cual, entre otras cosas, le tocó calificar la controvertida elección que dio el triunfo a  Carlos Salinas de Gortari. Asimismo, integró la Legislatura LVII (1997-2000), que dejó huella por ser la primera en la que el PRI no tuvo mayoría absoluta.

Personalmente, Murillo se sintió más productivo en el Senado donde estuvo de 1991 a 1993 —año en que pidió licencia para competir por la gubernatura—, y de 2006 a 2012, en un segundo periodo, en el que presidió la Comisión de Gobernación.

Los colaboradores del hidalguense cuentan que, en un principio, Murillo Karam quería presidir la Comisión de Justicia; sin embargo, en las negociaciones partidarias esa comisión se la quedó el PAN. “Pese a que no tuvo la fortuna de presidir la Comisión de Justicia, en los hecho los principales dictámenes y proyectos en materia de procuración de justicia pasaron por el escritorio de don Jesús Murillo”, relata una colaboradora del exprocurador que fue consultada por ejecentral.

Aunque Murillo Karam rechaza los reflectores y las medallas, hay tres leyes que él considera su legado en materia legislativa. Se trata de las leyes de Acciones Colectivas, de Protección a Víctimas y la nueva Ley de Amparo.

1994. El candidato Luis Donaldo Colosio, con el entonces gobernador de Hidalgo, Jesús Murillo Karam, en un acto en Mineral del Chico.

1994. El candidato Luis Donaldo Colosio, con el entonces gobernador de Hidalgo, Jesús Murillo Karam, en un acto en Mineral del Chico.

Coalición y segunda vuelta

En el diagnóstico de país de Murillo Karam hay un problema que tiene consecuencias perniciosas en todo el quehacer político de México. Desde su óptica, los partidos políticos son puentes entre la sociedad y el gobierno, y ese puente cumple su función una vez termina la elección y comienza la autoridad. “Cuando uno asume un cargo de elección popular deja de representar al partido y ahora gobierna para todos”, suele decir con frecuencia.

Aficionado a los cigarros Marlboro y siempre abierto a las charlas con los amigos —que los tiene en todos los partidos políticos—, Murillo simpatiza con la idea de los gobiernos de coalición y la segunda vuelta electoral, pues las autoridades cada vez están más debilitadas. Admira el fenómeno ocurrido en Francia con Emannuel Macron y no descarta que en México se pudiera hacer un ejercicio similar para construir mayorías de gobierno.

De sus días como gobernador, Murillo recuerda que a principios de los años 90 Hidalgo era una entidad con un rezago social similar al de Oaxaca, Chiapas y Guerrero. Para 1998, cuando Murillo deja la administración estatal, la entidad ya se ubicaba a media tabla del desarrollo social.

› Propios y extraños reconocen que la clave de ese logro estuvo en la construcción de carreteras y el combate al analfabetismo. “Antes como funcionario y ya como candidato, recorrió el estado a pie y en mula, pues no había suficientes caminos”, recuerda una de sus más estrechas colaboradoras. “Eso le dio una sensibilidad especial para darse cuenta que el estado necesitaba infraestructura y escuelas”.

Sensibilidad, intuición y una aguda observación”, son los atributos que la mayoría de los políticos que le reconocen a Murillo. Y como negociador, actores políticos de diversas fuerzas aseguran que sabe escuchar y cumple su palabra.

Tras dejar el gobierno estatal y después de un breve paso por la Secretaría de Gobernación —como subsecretario de Gobierno le tocó negociar con los huelguistas de la UNAM—, Murillo se adhirió a la campaña de Francisco Labastida Ochoa, a quien considera un político “inteligente” y “limpio”, que hubiera sido un extraordinario presidente. Sin embargo, el fenómeno Fox fue avasallador.

Pero así como le tocó sufrir aquella derrota histórica, también fue artífice del retorno del PRI en 2012.

Eran tiempos en que el futuro se veía con optimismo, pero también con preocupación, según ha reconocido el propio Murillo, pues había demasiadas expectativas puestas en el nuevo gobierno.

Murillo es un defensor del Pacto por México y de las reformas emanadas de ese acuerdo, pero no deja de observar muchos matices. Si bien la Reforma Educativa será el principal legado de Peña Nieto —aunque sus frutos se verán en diez años— la reforma fiscal hizo que se perdiera de vista el fortalecimiento del mercado interno.

Los bajos niveles de aprobación del presidente Peña Nieto no preocupan a Murillo y descarta que esa percepción se deba necesariamente a las reformas. Su lectura es que el desencanto hacia la política es un fenómeno mundial y quienes tienes niveles de aceptación superiores a 50% son los presidentes de Rusia, Vladimir Putin; de Venezuela, Nicolás Maduro, y de Cuba, Raúl Castro, que no son ejemplos de democracia.

Un derrame moderado

El día que Jesús Murillo Karam se enamoró de la PGR fue el 16 de julio de 2014, cuando el procurador encabezó un operativo para entrar al albergue La Gran Familia, de Mamá Rosa. Sí, el hombre político, que nunca había litigado en un juicio, se encariñó con el cargo, pese a que las peores horas de su vida política las vivió en la procuraduría, donde fue tundido por la opinión pública debido a sus expresiones “ya me cansé” y “verdad histórica” en el marco de la investigación del caso Iguala.

Las historias de terror contadas por niños y jóvenes que vivían retenidos en un hospicio inmundo de Zamora, Michoacán, donde había malos tratos y se les prohibía salir a la calle, hicieron de Rosa del Carmen Verdusco uno de los personajes más siniestros de la historia reciente de México. Al menos 500 niños vivían en aquella pocilga, donde, según la propia procuraduría, había ratas y pulgas, en la que sus habitantes comían y dormían en espacios pestilentes.

›Tres años han transcurrido desde que los padres de los chicos secuestrados presentaron las denuncias penales que destaparon el caso, y es fecha que a Murillo Karam se le sigue echando en cara lo aparatoso de un operativo para capturar a una anciana que ya con trabajos caminaba.

Lo que el hidalguense calculó en esos momentos es que Michoacán atravesaba por una situación convulsa —llegaron a convivir en un mismo tiempo narcotraficantes, autodefensas y fuerzas federales— y un operativo de esas dimensiones era necesario para garantizar la seguridad, no de Mamá Rosa, sino del medio millar de niños y adolescentes que estaban recluidos, muchos de los cuales ni siquiera conocían la calle.

Murillo Karam suele recordar con emotividad la noche en que ingresaron al albergue de Mamá Rosa y un agente del Ministerio Público, sin guardar las formas, lo jaló del brazo para que fuera a los nauseabundos dormitorios. “Señor, venga a ver esto”, decía aquel empleado de la PGR. “De verdad, tiene que ver esto”, repetía el funcionario sin dejar de tirar del brazo del procurador.

Esa escena le dejó en claro a Murillo que hay “gente buena” en la PGR, servidores públicos que aún se indignan con las injusticias. Fue tan impactante para los funcionarios de la PGR ver a niños y adolescentes desvalidos, que, de manera espontánea, varios de ellos se cooperaron para facilitarles opciones de estudio y trabajo a los “exhijos” de Mamá Rosa.

Y aunque la investigación por la desaparición de los 43 alumnos de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” fue lo que determinó su retiro del servicio público —hecho que dejó a Peña Nieto sin el político más experimentado de su staff— Murillo Karam se siente satisfecho y orgullo de las pesquisas. Sólo quienes no la conocen a fondo pueden decir que no fue una buena investigación, contesta el hidalguense cuando se le recrimina que la PGR nunca pudo determinar la identidad de los estudiantes.

Y para aquellos que creen que el procurador se extralimitó cuando expresó “ya me cansé” al término de una conferencia de prensa, el 7 de noviembre de 2014, sobre los avances de las investigaciones del caso Iguala, fuentes médicas cercanas al exgobernador confiaron a ejecentral que en esos días Murillo sufrió un derrame cerebral moderado; de hecho, el día de aquella rueda de medios, al procurador se le nubló la vista, al parecer producto del tren de trabajo y las pocas horas de sueño. Desde entonces la memoria privilegiada del hidalguense se ha visto mermada, aunque conserva la agudeza para analizar los procesos políticos y la habilidad para construir acuerdos.

La política es el arte de armonizar intereses distintos”, es una de las frases favoritas de Murillo Karam, que tendrá que ponerla en práctica en un momento que su partido atraviesa por una encrucijada, cuyo saldo se verá cuando nominen al candidato presidencial del tricolor.

El trabajo de Murillo es quirúrgico, reconocen fuentes cercanas a la organización de la asamblea XXII. El presidente tiene que hacer valer su liderazgo sin que ello se traduzca en una desbandada de priistas que debilite al partido rumbo a los comicios de 2018.

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