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Carlos Alberto
 Martínez Castillo*

Avatar Para la mayoría de los analistas, la recesión económica global es inminente, aunque lo que ha cambiado es la predicción: si será durante este año o comenzará a partir de 2020. En economía nunca es conveniente hacer predicciones porque suelen partir de modelos en los que se comete el error de pensar que los mercados son perfectos y que las decisiones que los forman son racionales. No obstante, sí es prudente advertir los riesgos que se perciben y que tendrán impacto negativo en el desempeño de la economía internacional.

Lo profundo de la crisis financiera e hipotecaria iniciada en Estados Unidos en 2008, y que se trasladó al resto del mundo, ha costado trillones de dólares de recursos de los contribuyentes y generó la implementación de políticas económicas Keynesianas también conocidas como contracíclicas que ahora hay que calibrar. Así, por el lado de la política fiscal, las naciones desarrolladas particularmente Estados Unidos acrecentaron su gasto público y dieron apoyos fiscales a sus contribuyentes. Por el lado monetario no fue menor el esfuerzo, en tanto las tasas de interés representaron 0% y la creación de liquidez alcanzó los billones de dólares de forma mensual.

El fin de aquella costosa recesión a causa del descontrol del capital y su ansiedad por la ganancia sobre la ganancia desmedida produjo la idea de que el retiro de los estímulos fiscales y monetarios provoque una nueva recesión luego de años de expansión. Contrario a lo que muchos piensan, los signos de la economía global son altamente positivos con relación a las cifras de crecimiento que alcanzaron el año pasado: el 2.5 por ciento. Sin embargo, hay indicios objetivos que deben de alertar al mundo sobre altos riesgos que se verán materializados a lo largo de 2019 y que limitarán el crecimiento global.

El primer riesgo se vislumbra en la profundidad de la guerra comercial de Estados Unidos con el resto del mundo, particularmente con China y potencialmente con Europa. Lo anterior puede agudizarse en caso de que el presidente estadounidense, Donald Trump, comience a sentir mayor presión política por parte del Partido Demócrata en torno a los innumerables expedientes fiscales y legales que tiene abiertos, situación que lo forzará a acudir más a su discurso populista, que incluye la asignatura proteccionista, tanto en el ámbito comercial como migratorio.

EL segundo riesgo está en la inminente crisis de acceso al crédito que tendrán los llamados países emergentes, lo que se ha venido complicando por lo abultado de sus necesidades financieras, sus desbalances fiscales y el alza de tasas de interés global, así como la tradición de ser países que, pese a todo, no alcanzan a llegar a una auténtica condición de naciones desarrolladas generadoras de riqueza propia. Los países como Argentina, Pakistán, Zambia, Turquía y Venezuela están en clara insolvencia con el potencial contagio que ello conlleva por la extraordinaria aversión al riesgo que hoy existe. Por ejemplo, México y Brasil no escapan a este riesgo, en tanto a lo que se le suman sus procesos internos de transición política y económica que deben ganar, todavía, la confianza de los mercados.

El tercer riesgo se encuentra en el abultado déficit fiscal de las naciones desarrolladas que además de ser histórico, se acrecentó por las medidas expansionistas que se implementaron para sortear la crisis de 2008 y que ello detonará un efecto de mayor inflación global con una disminución del ritmo de crecimiento mundial lo que comenzará a dibujar divergencias entre los bancos centrales en cuanto al ritmo de normalización de la política monetaria expansionista que se traducirá en alzas de tasas de interés y limitación de la liquidez internacional.

El cuarto riesgo se centrará en el desenlace que tendrá la salida de Inglaterra de la Unión Europea y cómo se desenvuelva el proceso en un hecho que tendrá no sólo un impacto regional, sino de repercusión en la estabilidad de los mercados. A este hecho se sumará la pérdida de influencia regional de la Canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron. E igualmente estará latente la necesaria reestructura de las deudas de la mayoría de los países del continente comenzando por Italia.

El quinto riesgo, sin duda, se sitúa en la clara disminución del ritmo de crecimiento en todo el mundo y su impacto en el precio de las materias primas incluido el petróleo, en donde las naciones en vías de desarrollo dependen sustancialmente. Lo anterior seguirá acrecentando los alarmantes niveles de pobreza y marginación global y ello continuará urgiendo la necesaria y conveniente movilización social que mantendrá las presiones hacia los modelos democráticos que hasta el momento no han dado las soluciones que se requieren ante la marginación.

11Crisis

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