Enrique Del Val

Un gran escándalo de corrupción ha sido descubierto por las autoridades estadounidenses en el sistema de educación superior de ese país, involucrando a prestigiosas universidades privadas y públicas.

Todo empezó con una demanda colectiva iniciada por jóvenes que habiendo pagado la cuota para el examen de admisión no fueron aceptados y, en cambio, hubo otros que sí entraron a los campus de esas universidades sin tener las calificaciones para ello.

La demanda, radicada en el estado de California, demuestra algunos casos de jóvenes que, a través de un intermediario ya consignado, conseguían que alguien los suplantara en el examen de admisión y obtuviera excelentes resultados.

Otro esquema que utilizaron fue falsificar los datos de los aspirantes, convirtiéndolos en atletas consumados y de esta forma entraron por la vía rápida a la universidad. Todos conocemos la pasión por destacar en cualquier deporte en el sistema norteamericano de universidades, en donde a veces se valoran más las calificaciones deportivas que las académicas, tal y como las conocemos en el resto del mundo.

Hay más de 60 personas denunciadas por haber pagado para el ingreso de sus hijos y hasta ahora están involucradas ocho universidades, entre las cuales se encuentran privadas muy famosas, como la Universidad de California del Sur, la de California Los Ángeles, la de Stanford, la de Yale, la de Georgetown y la pública de Texas, en Austin. Supuestamente saldrán a la luz más universidades involucradas en estos esquemas.   

Entre padres y madres denunciados hay artistas de renombre, supuestos distinguidos miembros del sector privado, funcionarios de las propias universidades que estaban al tanto del esquema de corrupción y, sobre todo, varios famosos entrenadores de diferentes deportes.

Se dieron algunos casos que parecen chuscos, aunque por la gravedad de los hechos no lo son, principalmente en el esquema de fingir ser buenos deportistas, como el de la famosa artista Lori Loughlin, quien  junto con su esposo corrompió con 500 mil dólares para que sus hijas entraran a la universidad como integrantes del equipo de remo, deporte que nunca habían practicado.

El dinero corrupto que se entregaba también a los entrenadores de varias de esas universidades variaba entre los 200 y 350 mil dólares. Por supuesto, la mayoría de los involucrados ya han sido despedidos, pero están sujetos a juicio y pueden ir a la cárcel.

Son varias las preguntas que se hacen los medios y en la sociedad estadounidense en relación con la entrada a cualquiera de las supuestamente prestigiosas universidades de aquel país, tomando en consideración que el costo anual promedio por un alumno es de 350 mil dólares, una cantidad considerable que al final puede ser pagada por pocas familias y, a pesar de esto, se meten en asuntos turbios con tal de que su hijo o hija pueda acceder a un título de estas instituciones.

También han salido a relucir las magníficas donaciones que hacen integrantes del uno por ciento más rico de la población a algunas universidades, generalmente para la construcción de algún edificio o la compra de equipos que nadie más posee. Como ejemplo se ha mencionado al padre del yerno del presidente Donald Trump, el absurdamente premiado con el Águila Azteca, Jared Kushner, quien estudió en Harvard, a la que su padre donó 2.5 millones de dólares.

Lo que es seguro es que estos casos están provocando todo un tsunami en la educación superior norteamericana y se tendrá que revisar profundamente, no sólo sus sistemas de admisión, sino lo que considero más importante, su relación con los dueños del dinero, ya que por conseguirlo han aceptado situaciones que deberían  ser inadmisibles en una sociedad y peor aún en una institución educativa.

Como bien decía Francisco de Quevedo “Poderoso caballero es don dinero”. 

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