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Juan Carlos Rodríguez, Tomás de la Rosa Olinka Valdez

redaccion@ejecentral.com.mx

La carátula de la tesis de licenciatura de Claudia Sheinbaum es en realidad una carta de presentación. Además del título de la investigación (Estudio termodinámico de una estufa doméstica de leña para uso rural) y el nombre de la Facultad de Ciencias de la UNAM, la recién graduada colocó una anotación junto a la fecha: “México D.F., noviembre-diciembre de 1988 (año en que ganó Cárdenas)”.

Sheinbaum tenía entonces 26 años y ya había trazado la ruta de su vida: una amalgama entre academia y política; vocación por la investigación y el pensamiento de izquierda; el estudio de la energía y la protesta.

Aquel 1988 fue un año decisivo en la vida de la hoy jefa de Gobierno de la Ciudad de México. Además de titularse como licenciada en Física, nació su hija Mariana y el movimiento del CEU (Consejo Estudiantil Universitario, del que ella fue pieza notable y donde mostró espolones para la política) logró revertir las propuestas del rector Jorge Carpizo, quien proponía aumentar las cuotas y restringir el pase reglamentado.

Al mismo tiempo, la inconformidad acumulada tras el presunto fraude de 1988 sirvió de abono para el surgimiento del Partido de la Revolución Democrática (PRD), partido que Sheinbaum ayudó a fundar en 1989, en el que militó durante más de dos décadas y que sirvió de placenta a Morena, fuerza política que finalmente la llevó a la Jefatura de Gobierno.

›Este jueves, Claudia Sheinbaum Pardo cumple un año al frente del gobierno capitalino, cargo que, desde 1997, casi en automático convierte en “presidenciable” a todo aquel que lo ocupa.

Como ningún otro militante de Morena, la doctora en Ingeniería Energética cuenta con la confianza y el afecto del presidente Andrés Manuel López Obrador para darle continuidad a la Cuarta Transformación, pero antes deberá lidiar con la cruda realidad de la capital.

“Para decirlo claro, yo admiro a Claudia Sheinbaum”, dijo el mandatario el 30 de noviembre de 2017, durante una gira por La Yesca, Nayarit, meses antes de que iniciaran las campañas por la Presidencia. “Es una mujer honesta, preparada y con convicciones, es lo mejor que tiene el movimiento social y democrático de México. Claudia es excelente, en todos los campos, le tengo toda la confianza”, machacó el tabasqueño, quien ya como Presidente ha dejado patente su respaldo a la científica.

Que es un soplo la vida…

El pasado 11 de septiembre, Claudia Sheinbaum posteó esta imagen en su cuenta de Instagram:

Pero, aun con el espaldarazo presidencial, Claudia Sheinbaum es hoy la jefa de Gobierno que tiene las tasas más altas de homicidio, secuestro, robo a casa habitación con violencia, robo a negocio con violencia y violación, si se le compara con los números que tenían Miguel Ángel Mancera, Marcelo Ebrard y López Obrador en el primer año de sus respectivas gestiones en la Ciudad de México.

De igual manera, la hija política de López Obrador tiene los niveles más bajos de personal ocupado en la industria de la construcción, caída en las ventas al consumidor, baja recaudación y repunte de la informalidad. 

La conexión con AMLO

Diez años antes de que López Obrador apareciera en el Tsuru blanco tripulado por Nicolás Moliendo —símbolo de la austeridad que proyectó durante su gestión como jefe de Gobierno del Distrito Federal—, una de las integrantes de su gabinete ya solía viajar en un auto austero.

Muy delgada, de cabello corto y crespo, con saco de pana y zapatos de gamuza, la profesora Claudia Sheinbaum Pardo acudía a las reuniones del CEU, recorría escuelas para platicar con alumnos y se trasladaba para organizar mítines a bordo de un Volkswagen sedan modelo 1976. Y nunca escatimó un “aventón” a los camaradas en su escarabajo blanco.

Arriba. Cuando Sheinbaum era secretaria de Medio Ambiente.
Abajo. El presidente y la jefa de Gobierno.
Foto: Instagram @claudia_shein

Con cautela, pero con firmeza, así recuerdan el modo de hablar de Sheinbaum, mientras estuvo vigente el movimiento del CEU, entre 1986 y 2000. Siempre se opuso a la “aplanadora”, como le denominaban a la corriente mayoritaria en contra de las reformas impulsada por el rector Carpizo, defendía el derecho de las minorías a expresar su punto de vista y fue un puente entre alumnos y profesores. 

Ya para el verano de 2000, cuando López Obrador había ganado las elecciones para jefe de Gobierno del Distrito Federal y estaba en el proceso de integrar de su gabinete, el tabasqueño mandó llamar al matemático José Barberán —investigador de la UNAM, experto en encuestas, fundador del PRD, representante del partido ante el IFE e integrante del equipo de campaña— para pedirle un consejo. 

Ya tenía cubiertas casi todas las carteras y le hacía falta un buen prospecto para la Secretaría de Medio Ambiente. Entonces, López Obrador le pidió que le recomendara a alguno de sus colegas; quería a alguien académicamente solvente, con capacidad de gestión, honesto y con sensibilidad social. Como catedrático de la Facultad de Ciencias de la UNAM, Barberán tenía a muchos amigos que reunían ese perfil. Pero antes de comenzar a decir nombres, López Obrador lo interrumpió para decirle un último atributo: tiene que ser mujer.

Por esos días, Claudia Sheinbaum estaba trabajando en un equipo de científicos que fueron convocados por Mario Molina, premio Nobel de Química, para armar modelos de cambio climático y diseñar políticas públicas que ayudaran a reducir la contaminación en la Ciudad de México. “Conozco a la persona que necesitas”, le dijo Barbarán a López Obrador.

Quienes acompañaron a Claudia Sheinbaum en su incursión en el servicio público dicen que haberse hecho cargo de los segundos pisos, obra insignia del gobierno lopezobradorista, no fue fortuito. Las fuentes relatan que, sin decirlo abiertamente, López Obrador tenía el hábito de poner a prueba a sus colaboradores, al hacerles encargos con cierto grado de dificultad.

El entonces jefe de Gobierno hacía esos juegos para saber quiénes eran capaces de sortear el obstáculo de la burocracia, quiénes eran más hábiles para estirar el presupuesto y quiénes tenían destreza para la negociación y el trabajo político que suele acompañar las decisiones de gobierno.

Sheinbaum no era la secretaría de Obras —esa cartera la tenía César Buenrostro—, pero sus buenas calificaciones en los “exámenes” del tabasqueño la hicieron ganarse poco a poco la confianza del jefe.

Esa facilidad para sobresalir fue lo que le dio el temple a Claudia Sheinbaum para —sin ser secretaria de Obras, Transporte, Turismo ni Movilidad— se atreviera a proponerle al jefe de Gobierno la viabilidad de una idea que vio en Brasil y Colombia: el Metrobús. López Obrador estaba consciente de que las rutas de microbuses que corrían sobre avenida Insurgentes serían un escollo difícil de librar, pero la titular de Medio Ambiente pidió un voto de confianza, se lo dieron y sacó adelante la primera ruta del transporte que hoy mueve a un millón de personas al día.  

Al concluir el gobierno de López Obrador, Sheinbaum había pasado la prueba de capacidad, pero le faltaba de la lealtad, y esa la cubrió cuando se sumó a la lucha contra el presunto fraude de 2006, y al convertirse en una destacada “adelita” durante las movilizaciones del tabasqueño de 2008 en defensa del petróleo.

Pero es justo esa incondicionalidad, lo que ha provocado que Sheinbaum se aleje de su esencia. Quienes la conocieron de joven se dicen extrañados por la fascinación hacia el poder, concretamente hacia el presidente López Obrador, y siguen esperando que se manifieste en contra de la presencia de Manuel Bartlett, en el gabinete, dado su papel en el proceso electoral de 1988.

El peso de Annie

La dualidad academia-activismo le viene a Claudia Sheinbaum de familia. Tanto el ingeniero químico Carlos Sheinbaum Yoselevits como la bioquímica Annie Pardo Cemo, destacados investigadores de la UNAM, tuvieron una participación activa en el Movimiento Estudiantil de 1968, al formar parte de la Coalición de Profesores que se organizó para asesorar y respaldar a los alumnos.

Sin embargo, ideológicamente, en la casa de los Sheinbaum Pardo se vivía una especie de “matriarcado”, ya que el verdadero referente político de la jefa de Gobierno es su madre, de quien heredó sus convicciones en favor de la educación gratuita, la reducción de las desigualdades y la participación ciudadana.

Annie Pardo fue amiga cercana de Raúl Álvarez Garín, uno de los principales dirigentes del Movimiento Estudiantil, y de la esposa de éste, María Fernanda Campa, hija del dirigente ferrocarrilero Valentín Campa. En 1968, Claudia Sheinbaum tenía seis años de edad y durante su adolescencia y primera juventud las conversaciones en casa eran sobre temas científicos, pero también giraban en torno a la lucha por las libertades y resistencia. 

De acuerdo con el sitio de noticias Enlace Judío, la familia de Sheinbaum Yoselevitz es de origen ashkenazí (como se le denomina a los hebreos que se asentaron en Europa Central y Oriental) y proviene de Lituania, de donde migraron hace justo un siglo. Según el portal, el abuelo paterno de Claudia Sheinbaum fue un comerciante de joyas que en México se vio involucrado en las actividades del Partido Comunista. 

Por su parte, Annie Pardo, profesora emérita de la UNAM y recientemente galardonada con el Premio Universidad Nacional por sus investigaciones en fibrosis pulmonar, proviene de una familia sefaradí (judíos asentados principalmente en la península ibérica) originaria de la ciudad de Sofía, Bulgaria, que llegó a México en la década de 1940 huyendo de los horrores del Holocausto. 

Si bien sus raíces judías son notorias, la jefa de Gobierno se considera una persona atea. “Yo crecí sin religión, así me educaron mis padres, pero evidentemente la cultura se trae en la sangre, y soy cercana a ustedes porque en la casa de mis abuelos celebrábamos todas las fiestas judías. Soy mexicana, pero estoy orgullosa de mi origen”, dijo Sheinbaum en junio de 2018, durante una reunión con la comunidad judía, en el marco de las campañas para la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

La marca del Rébsamen

Personas que fueron consultadas para la elaboración de este retrato, entre ellas integrantes de su equipo de trabajo, amigos cercanos y personas que la conocen desde su época de activista universitaria, coinciden en que el peor día en la vida pública de Claudia Sheinbaum fue el 19 de septiembre de 2017, cuando un sismo de 7.1 grados sacudió la Ciudad de México.

Ese día, en cuanto se enteró de que el colegio Enrique Rébsamen había colapsado con decenas de niños dentro, la funcionaria, en compañía de algunos de sus colaboradores, se apersonó en el lugar para canalizar todo el apoyo al personal de Protección Civil. En cuanto le dijeron que urgía agua y comida, la entonces jefa delegacional de Tlalpan tomó un celular y a su interlocutor le pidió darse prisa con la ayuda.

“¡Agua y comida! ¡Agua y comida! ¡Pero pronto..!” Y ya no pudo decir más. El llanto se lo impidió. Quienes la conocen de cerca cuentan que en ningún otro momento se le ha visto en una catarsis similar, pues lo usual es que la doctora Sheinbaum mantenga el control, que sea precisa en las instrucciones, implacable con los tiempos y calculadora en los escenarios.

Pese al dolor que le causó la muerte de niños, entre la opinión pública existe la percepción es que la hoy jefa de Gobierno es poco empática con las víctimas. Y es que las investigaciones no habían arrojado resultados, cuando Sheinbaum tomó la decisión de replegarse y salir del espectro mediático, estrategia que ayudó a frenar la ola de ataques en su contra, pero también dio la impresión de que tema de los damnificados no le quitaba el sueño, más aún cuando renunció a la alcaldía para lanzarse como candidata a jefa de Gobierno.

En otra ocasión, el 7 de junio pasado, ya como jefa de Gobierno en funciones, Sheinbaum fue severamente cuestionada en redes sociales cuando, en lugar  de acelerar las investigaciones sobre el paradero del joven Norberto Ronquillo, optó por viajar a Tijuana, Baja California, a un acto encabezado por el presidente López Obrador.

Y cuatro días después, tras el hallazgo del cuerpo del estudiante de la Universidad del Pedregal, se vivió una situación anticlimática, pues al tiempo que el cuerpo de Ronquillo era velado, Sheinbaum acudía a un evento con el Presidente, en la delegación Gustavo A, Madero, donde el propio López Obrador alzó la mano de la jefa de Gobierno y le organizó una porra. “¡No estás sola! ¡No estás sola!”.

“Es que hay veces que la maltratan mucho unos grandulones ahí, abusivos, ventajosos, pero no está sola. Tiene el apoyo del Presidente de la República y del pueblo de la capital”, agregó.

El tren de trabajo

Claudia Sheinbaum es de las que prefieren comer en su oficina que hacer relaciones públicas en restaurantes. Si representantes de algún sector la invitan a comer para hablar de política, inversiones o colaboración, ella prefiere citarlos en su despacho e invitarles un café. “Los promotores de eventos deportivos y las agencias que promueven inauguraciones, cocteles y recepciones se frustran porque la jefa de Gobierno siempre se excusa”, cuenta uno de sus colaboradores, quien trabaja con ella desde que era alcaldesa de Tlalpan.  

Admiradora de The Rolling Stones, The Beatles y The Stills, Sheinbaum suele tomar la guitarra y cantar también las canciones de Natalia Lafourcade y Mon Laferte. Estudiante de ballet durante su adolescencia e integrante del equipo de canotaje de la UNAM, la jefa de Gobierno ocupa el tiempo libre en salidas con su novio —una pareja que tuvo en época de estudiante en la Facultad de Ciencias y al que reencontró 30 años después a través de Facebook—, leer y ver serie de televisión; una de sus favoritas es Game of Thrones.

Madre de dos hijos —Rodrigo, de 35 años, artista plástico y Mariana, de 31, estudiante de posgrado en Historia, en Estados Unidos—, Sheinbaum tiene un tren de trabajo agotador. Sus días comienzan a las 5 de la mañana, hora en que lanza las primeras instrucciones a sus secretarios vía WhatsApp. A las 6 de la mañana tiene audiencias públicas con ciudadanos; a las 7 se reúne con el gabinete de Seguridad, a las 8 tiene citas con alcaldes y a las 9 sesiona con funcionarios que atienden el tema del agua. Después de las 10 acude a eventos, organiza conferencias y sale a territorio para supervisar programas como Pilares, Microcréditos, tareas de reconstrucción, Senderos Seguros o visita escuela.

“Es la reina del seguimiento”, dice uno de sus colaboradores, en alusión a la obsesión que tiene la jefa de Gobierno por vigilar el desarrollo de las instrucciones que gira y el funcionamiento de las políticas públicas.

Los integrantes del gabinete son altamente calificados, pero fuentes cercanas a la administración pública, perciben que Sheinbaum adolece de un secretario técnico que garantice una mayor coordinación en acciones transversales y dé seguimiento a los proyectos; también sostienen que la administración de la capital no suele utilizar herramientas para medir el costo-beneficio de sus principales acciones.

Lados vulnerables

De acuerdo con una encuesta de octubre pasado de Consulta Mitofsky, Sheinbaum ocupa la cuarta oposición en el ranking de aprobación de gobernadores, con un aval de 54.5%, sólo superado por sus homólogos de Yucatán, Sinaloa y Baja California Sur.

Sin embargo, cuando se les pide a los ciudadanos evaluar el desempeño de los gobernantes en seguridad, la aprobación de Sheinbaum baja a 15.1% y cae a la posición 24. Y cuando se les solicita calificar el papel realizado en materia económica, el aval es de 26.6% y se ubica en la novena posición.  

Los problemas para la jefa de Gobierno se concentran en dos rubros, lo económico y la inseguridad. Aunque en el segundo trimestre de este año, con Sheinbaum se alcanzó la mayor participación del IED en total nacional en 20 años con 39.7%, el empleo formal, como participación en total nacional viene disminuyendo. Hasta octubre pasado, con 3.52 millones de asegurados permanentes en el IMSS se tuvo un 17.0% del total, una de las más bajas en los últimos años.

Mientras, el empleo informal registró un ligero repunte, en el primer trimestre de 2019 la tasa de informalidad laboral fue de 50.0 por ciento.

Otro dato: con la reforma fiscal de 2013, la Ciudad de México, el mayor mercado del país, de ser la entidad con mayores recursos participables del IEPS, pasó a la cuarta posición. En los primeros 11 meses de las dos administraciones, los recursos recibidos se desplomaron 68.6%, en términos reales. 

Con todo y la desaceleración económica, las ventas al consumidor en los primeros 10 meses de la presente administración aumentaron 2.7% a nivel nacional; sin embargo en la Ciudad de México disminuyeron 1.0%, situación adversa a lo registrado en el arranque de la administración pasada.

Pero el punto más sensible se ubica en la industria de la construcción en la Ciudad de México, sufrió los efectos de la desaceleración y del burocratismo, en los primeros 10 meses del gobierno de Sheinbaum el valor de la misma se desplomó 13.1%, en términos reales. 

Esta industria se colapsó en la capital del país y así, el personal ocupado llegó a un nuevo mínimo histórico con poco más de 64 mil 400 trabajadores, casi la mitad de lo registrado hace siete años. 

¿Quién es quién al gobernar la CDMX?

Para la realización de los siguientes gráficos, ejecentral tomó en cuenta los números del SESNSP y el Conapo correspondientes a los primeros 11 meses de cada gobierno capitalino. De nueve delitos tomados en cuenta, cinco crecieron en mayor medida durante el arranque de la gestión de Sheinbaum.

Economía pasmada

Al igual que ocurre en el contexto nacional, la economía de la Ciudad de México atraviesa por un periodo de estancamiento. Si bien el gobierno de Claudia Sheinbaum ha detenido una caída en la llegada de Inversión Extranjera Directa (IED) que se venía presentando desde la década de los 90, otros rubros han tenido comportamientos negativos. Destaca la disminución de recursos recibidos por participación del IPES, el desplome del comercio

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