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Martes 24 de enero, 2017 | 5:21 pm

Contra la anarquía fiscal en 1926

David Colmenares | Lunes 12 de diciembre, 2016

SIGNOS Y SEÑALES | La columna de David Colmenares

Revisaba algunos documentos de trabajo, encontré entre mis archivos la Memoria de la Primera Convención Nacional Fiscal de 1926, posteriormente se realizaron otras dos, hasta llegar en 2004 a la primera Convención de las Haciendas Públicas o Hacendaria, con resultados realmente importantes y muchos de ellos en la Agenda pendiente para fortalecer el federalismo fiscal, más allá del dicho, al hecho. Pero se trata de una evolución y debemos repasarlos para encontrar que muchos de nuestros problemas actuales se pueden corregir y aprovechar la inteligencia de los pioneros del federalismo fiscal mexicano.
En ese momento, el Presidente de la República era Plutarco Elías Calles y su Secretario de Haciendo Alberto J: Pani. 
Vienen las discusiones de la Convención y sus resultados, sobre temas como la concurrencia fiscal y el plan nacional de arbitrios.
La mesa directiva de la Convención, que se inició el 10 de agosto de 1925. La Mesa Directiva quedó integrada por Fernando de la Fuente, Manuel Gómez Morín y como secretarios José Vázquez Santaella y Bernardo Iturriaga.
No tiene desperdicio lo que Alberto J. Pani, escribió el 25 de julio de 1925, sobre la necesidad de corregir y encontrar soluciones a los problemas naturales de un sistema fiscal nacional que estaba en formación.
Dijo Pani que, “como no hay acuerdo entre los Estados y la Federación, a menudo acontece que las leyes de impuestos son contradictorias, concurren sobre una misma fuente recargándola extraordinariamente y dejan libres de gravamen otras fuentes.
No hay en suma ningún elemento técnico ni moral que oriente o coordine las legislaciones de impuestos en la República: la concurrencia entre los poderes locales y el poder federal, aumenta la carga de las obligaciones fiscales sobre el contribuyente y hace crecer también la carga improductiva pura del fisco.
La multiplicidad y la inestabilidad de las leyes fiscales, la duplicación constante de los gravámenes, las complejidad de disposiciones y de oficinas y de autoridades introducen la anarquía fiscal, rompen la unidad económica de la República, agotan la renta de la mayoría y cierran el paso a toda posibilidad de desarrollo económico y bienestar.
Si a estas consideraciones se agregan las innumerables corruptelas, muchas de ellas consagradas por las mismas leyes, de mas de treinta administraciones fiscales, distintas, complicadas, costosas, lentas, ineficaces cuando no inmorales. Si se añaden los múltiples procedimientos, que nacidos de la complicación misma del régimen fiscal,  se ponen en juego para burlar la acción del Fisco, haciendo recaer el peso del impuesto sobre unos cuantos. Si por último, se considera la situación económica interior e internacional de México, resulta patente la necesidad de acudir con urgencia a estudiar técnicamente nuestro sistema de tributación, a precisar sus más graves defectos y: corregirlos con decisión, sin vacilar por consideraciones ocasionales, secundarias ante la magnitud de nuestro problema económico”.
 
Es indispensables, continúa Pani, “ proceder desde luego a delimitar las competencias económicas locales y de concurrencia federal en materia de impuestos, así como a determinar un plan nacional de arbitrios…así como la creación de un órgano permanente que se ocupe de estudiar las necesidades y las circunstancias siempre cambiantes de la economía nacional”.