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Redacción ejecentral

El martes pasado se dio la fiesta anual en el periódico Reforma, donde se juntan el aniversario del diario (20 de noviembre) y la celebración de fin de año. En la mañana el fundador y presidente, Alejandro Junco de la Vega, anunció lo que ya se esperaba, que dejaba toda la operación del grupo a su hijo, Alejandro Junco Elizondo, y que dejaba su cargo como responsable total de Reforma, Lázaro Ríos, quien hace tiempo deseaba ese retiro, en parte porque su salud no ha sido buena. En el anuncio apareció con ellos el director del Instituto Mexicano para la Competitividad, Juan Pardinas, y no pocos se preguntaron por qué. Horas después se enterarían. Pardinas remplazaría a Ríos, lo que desató especulaciones por todos lados. Pardinas era la pluma más crítica y contestaria del presidente Andrés Manuel López Obrador, lo que fue interpretado como un mensaje político para el nuevo gobierno. Pero, dicen los que saben, también económico. Pardinas es la cabeza visible de un amplio enjambre de intereses económicos que llegó a Reforma en el momento que sufre una profunda crisis económica. ¿Quid pro quo? Publicidad privada a cambio de uno de los suyos al frente. Nadie dice que sí, pero tampoco que no.

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