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Juan Pablo de Leo

La orden de terminar con el Acuerdo Transpacífico y ahora con el programa de dreamers demuestran la indecisión de Trump respecto a qué hacer con TLCAN, pues de haber querido, ya lo hubiera cancelado

Entre la amenaza de terminar con el Tratado de Libre Comercio, de construir el “muro” en la frontera y de acabar el programa DACA de los dreamers, Trump, dirían algunos, trae a pan y agua a México en las últimas semanas. Y es que aunque nuestro país siempre ha sido la piñata favorita de Trump cuando de temas populistas se trata, nunca se había encontrado bajo amenazas reales que pueden cambiar el rumbo por completo, no sólo de la relación bilateral: deportar a 800 mil jóvenes mexico-americanos que pertenecen al programa DACA, la obtención bajo amenaza y secuestro del presupuesto de mil 200 millones de dólares para reforzar la seguridad en la frontera o lo que él llama un muro o la cancelación de un acuerdo comercial que intercambia dos mil 600 millones de dólares por día.

Apenas el martes, Jeff Sessions anunció que el programa creado durante la administración de Barack Obama, DACA (Acción diferida para los arribos durante la niñez) será rescindido, dejando a casi un millón de jóvenes que no conocen otro país en un limbo legal y sin estatus claro, y dejando al gobierno mexicano en una gran disyuntiva sobre qué hacer con estos jóvenes que probablemente sean deportados del país al que llegaron de pequeños. El movimiento es, sin duda, una afrenta más a México en el entendido de que en su mayoría son de nacionalidad mexicana y lo aprovecha como un movimiento que apela también directamente a su base y cumple con una promesa de campaña.

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Origen. La mayoría de los dreamers (80% de ellos mexicanos) radican en California y Texas.

El Congreso estadunidense tiene la pelota en su cancha. Una cancha saturada de temas y que expondrá al Partido Republicano a nivel electoral como quizá ningún otro tema los ha amenazado, pues corren el riesgo de convertirse en los defensores de una presidencia que busca el blanqueamiento de la sociedad con una base profundamente racista, violenta e ignorante.

Parte del planteamiento de ilegalidad que ha hecho la administración Trump a través de Sessions en el Departamento de Justicia de la orden ejecutiva planteada por Obama durante la reelección del 2012, tiene que ver con la demanda que 10 estados amenazaron poner contra Trump por la amnistía ilegal que alegan contra la acción diferida. Por más cruel que pueda parecer la decisión, no ha llegado el día en el que el Congreso republicano le ponga cara al presidente Trump y desafíe una orden como esas, y menos aún con la agenda tan saturada para los próximos meses: el presupuesto entre ellos, en el que se libra otra batalla de interés para México.

Fuentes republicanas del Senado dijeron al medio Político en Estados Unidos que están dispuestas a hacer la ley el programa DACA, salvándose así de la muerte a la que lo ha condenado Trump, pero sólo a cambio del financiamiento inicial en 2018 para el muro fronterizo.

El programa DACA podría ser ley a través de la Ley de Soñadores que cuenta con el apoyo bipartidista del Congreso. En julio, la Cámara aprobó 1.6 mil millones de dólares en gastos para mejorar y expandir el muro en la frontera entre Estados Unidos y México en el presupuesto de 2018. De esos, exactamente 38 millones serían reservados para la futura planificación del muro. Nada de eso tiene sentido con la promesa real de un muro de concreto de 10 metros de alto que recuerde aquel de Berlín, sino que es dinero para planificación, es decir, más show.

Cancelar el DACA puede ser una advertencia para México respecto a la renegociación del TLCAN, pero también pueden ser buenas noticias disfrazadas. El hecho de que Trump haya jalado el gatillo al programa DACA durante la renegociación del TLCAN es un mensaje de que no bromea en cuanto a la posibilidad de salirse o levantarse de la mesa, aunque en realidad entienda que los intereses y la economía son demasiado grandes como para salirse así como así.

Con DACA no es igual, pues a pesar de que puede tener un costo político muy alto, le sirve para cimentar la base electoral que tanto busca. Puede ser dañino para los republicanos, pero bueno para sus planes electorales.

La fotografía de Enrique Peña Nieto estrechando la mano de Xi Jinping aparecía en todas las portadas del día a la par de los titulares que advertían del anuncio que por la mañana daría Sessions respecto al futuro de los dreamers y el programa DACA en Estados Unidos.

Unas horas antes del anuncio, los noticieros en México mostraban la fotografía de Peña Nieto estrechando, ahora, la mano de Vladimir Putin. Minutos después, Sessions echaba para atrás el permiso para que jóvenes, en su mayoría mexicanos, regresaran al país del que su papás los sacaron cuando apenas eran unos niños, responsabilizando de un día para otro al gobierno mexicano de los mismos.

Aunque el TLCAN se encuentra más seguro que el DACA y la construcción del muro fronterizo, la negociación no será nada fácil en el contexto en el que se da; pues las acciones de Donald Trump para avanzar su agenda van en detrimento directo de nuestro país.

La orden de terminar primero con TPP y ahora con el DACA, demuestran la indecisión de Trump respecto a qué hacer con TLCAN, pues de haber querido, ya lo hubiera cancelado. Las acciones y las amenazas por Twitter así lo confirman, pues Trump es un presidente que no tiene problema con acabar de tajo y destruir todo lo que pueda hacer de un plumazo.

Por lo pronto, lo de ahora son balazos fallidos intencionalmente para demostrar que no tiene problema en dispararle a temas con los que no puede acabar de tajo, pero de los que sí tiene que entregar resultados radicales a su base como parte de las promesas que ha hecho.

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