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Juan Pablo de Leo

La guerra comercial del presidente Donald Trump con China crece conforme pasan los días en un juego de chicken en el que los chinos y Trump se encuentran en caminos de choque frontal sin que ningún jugador presente muestras de dar su brazo a torcer. Esta misma semana el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, anunció que Trump impondrá aranceles de 25% sobre productos chinos por un valor de 16 mil millones de dólares. Las tarifas afectarán a múltiples industrias y se destinarán a alrededor de 280 productos electrónicos, plásticos y químicos, así como motocicletas y vagones de ferrocarril.

Desde junio, Trump ha ido aumentando su discurso comercial contra de China; el actual enemigo de su administración. Desde entonces, Trump ya venía con amenazas de que colocaría aranceles sobre 50 mil millones en bienes chinos.

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La primera ronda de aranceles, que tenía un valor de 34 mil millones de dólares en productos chinos entró en vigencia el 6 de julio. En consecuencia a los ataques de Trump, China dijo que impondría sus propios aranceles sobre 60 mil millones de dólares en productos estadounidenses, aunque no está claro en qué momento avanzará Pekín oficialmente con su plan.  

El anuncio del gobierno de Trump sólo es el último golpe en lo que el Ministerio de Comercio chino calificó en julio como la mayor guerra comercial en la historia económica hasta ahora. La razón declarada por el presidente para hacer todo esto es reducir el déficit comercial de Estados Unidos de aproximadamente 300 mil millones con China. Para Trump, las cifras son fundamentales para jugar a su base electoral y entregar triunfos mediáticos tras batallas públicas y tuiteras para extender el tema a las noticias y al contexto electoral que se acerca a casi 90 días. 

Desde marzo, Trump comenzó la disputa comercial al amenazar con imponer aranceles a China, pues afirmó que el país asiático obliga a las empresas estadounidenses a revelar secretos tecnológicos de Estados Unidos con la intención de robarse la propiedad intelectual y la tecnología, si es que su agenda marca hacer negocios con o en el país. En este punto no está claro cómo cualquiera de las partes dará un paso atrás desde el borde de la guerra comercial que están negociando. Mientras tanto y por lo pronto, Trump presume a los cuatro vientos el hecho de que “Estados Unidos va ganando”. 

Como respuesta a las tarifas de Trump, un periódico dirigido por un estado chino criticó los aranceles del presidente Trump. El editorial oficial de China Daily respondió al tuit de Trump citando caídas en las acciones de China como muestra de que los aranceles están funcionando mucho mejor de lo que nadie había anticipado y calificó la creencia de ilusión. El periódico argumentó que los aranceles no eran efectivos, y señaló que el mercado bursátil chino había estado sufriendo antes de los aranceles y que el déficit comercial de Estados Unidos había aumentado en tres mil millones de dólares en junio.

La editorial marca un cambio en la respuesta oficial de China a los aranceles de Trump: un aviso propagandístico filtrado del mes pasado instó a los medios a no informar sobre los comentarios de Trump y a no hacer de esto una guerra de insultos. Estados Unidos y China han participado en una escalada de la guerra comercial en los últimos meses. Cada país ha impuesto aranceles sobre miles de millones de productos del otro; a nivel comercial ni Trump ni Xi Jinping se han lanzado a la yugular.

Para Trump, las consecuencias de la guerra comercial son de claroscuros. Por una parte, ha recibido el apoyo de la mayoría de su partido: los republicanos. Por otra, la presión que industrias como las de tecnología pueden comenzar a minar su control en la escalada de tarifas. Las tarifas comenzaron en marzo con acero y aluminio; China tomó represalias con el mismo monto en dólares. Si Trump sube a 200 mil millones de dólares en septiembre con la escalada como lo tiene prometido, China ya no podría tomar represalias en especie. De acuerdo con firmas de inteligencia de negocios, la cifra de 60 mil millones de dólares de China alcanza 56% de las exportaciones estadounidenses, incluyendo 85% de toda la maquinaria eléctrica y 75% de la electrónica. Eso sin contar 50 mil millones que alcanzaron con los aranceles en julio.

›En ese sentido, la guerra comercial de China afectará virtualmente a todas las importaciones de bienes de Estados Unidos, pero también se extenderá a servicios como reducciones en el número de estudiantes, turistas y movimientos regulatorios contra firmas que operan en China, una de ellas, la estrella del capitalismo estadounidense: Apple, que alcanzó la cotización más alta en el mercado y que ha sido consciente de las amenazas sobre posibles acciones en su contra, entendiendo la dependencia de las compañías de Estados Unidos del mercado y mano de obra chino. 

A nivel tecnológico, México podría ser un ganador colateral en el esquema de la guerra que mantienen Trump y Jinping. El acercamiento del gobierno chino con el equipo de transición de Andrés Manuel López Obrador ocurre justo en medio de la guerra comercial de la cual México se puede beneficiar ayudando, incluso, a Estados Unidos y sin querer. Con la negociación del Tratado de Libre Comercio, México y Canadá son los únicos cerca de estar en buenos términos con el gobierno de Trump, al menos en ese tema.

En tanto que sea cierto que el mercado bursátil chino ha recibido más golpes que el estadounidense, Trump parece pensar que Estados Unidos puede soportar el dolor más tiempo que China y apretando los tornillos llevará a Pekín a la mesa de negociaciones. Sin embargo, hay quien piensa que eso refleja poca comprensión de la mentalidad china o de la fortaleza subyacente de la economía china que, aunque más débil que hace un año, sigue creciendo casi dos veces más rápido que la estadounidense.

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